El cabello como manifestación de poder, diversión y belleza

Marc Giró

La princesa Grace de Mónaco en el baile de la Cruz Roja, agosto de 1968

Peinarse o no peinarse.

Fue una de las víctimas del glamour desbocado impuesto por el genio de Alexandre de París, sin duda, el peluquero de las estrellas, cuando todavía había firmamento sobre nuestras cabezas y postizos en las suyas. Su chorro de laca seguro que colaboró a agrandar el agujero de la capa de ozono por el que, finalmente, es evidente que todos desapareceremos. Solo si eres muy reina o muy pija tienes tiempo de que te coloquen (y después del baile te retiren) este tipo de floritura capilar, porque si, como nosotras, eres una asalariada, con una coleta vas que ardes. Peinarse o no peinarse, no se engañen, también es una cuestión de clase.

Etiquetas: feminismo, melena

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