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Se dio a conocer como icono sexual. Luego demostró sus cualidades como actriz. Ahora busca la estabilidad espiritual mientras protagoniza su primera película por y para mujeres. Cada vez que pronuncio el nombre de Eva Mendes delante de un hombre, inmediatamente se le dibuja una sonrisita tonta en la cara. Apuesto a que está fantaseando con la actriz más sexy del mundo: Eva cortándole el césped o Eva fileteando brócoli en la encimera de la cocina de su casa... Sin embargo, cuando la menciono en medio de un conversación con una mujer, en todos y cada uno de los casos repiten esta frase: «Es guapísima». Efectivamente, Eva Mendes, de 33 años, es increíblemente bella: lo está en el anuncio de Revlon, en la campaña del nuevo perfume de Calvin Klein, «Secret Obsession», o en la de la colección Underwear de la misma firma. Y, por supuesto, es la novia guapa del protagonista de todas sus películas, pensadas por y para un público masculino consumidor de palomitas, con todo lo que esto implica. Basta con repasar su filmografía: «2 Fast 2 Furious», «Training Day», «El mexicano», «Ghost Rider»... Y, sin embargo, si éste es el camino escogido por Eva, estamos a punto de verlo cambiar.Me encuentro con ella en la terraza de un café al aire libre en Hollywood. Una pequeña sombrilla y seis cipreses la protegen del sol. Está sentada con las piernas cruzadas y la espalda muy recta. Parece a punto de recitar un mantra de yoga. Su vestido destila sofisticación, una mezcla perfecta entre lo natural y lo chic: lino blanco con bordados arabescos color vino. Su bolso, de Missoni, es casi tan grande como una bolsa de viaje y lleva unas maxigafas para proteger sus ojos de «la alergia a las gramíneas», comenta mientras juega con su pelo insistentemente. Eva Mendes se pide el primero de los tres cafés exprés con triple carga que se tomará durante nuestra charla. «Es que los cubanos no tomamos café normal. Bebemos petróleo», aclara. Pero volvamos al giro que está a punto de dar su carrera. Su último proyecto, «The Women» («Las mujeres») es su primera película con un reparto exclusivamente femenino. Interpreta a una ladrona de maridos que trabaja en la sección de perfumería de Saks. Le ha tocado el papel de mala en un casting que abruma: Annette Benning, Meg Ryan, Jada Pinkett Smith y Debra Messing. La película, dirigida por Diane English, creadora de la mítica serie «Murphy Brown», está basada en el clásico que firmó George Cukor en 1939. «No hay hombres», comenta Eva, casi orgullosa, mientras da un mordisco a un muffin de arándanos que acaba de pedir. «Es curioso, cuando trabajo con chicos voy en vaqueros. Pero el año pasado, cuando ensayábamos la película en la casa que Diane English tiene en Martha's Vineyard, me sorprendí a mí misma pendiente de la ropa que llevaba. Todas las mañanas me despertaba pensando: "Hoy voy a ver a Annette (Benning), tengo que asegurarme de que piense que estoy guapa".» Vuelve a introducir una miga de magdalena entre sus gruesos y asimétricos labios y toma un sorbo de café. «Puedo parecer una frívola, pero la coquetería es un asunto que no tiene edad ni época ni entiende de razas. Sólo incumbe a las mujeres. No entiendo a aquellas a las que no les gusta estar rodeada de sus iguales -dice-. ¿Preferirían pasarse la vida entre hombres? ¿Creen que eso sería más fácil? Pues no lo es.» Eva Mendes ha encontrado un verdadero modelo en su compañera de reparto. «Annette tiene gusto y clase -afirma-. Me recuerda a esas mujeres de los años cuarenta y cincuenta. Es una dama, como Ava Gadner, Bette Davis o Katharine Hepburn. Hablaban claro: no tenían miedo de decir ¡joder! cuando era necesario, pero nunca perdían la elegancia. Annette es así, y yo me esfuerzo por ser como ella, por tenerfeminidad y mantenerme firme al mismo tiempo. Quiero jugar al juego de Hollywood, pero no ser arrasada.» Otra cosa que admira de Benning es su capacidad para mantener su vida privada exactamente así: privada. Eva Mendes quiere que todos conozcamos su trabajo como actriz, pero cree que no necesitamos saber dónde vive o cuánto tiempo lleva con su novio, el productor George Augusto. Para ella es una cuestión moral y, según su punto de vista, una astuta estrategia profesional. «Piensa lo que ha hecho la cultura de las celebrities con las estrellas de cine», dice y agrega: «Las ha condenado a la extinción. Antes, los actores eran un buen motivo para ir al cine, porque la gente no tenía otro sitio para verlos. Era el único lugar donde podían hacerlo. Ahora ya no hay ese misterio, así que hay una razón menos por la que comprar una entrada de cine». Pero Eva Mendes no lo esconde todo. Es la menor de cuatro hermanos de lo que ella define como «una larga, vieja, ruidosa y detestable familia cubana». Creció en el vecindario Silver Lake de Los Ángeles antes de que se convirtiera en un hervidero de hiphoperos. Su familia, de clase obrera, era ecologista antes de tiempo: «Fui criada por unos padres que no tenían mucho -cuenta-. Tratábamos de gastar poco papel higiénico, repartiéndolo o usando toallas. Mi madre ni siquiera nos dejaba que tirásemos continuamente de la cadena». Mientras estudiaba en Northridge, la Universidad Estatal de California, Eva Mendes probó suerte con su primer personaje en el cine: una película de terror en la que no salía muy bien parada. «Me di cuenta de que era una actriz horrible, y eso me hizo pensar que estaba ante el desafío adecuado para luchar. Pensé que realmente podría conseguirlo.» Así que contrató a la coach Ivana Chubbuck, a quien aún hoy considera su mentora, y pasó de cantar a gritos canciones agrarias a actuar junto con Denzel Washington en la película «Training Day». Eva Mendes conserva la misma pareja desde hace mucho, mucho tiempo (teniendo en cuenta los parámetros hollywoodienses, es increíblemente fiel). Posee un pastor belga malinois de 30 kilos llamado «Hugo» y nacido en Bélgica, por lo que sólo obedece órdenes en francés, algo que ella considera adorable a la par que pretencioso. Eva Mendes llama «Sr. Clooney» a George Clooney, como si fuera el presidente de una compañía -«lo necesito como cineasta y como persona»- y sueña con la idea de compartir cartel con él. Lee a Philiph Roth, pero también tiene un libro de autoayuda en su mesilla de noche. Es crítica consigo misma y se esfuerza por mejorar; cree que sus ojos son demasiado pequeños y su boca demasiado grande y, para ella, su mayor defecto es ser «demasiado sensible». También acude al terapeuta una vez a la semana. Eva Mendes medita, pero no compartesu mantra. Prefiere el término «creador» al de «Dios», aunque confiesa seguir buscándolo. Cuando le pregunto si esta búsqueda tiene que ver con su rehabilitación después de una temporada de drogas y alcohol el pasado invierno, ella me mira como si hubiera atropellado a un conejo o hubiera golpeado a su madre: «No pienso confirmarlo ni negarlo». Intento otro camino: «¿Qué hay de cierto en las noticias que aseguran que no te internaste en Cirque Lodge Utah (centro de rehabilitación que frecuentan las estrellas de Hollywood) para iniciar tu propia recuperación, sino para conocer la vida de los adictos a las drogas y preparar así tu personaje de "La reina del sur"?». «Tampoco voy a hablar sobre eso -zanja-. Mi madre siempre me dice: "Manténles con la duda, nena". Y me encanta.» Eva Mendes me pregunta si quiero acompañarla a comprar juguetes para su perro. Al otro lado del centro comercial, en Tailwaggers, le compra a «Hugo» una pelota amarilla, unas pesas con pinchos y una bolsa de golosinas para sus dientes. Antes de salir, se agacha para saludar a un minúsculo terrier, después de sacar las llaves de su bolso. Tanto el perro como su «madre» miran asombrados el llavero de la actriz, de donde cuelgan unas diez tarjetas plásticas de brillantes colores. Eva Mendes no da explicaciones sobre su llavero. Después de algunas súplicas, me confiesa que cada tarjeta guarda un aforismo, algo que le otorga equilibrio y le permite centrarse en su búsqueda diaria, una afirmación que cruza la delgada línea entre la autoayuda y los libros de «Cambie su vida en diez pasos». Accede a leerme uno de los aforismos en voz alta. «Me estás avergonzando», señala mientras se da la vuelta y repite su mantra mirando al cielo: «¿Qué tengo que elegir hoy para tener un buen día?». Se encoge de hombros: «Supongo que soy una auténtica gilipollas». A continuación, para disculparse por su resistencia a mi invasión de su vida privada, me dice que soy genial, trata de abrazarme, y se va antes de permitirse decir algo más que me pueda servir para redactar un titular sensacionalista de los que, en el fondo, ella misma admira. LA MODELO CENSURADA La campaña de la fragancia «Secret Obsession», de Calvin Klein, que protagoniza Eva Mendes, sólo dura 34 segundos, pero la imagen de la actriz latina en actitud sensual entre marie-claire.es 16/12/2008
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