Mucho 'candy': la tendencia entre la ñoñería y lo retro

Marc Giró
Mucho candy, entre la ñoñería y lo 'retro'

Es lo contrario exactamente de la tendencia ejecutiva o sastre y está en las antípodas de todo lo que remite a lo deportivo (sporty) o a lo casual. La tendencia Candy Candy aúpa a una mujer infantilizada, o sea poco adulta y muy niña, y por eso podríamos hablar de mujercita en lugar de hacerlo de mujer-mujer. Ni rastro tampoco de femme fatale. Ni monja, ni pendón. Es la fiesta descontrolada de lo que algunos llaman feminidad. Una feminidad pasada de vueltas y retro, pero feminidad al fin y al cabo. Volantes, lazadas, seda vaporosa, gasa estampada, flores por doquier, mucho frufrú... Transparencias paradójicamente recatadas, mucho color rosa, tonos pastel y un punto indefectiblemente historicista que remite a lo eduardiano, a la estética romántica y a lo folk, pero también a los años 40 reinterpretados en la década de los 70 por Ossie Clark o Biba e Yves Saint Laurent (siempre Saint Laurent), así como a los 80, excesivos y desprejuiciados.

Los adjetivos que vienen a la cabeza al ver este escuadrón de valquirias glasé son pizpireta, modosa e incluso ñoña. Sin embargo, la sensación que tienes mientras avanzan hacia ti, todas juntas y a paso firme, no es la misma que la ternura que algunos sienten al ver a un cachorro de perro, con esa carita tan mona que te invita al achuchón. Pese a su aparente fragilidad e inocencia, algo tiembla detrás de estos ramilletes de flores silvestres, un viento oscuro agita estos volantes. Quizá sea la fuerza de la ironía con la que los diseñadores se acercan al mohín de Diana de Gales al principio de su carrera regia; o a los dibujos animados japoneses de Candy Candy (gloria y entretenimiento de niñas y gays en ciernes a principio también de los 80 ¡ay los 80!) o a esa mujer hecha a sí misma que es, en el fondo, Anne Schlrey, mito fundacional de la juventud canadiense.

Esta tendencia está entre las novelas kitsch y superventas del personaje que interpretaba Candice Bergen en Ricas y famosas (1981), de George Cukor, y esas muñecas que se llamaban Laura inspirada en la protagonista de La casa de la Pradera (1974-1983); entre el vestuario a base de mangas de farol de Krystle (Linda Evans), la angelical señora Carrington, en la serie Dinastía (1981-1989) y La Familia Corazón e incluso la Sunshine Family. ¿Recuerdas cuando las mujeres estaban obligadas a vestir para que a todo el mundo le quedara claro que eran ángeles del hogar, hacendosas, piadosas y buenas madres? ¿Te acuerdas cuando las mujeres eran sujetos pasivos y domésticos? Que haya aquí mucho de delantal convertido en vestido no es casualidad, al igual que no lo es que parezcan vestidos de niña ¿Por qué persiste esta tendencia? Posiblemente porque quien tuvo retuvo y porque todavía, y desafortunadamente, muchas mujeres deben seguir vistiendo literalmente de mujer modosa, para que nadie se sienta amenazado. Y a eso se le llama disfraz. Pero podría muy bien ser también que estemos delante de una interpretación cachonda y enloquecida de un tipo de feminidad, muy a pesar de Melania Trump, claramente en retroceso.

Sonia Rykiel

Modosa pero folk, de Sonia Rykiel.

Etiquetas: looks de moda, moda otoño-invierno

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