Gianfranco Ferré

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El sobrenombre de Gianfranco Ferré, el arquitecto de la moda, no se le impuso de una manera casual a este creador italiano. Este creador, que nació en Legnano (Italia) en 1944 y falleció en junio de 2007, completó su carrera de Arquitectura en la Universidad de Milán antes de dedicarse al negocio que le haría célebre: la moda.

¿Cuál era su verdadera pasión, la moda o la arquitectura? Obviamente fue el mundo de la moda el que finalmente le terminaría de seducir, pero aplicó sus conocimientos arquitectónicos a todas y cada una de sus creaciones, dando lugar a un estilo único y muy reconocible. Ferré terminó su carrera en 1969, pero en 1970 ya comenzó a diseñar accesorios para, en 1974, inaugurar su primera empresa propia que recibió el nombre de Baila-Label. Cuatro años después lanzaba por fin una colección completa para mujer, en 1982 la de hombre para por fin embarcarse en 1986 en el suntuoso mundo de la alta costura.

Sin embargo, el destino de Gianfranco Ferré no estaría unido únicamente a su propio nombre sino que también al de una de las casas de moda con más solera y más influyentes de todos los tiempos, Dior. En unos momentos en los que la casa francesa no atravesaba su mejor momento, con Marc Bohan a la cabeza, los directivos de LVMH decidieron llamar a Ferré como nuevo Director Creativo. Corría el año 1989 y era el momento de resucitar el espíritu glamouroso y femenino de una casa que vivió días gloriosos dos décadas antes.

Gianfranco Ferré, el arquitecto de las pasarelasResulta llamativo que recurrieran a Gianfranco Ferré para renovar Dior, ya que este creador era toda una rara avis dentro del mundo de la moda. La influencia arquitectónica que tanto caracterizó su obra desde los comienzos le proporcionó un estilo sobrio y accesible para las mujeres que iban a entrar en la década de los 80. Alejado de excentricidades, buscaba prendas funcionales y elegantes, poniendo especial énfasis en utilizar los mejores tejidos con colores naturales poco estridentes. Mientras que otros modistos de su época especialmente llamativos (Armani, Versace, el mismo Valentino) dentro y fuera de la pasarela, Ferré tenía en la discreción su mejor arma y su forma de diferenciarse con sus compañeros de profesión. Sin embargo, no todo era sencillez en sus colecciones; su pasión por Oriente se dejaba sentir en sus colecciones mediante el uso de sedas brillantes y de magníficas caídas, lujosos terciopelos y hasta piedras preciosas. Y es que todo maestro tiene su pequeña debilidad?.

En 2002 Gianfranco Ferré vendió su firma a Tonino Perna, aunque continuaba dirigiendo el estilo de las líneas de la firma desde la sombra. Desde esta primavera-verano 2008 son los italianos Tommaso Aquilano y Roberto Rimondi quienes se encargan de la dirección creativa en sustitución de Lars Nilsson. Ahora la casa Ferré empieza una nueva época que recupera el antiguo esplendor, incorporando una nueva creatividad más joven y llena de ilusión. Habrá que esperar a la temporada próxima para ver su debut, pero estamos seguras de que todas las expectativas puestas en sus compatriotas se verán superadas, conociendo el buen trabajo que ambos creadores han desarrollado en su anterior firma, 6267.

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