Givenchy

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Givenchy
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Estamos ante una de las escasas leyendas vivas de la moda de todos los tiempos, una figura sin la cual grandes iconos de estilo como Audrey Hepburn o Jackie Kennedy nunca hubieran llegado a serlo y con un inmenso legado que llega a nuestros días. Hablamos de Hubert de Givenchy, hoy ya retirado pero una figura sobre la cual hay mucho que decir.

Hubert de Givenchy nació en Beauvais, Francia, en 1927 en el seno de una rica familia de orígenes aristocráticos. No en vano, su padre era Marques de Givenchy, aunque el diseñador no heredó el título al no ser el hermano mayor. Estudió Bellas Artes en París y su primer trabajo en la industria de la moda lo obtuvo gracias a Jacques Fath, aunque su pasión por esta profesión le venía de familia. Su abuela Marguerite fue Directora Artística de las fábricas de tapices de Beauvais, el mismo lugar en el que su bisabuela también diseñó algunas piezas que después de expondrían en el Palacio del Elíseo.

Era 1945 cuando el joven Givenchy comenzaba su andadura con Farth, considerado uno de los grandes creadores de la postguerra junto con Christian Dior y Pierre Balmain, con quienes también trabajó. En sus primeras experiencias también pasó unos años al lado de la revolucionara Elsa Schiaparelli hasta que en 1952 inauguró la Maison Givenchy. Con Cristóbal Balenciaga como mentor (siempre se le ha considerado su más digno sucesor), su primer atelier en la Avenida George V de París comenzaba a ser frecuentada por las damas más elegantes de la ciudad. Su estilo recogía las influencias de sus maestros, comenzando por la feminidad de Dior, la fantasía de Schiaparelli o el espíritu chic de Fath, unidos a la propia clase y refinamiento que él aportaba.

No podemos hablar de la historia de Givenchy sin detenernos más en las dos mujeres que más le influyeron y en quienes, a su vez, más influyó él mismo. Nos referimos a Audrey Hepburn y a Jackie Kennedy, con quienes mantuvo una estrecha relación personal y laboral y que representan a la perfección el estilo de la casa. Durante la década de los 50 y los 60, ambas fueron musas y embajadoras de sus creaciones en todo el mundo, y eran frecuentes las imágenes de la Hepburn paseando con Givenchy... en persona y en forma de vestido a la vez. La popularidad de Hubert de Givenchy creció cuando a partir de 1953 comenzó a amueblar las mansiones de estrellas hollywoodienses, algo que llamó la atención sobre sus creaciones. El culmen llegaría en 1963 por un motivo mucho más triste; durante el funeral de John F. Kennedy, las mujeres de la familia iban al completo vestidas de Givenchy. Grace de Mónaco también fue una gran admiradora de este diseñador, y lucía sus vestidos muy a menudo.

En 1988 Givenchy vendía su empresa al gigante LVMH, aunque se mantendría activo hasta 1995. En ese momento le sucedió John Galliano en la dirección artística de la casa, aunque pronto la abandonaría para hacerse cargo de Dior. Otro británico recogía el testigo de Galliano, Alexander McQueen, que se mantendría al cargo hasta que en 2001 fuera elegido Julien McDonald como Director Artístico de las líneas femeninas. El último cambio llegó en 2005 cuando Riccardo Tisci alcanzó la jefatura del Prêt à Porter y la Haute Couture, revitalizándolos y volvéndolos a poner de actualidad en las más lujosas alfombras rojas y vistiendo a las celebrities más importantes. La última, Madonna, que luce trajes exclusivos de la firma en su gira Sticky & Sweet Tour.

Hoy, Givenchy es un gran grupo internacional de moda y cosmética para hombre y mujer que sabe recoger su herencia de elegancia y estilo chic, uniéndola a las influencias de sus nuevos compradores del siglo XXI. En 1996 veía la luz su línea masculina de textil, que se relanzó en 2005 con dos diseñadores y patronistas nuevos.

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