Lily Donaldson

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Lily Donaldson
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Tiene las facciones más delicadas de la pasarela, la mirada más magnética, una melena dorada que es pura sensualidad y unas piernas infinitas dignas de fascinación que corresponden a unos imponentes 178 centímetros de altura. Lily Donaldson (Londres, 1987), una belleza británica de rasgos aniñados y medidas perfectas, ha conquistado al planeta fashion con su imagen fresca, supersaludable e inocente, pero tremendamente sexy.

Su historia se parece a la de muchas otras tops tocadas por la varita mágica del azar, aunque un físico tan privilegiado es imposible que fuese pasado por alto y estaba destinado a triunfar.

El caso es que Lily fue descubierta por un cazalentos cuando tan sólo tenía 16 años y estaba de compras con unas amigas en Candem Market. «Me pilló totalmente por sorpresa, no me lo creía», asegura la top, que curiosamente es hija de Matthew Donaldson, un fotógrafo profesional. «Nunca había pensado en ser modelo. Estaba planeando ir a la escuela de arte, ¡imagínate! Pero estoy muy feliz de que las cosas ocurrieran así. Gracias a mi trabajo he tenido experiencias increíbles y he conocido a una gente alucinante.»

A partir de aquella genial casualidad, todo ha sido gloria para la londinense. Con 17 años
debutó en una prestigiosa revista de moda inglesa ante el objetivo del célebre Mario
Testino (también galardonado con el Prix de la Moda Marie Claire al Mejor Fotógrafo en esta séptima edición). Ha desfilado para las mejores firmas -Chanel, Yves Saint Laurent, Valentino, Louis Vuitton, Givenchy...-, protagonizado las campañas publicitarias más mediáticas -Dior, Burberry, Gucci, Dolce & Gabbana, H&M...- y copado las portadas de las publicaciones de moda más reconocidas. Sin olvidar que también ha posado para los mejores fotógrafos del mundo, incluyendo a Steven Meisel, Patrick Demarchelier, Terry Richardson y Steven Klein.

Y así esta chica de los alrededores de Londres dejó Inglaterra para instalarse en un apartamento chic de dos habitaciones del East Village neoyorquino, que en algunas páginas de la Red aseguran que le ha costado casi 1,5 millones de euros. «Mi casa es muy sencilla -asegura Lily-, pero aún no he terminado de amueblarla! Lo cierto es que no tengo mucho tiempo libre, pero poco a poco lo voy consiguiendo y cada día la siento más como mi hogar. Me encanta Nueva York y tengo un grupo de amigos absolutamente genial aquí, pero siempre echo de menos Inglaterra. Viajo a Londres con mucha frecuencia y en el futuro tengo planeado volver a algún lugar de Inglaterra.»

Y la verdad es que compañeras de aventuras no le faltan. Pertenece a la pandilla de otras supertops de su generación, muchas también afincadas en Manhattan, como Freja Beha, Gemma Ward, Irina Lazareanu, Agyness Deyn o Jessica Stam, con quienes, aparte de trabajo, comparte confidencias y salidas neoyorquinas. Además, la única relación sentimental que se le conoce es con Vladimir Restoin Roitfeld, el hijo de la famosa directora de Vogue París Carine Roitfeld, que es una mezcla de modelo -es la imagen de la última campaña de He by Mango (la línea masculina de la casa española)-, artista y solicialité siempre presente en las fiestas más «posh».

Sin duda, a esta británica la moda le apasiona y hoy por hoy es toda su vida. «Adoro todas las facetas de ser modelo. Los desfiles son una locura: pura energía y vida... Es un trabajo duro pero increíble cuando estás inmersa en él. Y las editoriales y campañas publicitarias son siempre diferentes, porque tienes que interpretar un rol, lo que me resulta muy interesante... ¡No sabría decir qué es lo que más me gusta de mi profesión!», asegura esta modelo a la que realmente se le nota que disfruta con lo que hace. «La última vez que rompí a reír en el trabajo fue sobre la pasarela. Cuando todas las chicas salimos juntas al final del desfile... Es muy divertido. ¡Estallamos en carcajadas todas a la vez y pasamos un rato genial!»

La modelo siente un gran respeto por muchos diseñadores, como el inglés Christopher Bailey, del que afirma que es «uno de los más genuinos talentos y buena persona que jamás he conocido», pero es por los fotógrafos de moda, quizá por ser también la profesión de su padre, por los que Lily siente una especial admiración.

«Todos los fotógrafos con los que alguna vez he trabajado me han enseñado algo, cómo moverte frente a la cámara o cómo mantenerte firme. Sinceramente, creo que soy una chica muy afortunada por haber tenido la oportunidad de trabajar con personas tan creativas y con tanto talento», confiesa. Pero, aparte de la moda, ¿qué otras cosas le interesan a esta supertop británica? «Me encanta leer y pintar. También montar a caballo, escuchar música, ver películas y pasar un buen rato riendo en compañía de mis amigos.» Y como toda auténtica maniquí, tiene uno de los vicios confesables favoritos de estas estrellas en el backstage. «Soy completamente adicta a mi Blackberry. ¡Es mi tabla de salvación! Da bastante miedo lo mucho que dependo de ella...», reconoce divertida. Eso sí, como buena inglesa, Lily tiene muy claro cuál es el mejor antídoto para superar un mal día: «¿Algo infalible para animarme cuando estoy triste?
¡¡¡Una taza de té!!! Nunca falla».

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