Louboutin

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En 1991, Louboutin abrió su atelier en una galería cubierta que hace esquina con la calle Jean-Jacques Rousseau, en París. Desde entonces, más de 150 puntos de venta en todo el mundo, miles de mujeres y celebrities rendidas a sus pies y, más en concreto, en sus suelas rojas.

Christian Louboutin nació en 1964. Creció en el 12e «arrondissement» de París rodeado de mujeres: su madre, que jamás puso en duda las aspiraciones de su hijo, y cuatro hermanas. A los 14 años empezó a perder interés por el colegio; se pasaba el día en clubs de moda, como Main Bleue o Palace, hasta que consiguió unas prácticas en el Folies Bergère a los 16.

«De joven me pasaba los días en los music halls de París. Sus bailarinas me fascinaban con esos trajes de plumas y tacones altos.» Así descubrió su pasión por el cabaré y el circo. De hecho, se convirtió en un experto trapecista, pasión que abandonó al convertirse en zapatero. En 1982 se convirtió en el aprendiz de Charles Jourdan, en una población lejos de París. Después, trabajó como freelance para casas de costura como Chanel y Dior hasta que, en 1988, fue contratado como asistente de Roger Vivier para la retrospectiva que se preparaba del zapatero y en la cual se mostraron los zapatos de Marlene Dietrich.

En 1991 creó su empresa y se instaló en la galería Véro-Dodat. Empezó con tres trabajadores. Su primera boutique abrió en París, en plena guerra del Golfo. Dos años más tarde inauguró una segunda en Nueva York. Entonces llegaron las colaboraciones con los diseñadores de alta costura para los desfiles de París: Jean Paul Gaultier, Azzaro, Givenchy, Lanvin, pero también Chloé, Victor & Rolf, Yves Saint Laurent y Diane von Furstenberg, que le sugirió crear piezas «clásicas» e icónicas. Su imperio se fue construyendo paso a paso, sin prisas. En 1996 recibió el reconocimiento de la industria del calzado norteamericana, que le otorgó un premio FFANY, que volvió a recibir en 2008.

A partir del año 2000, su marca despega internacionalmente. Gracias al cine y a celebrities como Sarah Jessica Parker, que en la segunda temporada de «Sexo en Nueva York» solo lleva Louboutins, su nombre se hace popular y todas las actrices de Hollywood quieren dejarse ver con sus zapatos de suela roja, el reconocido sello de la firma. En 2002, una amiga en común le pone en contacto con Yves Saint Laurent para crear un par de zapatos para el último desfile del diseñador: unas sandalias totalmente en rojo, con tiras transparentes y con el símbolo YSL bordado en paillettes. «El resultado era como un tatuaje.» Es una de las raras ocasiones en las que Yves Saint Laurent asocia su nombre al de otra marca. En 2007 crea unos modelos únicos para una serie de fotos que realiza David Lynch con una temática fetichista. Así, sigue afianzando la imagen sexy y femenina de sus creaciones.

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