Yves Saint Laurent

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Era un maestro y un genio tímido. Nada mejor para definir ese estado de gracia que un comentario de su amigo y socio Pierre Bergé: "Las suyas son creaciones que prosiguen su hermoso itinerario en el tiempo, y están todavía muy lejos de desaparecer".

Yves Saint Laurent, al igual que Gabrielle Chanel, de quien dijo que "su genialidad es la de haber creado unas bases y haberlas perfeccionado durante décadas", es el artífice de un estilo que va mucho más allá de la moda y del tiempo, pues su trabajo se refleja indefinidamente en la forma de vestir contemporánea. A Chanel se le debe el "tailleur", y a Saint Laurent, el traje pantalón. Estas dos únicas propuestas, declinadas hasta el infinito por las modas, son las que han vestido y, previsiblemente, seguirán vistiendo a todas las mujeres. De hecho, desde que se inauguró, en 1996, su línea de "prêt-à-porter" Rive Gauche, sólo necesitó cinco años para que el color negro, el punto, la sahariana, el azul marino, el trench, el esmoquin y el traje pantalón se instauraran como clásicos del vestir femenino.
"Todo pasa por su sombra" En 1971 sentenció: "Ya está todo asentado en moda. Las mujeres cambiarán sus ropas, pero siempre dentro de las ideas que hemos desarrollado nosotros". Nunca escondió que se inspiraba en su época, en la calle, en el arte, y también en Chanel, Schiaparelli y Balenciaga; ni negó el dominio de su oficio gracias a Christian Dior; pero, como él mismo afirmaba, inspiración no es imitación. Y ahora el turno es suyo, para inspirar o ser imitado por los directores artísticos de las firmas de moda, y sus equipos, que, todas a una y tras largos años de búsqueda de un estilo nuevo (que no han encontrado), han mirado al maestro y han celebrado su visión caleidoscópica de la mujer. Se han apropiado de su lema: "Nunca confundir elegancia con esnobismo". Marc Jacobs (Vuitton) cuenta: "En los años setenta yo veía una juventud dorada en las calles de Nueva York. Las chicas llevaban pantalones de terciopelo, blusas con volantes; era muy chic. Iban de Saint Laurent. Hoy, en la moda, o todo pasa por su sombra, o bien se opone a ella". Tom Ford no ha cesado en su empeño, casi obsesivo, de revisar y reproducir el espíritu de Saint Laurent en todo lo que ha producido para Gucci, con una idolatría avasalladora, hasta que ha realizado su sueño: ser diseñador jefe de las colecciones prêt-à-porter"y director creativo de la firma YSL, después de que se rescindiera el contrato con Albert Elbaz dos días después de su desfile. ¿Y quién no tiene presentes a esas mujeres de los setenta, distintas, ambiguas, fuertes y, a la vez, expresivas y elegantes? Saint Laurent odiaba a la burguesía carca, "esa que se pone broches en la solapa", pero en aquella década la visitó en gran parte, empujándola hacia un cambio asombroso de actitud. Según él, la androginia, no sólo en la ropa, sino la del espíritu, supone la verdadera liberación de las mujeres. Hubo muchas madres e hijas que optaron por liberarse conservando todas sus atributos de mujer, mientras que otras quemaban su ropa interior y sus tacones en nombre de la naturalidad y la revolución sexual. Esos tiempos pasaron desde que las conquistas de las mujeres se hicieron reales y han podido asumirlas las nuevas generaciones.

lLa calle, fuente de inspiración
Si Yves Saint Laurent firmó un contrato, éste fue con la calle, al 50 por 100: la mitad de su inspiración proviene de allí, y la mitad de la calle se inspira en él. Desde entonces, diseñadores, creadores y firmas, casi sin excepción, reproducen esta modalidad de contrato para dar salida a sus ideas. En todas las colecciones, y en otras, nos topamos con un "déjà vu" flagrante. Pero, y he aquí el misterio, en vez de sentir ese pertinaz hastío que acompaña a los últimos "revivals", la reacción es de alegría y, sobre todo, de deseo. Y eso se debe a que, por una vez en mucho tiempo, la moda ha desenterrado a su más sincera simplicidad y complicidad y connivencia con las mujeres, aprendiéndose la lección del maestro. "Siempre he querido dar a las mujeres esta especie de guardarropa clásico, que las proteja del ridículo y les dé libertad para ser ellas mismas, como nos pasa a los hombres", dijo un día Yves Saint Laurent.
Ambigüedad A él se deben el traje pantalón y el masculino-femenino.
Cinturón El cinturón-corsé es una esencia de la casa, como el que llevara Loulou de la Falaise en los años setenta.
Étnico Stella Mc Carthey deslumbró con su top de cadenas en el año 2000. Algo que diez años antes ya había hecho el gran diseñador francés.
"Fauves" Los estampados salvajes son otros de los fetiches del maestro. Una tendencia que esta temporada han seguido otros.
Blusa "Halter" Femenina, con pañuelo para atar al cuello. En versión original, con Jean Schrimpton en la foto de David Bailey, y en la de Jacobs para Vuitton.
Metalizados Napa dorada para la chaqueta que lleva Paloma Picasso en la foto de Steven meisel (1993).

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