'Blush draping': el colorete es el nuevo 'contouring'

Tras el contouring y el strobing, le ha llegado la hora al draping, una técnica basada en uno de nuestros productos fetiches, el colorete, para esculpir la cara.

Draping
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Conseguir facciones más suaves, repartir el volumen, jugar con las luces y sombras... Habrás escuchado estos tips más de una vez. Son propios de las técnicas del contouring (contorno)y strobing (efecto óptico de luces) que permiten acentuar algunas zonas del rostro gracias al iluminador y polvos. ¿Pero cómo se diferencian concretamente? El primero consiste en aplicar tonos claros y oscuros para modelar el rostro casi al infinito. Nariz, pómulo, mejillas… se puede jugar con las formas y proporciones si se aplica adecuadamente y evidentemente en cantidad razonable. El segundo pretende proporcionar luz en puntos determinados del rostro como las mejillas para iluminar. Se consigue con el famoso highlighter. Conviene aplicarlo en las zonas donde la luz de refleja, y sobre todo, lograr que sea translucido y natural. Nada de polvos espesos, se debe componerse de partículas que capturan y reflejan la luz y aplicarse con la mano muy ligera.

Tras el éxito de estos métodos (en parte debido a Kim Kardashian), otros han conseguido abrirse progresivamente camino. Es el caso del blush draping. Esta técnica, que consiste en cubrir y esculpir el rostro gracias al colorete, permite redefinir los rasgos en un tiempo récord. El concepto no es nuevo: el maquillador Way Bandy lo popularizó en los años 70  con estrellas como Cher pero dejó paso a otras técnicas con el paso de los años. Debemos su gran regreso a Marc Jacobs.

Existen varias maneras de realizar un adecuado draping según el creador. La primera consiste en aplicar el colorete (siempre correspondiente al color exacto de la piel para evitar el efecto payaso) en la parte superior de la mejilla estirando la textura de forma horizontal. Se finaliza con un toque ligero en la mandíbula y en el cuello. El segundo, para un resultado más potente, supone aplicar un colorete mucho más pigmentado que el habitual debajo de los pómulos y posteriormente al nivel de las raíces, en la parte superior de la frente. Se termina difuminando el conjunto para evitar dejar marcas. Por fin y como tercer opción para un resultado natural, conviene aplicar el color bajo los pómulos para definirlos y realiza una U del ojo a la sien, terminando por el cuello.

El resultado es espectacular: además de aportar luz, consigue dar un toque más suave y redondo al rostro. Algunas estrellas como Selena Gómez ya son adictas. ¿Lista para probar? Para aplicar correctamente el color usa preferentemente un blender o la brocha kabuki. Para esta técnica es recomendable usar colorete en polvo, más fácil de aplicar, y ceñirse al color de la piel. Si usas un color demasiado fuerte como el morado o el anaranjado en otras zonas que las mejillas, el resultado puede quedar excesivo. Para conseguir un tono uniforme, puedes recurrir a la técnica del baking, que como su nombre lo indica, consiste en aplicar una gran cantidad de polvo de maquillaje y dejarlo actuar durante varios minutos en la piel para que se “cocine”, es decir, dejando que penetre suavemente en la piel para conseguir un rostro más fino. No supone sin embargo que abandones tu rutina de belleza habitual, siendo el corrector un paso casi obligatorio. ¡Ruborízate sin esperar!

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