Ácidos exfoliantes: dime cómo es tu piel y te diré cuál de ellos necesitas

Glucólico, retinoide, salicílico... ¿sabes para qué sirve cada uno?

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Cleopatra ya sumergía su cuerpo en leche agria –que no era otra cosa que ácido láctico- para suavizar su piel, y hace siglos las francesas trataban su piel con un vino añejo rico en ácido tartárico. No son nuevos, pero es ahora cuando los ácidos exfoliantes están viviendo una auténtica revolución. Se trata de sustancias ácidas que alteran el pH de la piel, acelerando su proceso de renovación y que tienen una función exfoliativa. Seguro que has oído hablar de ellos -y es probable que tengas algún cosmético que los incluya- ¿pero sabes exactamente para qué sirve cada uno? Ácido salicílico, glicólico, retinoico… Pedro Catalá, doctor en Farmacia y fundador de Twelve Beauty nos cuenta todo lo que hay que saber de los ácidos exfoliantes, sus contraindicaciones y las dosis adecuadas para la piel.

Ácido glucólico: El ácido glucónico favorece la exfoliación y la renovación celular, modulando el proceso de queratinización. Este ácido también tiene efecto antioxidante e hidratante y restaura la barrera cutánea dañada. Resulta mucho más suave que los hidroxiácidos y suele formularse junto con los alfa-hidroxiácidos para reducir los efectos irritantes de estos. Sus propiedades exfoliantes resultan excelentes a una concentración de entre el 10 y el 15% y en ese caso está indicado para el tratamiento del acné, la psoriasis y la queratosis.

Ácido láctico: tiene propiedades muy similares a las del ácido glicólico, pero un menor coste y una mayor compatibilidad dérmica. Está indicado como agente exfoliante en el tratamiento de la caspa y para tratar queratosis, verrugas, callosidades y acné. 

Ácido retinoico: es la forma ácida de vitamina A. Este exfoliante suele formularse junto con principios activos despigmentantes y minimiza líneas de expresión. Además de exfoliar, hidrata la piel y la mantiene suave durante mucho tiempo. Está prohibido su uso durante el embarazo y lactancia.

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Ácido tartárico: Este alfa-hidroxiácido se encuentra en altas dosis en las uvas y el tamarindo. Se utiliza en la formulación de productos despigmentantes y diseñados para mejorar el melasma. También en productos anti-acné y anti-envejecimiento y en el tratamiento de pieles asfixiadas y engrosadas.

Ácido salicílico: Se trata de un ácido más fuerte que los descritos anteriormente. Se utiliza en cosmética y dermatología para preparar peelings superficiales en el tratamiento del acné pustuloso leve o moderado. Penetra rápidamente en las lesiones inflamadas, ejerciendo una acción bacteriostática y calmante. Su efecto exfoliante está garantizado incluso a concentraciones muy bajas.

Ácido pirúvico: Es mucho más fuerte que el ácido glicólico y el salicílico. Posee una potente actividad queratolítica y resulta muy eficaz para el tratamiento de las imperfecciones de la piel. Consigue una eliminación rápida de los corneocitos pigmentados, con el consiguiente efecto despigmentante y un gran aumento de la luminosidad de la piel. Consigue penetrar profundamente en el folículo, donde ejerce una actividad bacteriostática y comedolítica, facilitando el vaciado de quistes y microquistes.

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