'Beauty snaking' o cómo la manera de cuidarnos la piel está cambiando

La falta de tiempo o las restricciones por la pandemia han situado esos momentos que nos dedicamos a nosotros como el ratito más placentero de cada día.

En los últimos dos años, muchos de nosotros hemos experimentado grandes cambios en nuestras rutinas diarias. Hemos pasado de levantarnos todos los días con mucho tiempo para prepararnos antes de ir a la oficina, a tener que madrugar menos, por la implantación del teletrabajo. Esto tiene sus condicionantes positivos y negativos. Quizás hayamos ganado calidad de vida, por dejar de perder tiempo en el transporte, pero hayamos perdido otros beneficios del trabajo presencial como la relación cara a cara con los compañeros de trabajo. Además, la falta de separación entre el espacio que dedicamos al ocio y al trabajo ha podido resultar algo agobiante.

Y ante esta situación, sin demasiados planes para hacer fuera de casa y con tiempo libre parece que hay una tendencia que ha resurgido y es que hay algo que no requiere ni la socialización con los demás, ni salir de casa para llevarlo a cabo: se trata de los momentos de autocuidado, la belleza ha salido al rescate para librarnos por un momento de la monotonía y brindarnos un momentos de desconexión de los pico de estrés provocados por el trabajo y otras rutinas del día a día. Esto es lo que ya se conoce como beauty snacking, es decir igual que antes hacías la pausa para el café, cuando estabas en la oficina, ahora tu momento de relax te lo brindan esos diez minutos en los que paras para aplicarte tu rutina de belleza con productos que han sido diseñados para alegrar cada jornada y subir el estado de ánimo.

Y esto se esta viviendo como la vuelta a las rutinas beauty prepandemia, pero de una forma diferente, ya que desde entonces, nada ha vuelto a ser igual. El coronavirus ha provocado largos periodos en lo que se nos ha privado de libertad, una situación excepcional a la que ninguno estábamos acostumbrados. Esto derivó en la interrupción de las rutinas de belleza habituales de mañana y noche, comenzando a realizar esos cuidados de manera mucho más reducida, en los momentos libres que es disponían a lo largo del día. De esta manera se rompía con las largas jornadas de teletrabajo en casa y se salpicaban con pequeños momentos de placer.

Skincare
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Esta búsqueda del placer, más allá de la efectividad de los productos, es lo que le ha conferido una especial importancia a las características sensoriales de los mismos: ya no se busca solo que la hidratante ayude a ralentizar las arrugas, sino que buscamos texturas que nos sorprendan y olores agradables. De hecho, este es un factor por el que muchas personas rechazarían un producto.

La mirada hacia el skincare como un ritual ha hecho que se empiece a concebir de forma diferente, menos práctica y más espiritual, ya que se acude a él como un momento en el que mientras se aplican los cosméticos, se reflexiona sobre las diferentes actitudes que hemos tenido en el día, añadiendo a lo que podría ser una simple rutina de belleza un foco de mindfullness que está convenciendo cada vez a más personas. Además, estos pequeños descansos ayudan a aumentar la productividad, la concentración y creatividad.

María Villar

María Villar

Me gusta la pizza con piña y soy un ave nocturna. Vivo entre lunares, lazos, labiales rojos y maxipendientes. Pero también tengo un objetivo: defender la moda y la belleza como formas de expresión.Todavía me corren cosquillas por el cuerpo cuando se refieren a mí como periodista. El café siempre sin azúcar.

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