Por qué deberías incluir un cepillo limpiador facial en tu rutina de belleza

Esta herramienta garantiza una piel radiante y libre de imperfecciones de manera sencilla e higiénica.

cepillo limpiador facial
Imaxtree

Irse a la cama sin desmaquillar es, probablemente, el mayor de los 'pecados' para la piel del rostro. Sin embargo, este mal hábito tiene dos competidores que le siguen muy de cerca. A saber: desmaquillarse dentro de la ducha - porque el agua suele estar demasiado caliente - o limpiarse la cara sin haberse lavado las manos primero, lo que contribuye a que los posibles gérmenes lleguen hasta el cutis sin demasiado esfuerzo.

De esta forma, los cepillos de limpieza facial - que pueden ser manuales o electrónicos - juegan un papel fundamental en el cuidado óptimo de la piel. Las firmas de belleza lo saben y muchas de ellas ya se han lanzado a incluir uno entre sus propuestas.

 

¿Por qué merecen la pena?

Porque además de eliminar la suciedad eficazmente, realizan una suave exfoliación. Su limpieza es mucho más completa y profunda que una manual - se considera hasta 10 veces superior -, ya que las cerdas penetran más profundamente en la superficie de la piel. De la misma forma, su suave exfoliación contribuye a acelerar el proceso de renovación de la piel, al tiempo que la reafirma y reduce la apariencia de los poros a medio plazo.

Tras su uso, la piel del rostro queda preparada para continuar con la rutina de hidratación, contribuyendo a que el sérum y la hidratante se absorban fácilmente.

Otro beneficio se centra en que estas herramientas de belleza pueden limpiarse y almacenarse correctamente. Todos estos factores contribuyen a evitar posibles brotes de granitos, espinillas y puntos negros en el rostro.

¿Cómo se utilizan?

Antes de empezar, lo más aconsejable es asegurarnos de que el cepillo elegido no nos va a irritar la piel haciendo una prueba en la cara interior del antebrazo, por ejemplo. Las pieles más sensibles deben tener en cuenta que necesitarán una versión con las cerdas muy suaves.

Una vez comprobado que son adecuados para nuestro tipo de piel, el primer paso consiste en aplicar el limpiador habitual sobre el rostro húmedo. A continuación, y con ayuda del cepillo previamente humedecido, se realiza un suave masaje por toda la cara realizando movimientos circulares y llegando a todas las zonas, excepto al área de los ojos.

Si el rostro está maquillado, lo más recomendable es retirar el maquillaje antes con el producto específico que se utilice normalmente, ya que la acción del cepillo podría provocar que sus restos penetren más profundamente en los poros.

Los cepillos faciales pueden utilizarse a diario, sin embargo, lo mejor es introducirlos paulatinamente en la rutina de belleza, una o dos veces por semana al principio, para ver cómo reacciona nuestra piel. En el caso de las pieles sensibles, lo más recomendable es que su uso se limite a una o dos veces por semana siempre.

¿Qué producto de limpieza es el más adecuado?

Elegir un limpiador suave indicado para cada tipo de piel proporcionará los mejores resultados. Las fórmulas en crema o gel se llevan especialmente bien con los cepillos faciales. Sin embargo, es mejor evitar los exfoliantes ya que, unidos a la acción de las cerdas del cepillo, pueden causar demasiada erosión en la piel.

 

¿Cuál es su mantenimiento?

Para asegurarnos de que el cepillo de limpieza facial se encuentra siempre en un estado adecuado, debemos cumplir una serie de normas. Al igual que en el caso de las brochas de maquillaje, los cepillos faciales deben limpiarse después de cada uso enjuagándolos con agua tibia y un jabón líquido sin perfume que elimine los restos de suciedad, masajeando sus cerdas en sentido horario y después al contrario para evitar que se acumulen bacterias. Por último, debe dejarse secar al aire sobre una superficie limpia. De la misma forma, es conveniente sustituir el cabezal del cepillo mensualmente.

 

¿Pueden utilizarse en todo tipo de pieles?

Cada tipo de piel determina qué limpiador y qué cepillo es el más adecuado, así como la frecuencia con la que debe utilizarse. Las pieles normales y grasas, normalmente, admiten su uso a diario; mientras que las pieles secas o sensibles lo toleran mejor un par de veces por semana. Al final, no hay nada como conocer la piel de cada una para poder anticiparnos al uso más adecuado de una nueva herramienta.

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