El 'layering' o la técnica que revolucionará tu rutina de belleza

Esta técnica asiática consiste en una dosificación y superposición muy precisa de diferentes productos para conseguir una tez sin defectos. Sorprendente.

Las miles de obligaciones que nos asaltan diariamente nos dejan pocas veces tomar el tiempo de maquillarnos y cuidarnos al detalle. Optamos, por sentido común, por productos dos o incluso tres en uno que nos facilitan (por no decir salvar) la vida. ¿Pero te has planteado alguna vez embellecerte paso a paso? Es lo que supone la técnica del layering, el pequeño secreto de belleza directamente procedente del continente asiático. Su principio es básico: aplicar uno tras otro, y en un orden definido, los productos para tu rostro con el objetivo de dejarte una piel de ensueño. Si no sabes exactamente como maquillarte y sobre todo qué pasos seguir (te acordarás sin duda alguna de tu mini crisis ante el espejo al no saber si tenías que aplicar tu corrector antes o después del resto), podría cambiar tu rutina de belleza y sobre todo el aspecto de tu rostro.

El layering, que significa literalmente 'milhojas', se basa por lo tanto en el principio de superposición y uso de numerosos productos en una cantidad determinada que se aplican en seis etapas básicas para corregir las imperfecciones de la piel. Que tengas la piel seca, grasa, sensible, normal o mixta, te ayudará a realzar su punto fuerte.

¿Cuáles son estas etapas ?

Layering
Desfile Fendi / Imaxtree
  • Etapa 1: desmaquillar con aceite

La técnica apuesta por el uso del aceite vegetal para eliminar las impurezas y quitar los restos de maquillaje. Aunque la textura te parezca grasa, es uno de los productos más eficaces para limpiar en profundidad. Aplícala con una esponja o la tradicional bolita de algodón con movimientos circulares.

  • Etapa 2: limpiar

Es otra etapa indispensable para eliminar las impurezas acumuladas del día anterior (si vives en una gran ciudad notarás por ejemplo los efectos de la contaminación). Lo ideal es limpiar el rostro con agua fría y aplicar un jabón vegetal o un gel limpiador.

  • Etapa 3: aplicar la loción

Esta etapa ayuda a preparar a la aplicación de otros cuidados. Las lociones ayudan a minimizar los poros, purificar la piel y aportar luz. Que sea en spray o en crema, aplícala generosamente sobre tu rostro y pasa un pañuelo para eliminar el excedente.

  • Etapa 4: el sérum

Mucho más ligero que los productos anteriores, el sérum es indispensable ya que su poder hidratante es superior a una tradicional crema. Consigue penetrar en profundidad en la piel y es precisamente el producto que corregirá los problemas de tu tipo. Con unas gotas aplicadas con el dedo, masajea suavemente tu rostro.

  • Etapa 5 : el contorno de ojos

Esta zona del rostro es la más delicada ya que la piel es especialmente fina. Elige un producto adaptado en gel o crema para hidratar pero también prevenir los signos de edad, más propensos en esta parte. Aplícalo con pequeños palmeos para reforzar la circulación y estimular el colágeno naturalmente presente.

  • Etapa 6 : la crema hidratante

Es la última del método: la crema hidratante es fundamental a cualquier edad para proteger la piel de todas las agresiones exteriores. Al igual que el sérum, conviene aplicarla con masajes y sobre todo, que sea adapta a nuestro tipo de piel. Una crema demasiado grasa podría por ejemplo perjudicar una piel que ya tiene un exceso de sebo.

Layering
Desfile Louis Vuitton / Imaxtree

Como has podido comprobarlo, los productos más liquidos se aplican al principio y los más grasos al final. La piel se prepara poco a poco para las texturas más densas. La superposición de estas seis etapas y productos ayuda a que la piel se nutra de forma seguida de todos los efectos. Cada una de las seis permite aportarle un cuidado extra que tiene repercusiones directas en su aspecto: más limpia, más hidratada y sobre todo más luminosa.

La técnica del layering se puede aplicar a otros ámbitos como el capilar, o incluso el maquillaje. En los ojos y siguiendo este principio, conviene por ejemplo aplicar la tonalidad más densa, seguida de la más clara, y para el rostro, del polvo más cremoso a empolvado. Avisamos, esta técnica requiere un tiempo extra. Pero te lo aseguramos, a largo plazo, merece la pena.

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