La piel también se fatiga y así es como debes cargarla de vitalidad (y gratis)

Todo está en la energía. Como si se tratara de un mantra, conviene recordar que, cuando envejeces, tu piel se va apagando consecuencia de los radicales libres. Puedes luchar contra ellos y plantarle cara al estrés y la fatiga... Todo está en tus manos.

Masajes para el estrés de la piel
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Quédate con otro concepto también irrefutable: Si quieres que cambien las cosas, tienes que dejar de hacerlas como las has hecho hasta ahora. Toma nota porque ahí van algunas claves para descongestionar tu rostro porque sí, padece tanto estrés como todo lo que rodea tu vida. Un sencillo masaje diario utilizando los productos cosméticos adecuados puede ser la respuesta las necesidades de tu piel.

La contaminación es uno de los nuevos factores que, se ha demostrado, afectan al envejecimiento cutáneo. Un reciente estudio llevado a cabo por Olay aseguraba que, para el 35% de las mujeres asiáticas, el aumento de la sensibilidad de su piel, la falta de brillo, la sequedad o la rugosidad estaban directamente relacionados con la contaminación del aire bajo la que viven en las grandes ciudades. Y es que, en el aire de tu ciudad se encuentran partículas en suspensión como el dióxido de azufre, el dióxido de nitrógeno o el ozono troposférico. Muchas de estas partículas con resultado de la combustión de carburantes fósiles, es decir, de los kilómetros de atascos que adornan a menudo las ciudades. 

Si la contaminación estresa a tu piel, no es la única. Del mismo modo, la fatiga que podemos sufrir en nuestro día se refleja en nuestro rosto. La falta de elasticidad o la pérdida de luminosidad son consecuencias directamente proporcionales de la falta de sueño, la oxidación y la falta de hidratación, lo que se traduce en una piel apagada y visiblemente envejecida.

Además de cuidar tu alimentación, mantener hidratado tu cuerpo bebiendo líquidos y seguir una rutina cosmética en la que no te olvides de limpiar tu piel y aplicar sérum, contorno y un cuidado hidratante, por si todo esto no fuera suficiente, siempre puedes hacer un poco más por cuidarte. ¿Cómo? pásate al mundo de los masajes diarios, pero no hablamos de esos en los que tienes que ir hasta un centro estético. Hablamos del sencillo pero efectivo masaje que puedes realizar a diario a la vez que aplicas tu sérum habitual o aceites esenciales.

Quédate con esta rutina:

Pasos infalibles

Masajes para el estrés de la piel
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Paso 1: la limpieza. Empieza del cuello hacia la frente, con la piel humedecida, dando toques con la crema limpiadora, el agua micelar o el producto que acostumbres a utilizar para desmaquillarte. Es importante que nunca arrastres el algodón. La barbilla es un punto clave, porque es donde la limpieza es básica para la óptima absorción de cualquier tratamiento.

Paso 2: la preparación con el sérum. Aplícatelo con las manos calentándolo previamente con la palma. Empieza por el cuello, sigue por los pómulos y llévalo hacia la sien. Sigue estos movimientos: coloca la mano en el esternón y deslízala con presión sobre el hombro y el cuello hasta la línea de la mandíbula en movimientos ascendentes. Desliza las manos a lo largo de los pómulos hasta las orejas, activando puntos de presión en los extremos de la boca, laterales de la nariz y bajo los pómulos. Mueve las palmas de la mano para hacer presión sobre el rostro, ayudando a la penetración del producto. Masajea alrededor de los ojos, para eliminar tensión. Tampoco te olvides de los masajes de labios que, además de volumen pueden ayudarte a eliminar imperfecciones

Paso 3: el tratamiento con crema hidratante. Con toques suaves para estimular la energía aplícate la crema en pómulos, mandíbula y frente. El exceso de producto podemos utilizarlo para la zona del cuello y la parte superior de los hombros. Los movimientos recomendados son los siguientes: utilizando dos dedos de cada mano realiza movimientos en forma de “8'' alrededor de los ojos empezando sobre la ceja y acabando en el lado exterior del ojo contrario. Comienza a dar suaves toques en la zona de los pómulos, la mandíbula y la frente para favorecer la activación de la energía de la piel del rostro.

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