¿Tu oficina está atacando a tu cutis?

¿Sabías que también te tienes que proteger de la luz artificial? ¿Está tu oficina ventilada correctamente? ¿Pasas excesivo frío o calor? Tu trabajo repercute directamente en tu piel.

¿Tu oficina está atacando a tu cutis?

La conexión entre la piel y nuestro cerebro es muy importante, y ello es debido a que cuando nos estamos formando dentro del útero materno, las células de nuestro sistema nervioso derivan de las mismas que nuestra piel. Esto explica que nuestra piel se resienta ante el estrés emocional o anímico que podamos sufrir debido al trabajo o al ritmo acelerado de vida actual. ¿Cómo podemos detectar que estamos superando nuestro umbral de aguante ante el estrés? Observando nuestra piel. Si empiezan a aparecer eccemas por distintas partes del cuerpo que nunca antes habíamos padecido o comenzamos a sufrir un picor generalizado más intenso por las noches, pueden ser signos y síntomas de un exceso de estrés mental.

Además del trabajo, la casa, los niños y demás circunstancias que pueden afectar a nuestro estado de ánimo y con ello a nuestra piel, hay otros factores ambientales que también influyen negativamente sobre ella y que podemos tratar de evitar. Uno de ellos es la sequedad del ambiente del lugar de trabajo. Hoy en día la mayoría de los puestos de trabajo se ubican en grandes edificios con poca ventilación y sometidos al aire acondicionado durante horas, lo cual disminuye la humedad del ambiente, y esto favorece que nuestra piel también se deshidrate y requiera cuidados más intensos. Para ayudar a nuestra piel debemos hidratarnos bien por dentro, bebiendo suficiente agua a lo largo del día, y por fuera, aplicando cremas hidratantes al menos una vez al día tras la ducha, de esta forma recuperará el agua perdida por la sequedad del ambiente.

También hay que protegerse de la luz de los fluorescentes

¿Tu oficina está atacando a tu cutis?

Otro de los factores ambientales que nos afecta día a día es la luz, no sólo los rayos solares a los que nos exponemos durante el trayecto en coche al trabajo o a casa, si no aquel sol que penetra por la ventana cada mañana o cada tarde durante unas horas mientras estamos trabajando y también la luz de los fluorescentes a la que estamos expuestos durante horas. Muchos estudios han demostrado que la luz blanca de los fluorescentes puede afectar a largo plazo a nuestra piel, y por ello se insiste en la fotoprotección diaria aunque se trabaje indoor.

Otro factor a tener en cuenta y que puede dañar nuestra piel sin percatarnos son las fuentes de calor directas. Es muy habitual que durante la época de invierno y debido a que pasamos muchas horas sentados, las piernas se queden frías. De todos es sabido que el aire caliente asciende mientras que el aire frío se queda cerca del suelo, y con ello enfriando nuestros pies y nuestras piernas. Esto nos lleva a colocar calefactores enfocando a esas zonas para compensar la temperatura. Es un gesto muy negativo para nuestra piel. Debido al calor local intenso y mantenido durante horas, pueden surgir alteraciones cutáneas permanentes y edema o inflamación que no se resuelvan fácilmente. Para combatir el frío es preferible abrigarse bien la zona y evitar la exposición continuada a fuentes de calor.

Qué debemos hacer a diario para mantener nuestra piel sana: beber abundante agua, ducharnos a diario y aplicar cremas hidratantes a continuación, movilizarnos a lo largo del día, evitar el calor intenso en zonas concretas y protegernos frente a la luz con un buen fotoprotector que debemos reaplicar cada 3 horas para que continúe haciendo efecto.

Conoce a nuestra dermatóloga

cristina de hoyos

La doctora Cristina de Hoyos es dermatóloga y Directora Técnica en Clínicas Ceta. Experta en dermatología estética y terapeútica y en tratamientos capilares (tricología) e injerto de pelo por técnica FUE.

@DraDeHoyos
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