Bótox, ¿sin miedo?

Juventud, divino tesoro. Los casos de famosos y anónimos que se ponen en manos del cirujano para borrar del rostro el paso del tiempo y hacer desaparecer las arrugas, es cada vez mayor.

Botox

Juventud, divino tesoro. Los casos de famosos y anónimos que se ponen en manos del cirujano para borrar del rostro el paso del tiempo y hacer desaparecer las arrugas, es cada vez mayor. Sin embargo, el bótox, ese conocido por todos, pero a la vez, gran desconocido, no es tan “inofensivo” cómo lo pintan.

 

La toxina botulínica, más conocida por Botox (marca comercial por excelencia de esta sustancia), se ha convertido en la gran protagonista de los pequeños retoques estéticos. En el ámbito de la belleza, se utilizan pequeñas cantidades para bloquear las transmisiones nerviosas y reducir temporalmente las contracciones de los músculos faciales que ocasionan las arrugas.

 

Ahí, precisamente, está el problema: si nos pasamos de cantidad, nos ponemos en manos de alguien sin mucha experiencia o, que también puede ocurrir, sucede algún error, corremos el riesgo de que nuestra expresión resulte totalmente artificial. La dosis inyectada puede afectar a los músculos equivocados y provocar parálisis faciales o, como a todas nos sonará haber visto, rostros ridículos con una ceja más alta que otra, ojos inexpresivos más propios de un muñeco que de una persona…¿te suena, no?

 

Entre las estrellas de Hollywood las hay precavidas, como Jennifer Aniston, que hace poco declaró que inyectarse bótox le parecía una práctica peligrosa y ridícula. También ha habido quien ha salido escarmentada, como Nicole Kidman, que confesó en una entrevista que probó el bótox y después no le gustó el aspecto de su cara. Sin embargo, algunas personalidades del mundo del “famoseo” son completamente adictas a esta toxina y, en muchos casos, reconocerlas después de varias sesiones de este tratamiento, se hace bastante difícil.

 

La toxina botulínica, utilizada como tratamiento estético puede ser muy efectiva para acabar con las arrugas, las patas de gallo y dar a la piel, en definitiva, un aspecto más juvenil, pero debe ser tratada con rigurosidad, administrada por profesionales y controlada médicamente.

 

No debemos olvidar que la toxina del botulismo es un veneno natural y que, por tanto, no se puede recurrir a ella sin una serie de precauciones, ya que puede ser peligrosa.

 

 

Etiquetas: botox

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