El recolector de esencias

Viajamos al valle de la rosa en Bulgaria con el maestro perfumista Alberto Morillas para asistir a la recogida de la flor más preciada y descubrir su nueva creación.

El recolector de esencias

Aterrizar en los floridos campos de rosas de Bulgaria "es como asistir  a un desfile, ver el proceso de creación de un perfume desde el principio y meterse en las tripas de la destilería". Son palabras de Patricia Tranvöuez, presidenta de Kenzo Parfums, que, con motivo del 15 aniversario de la icónica Flower by Kenzo, ha venido a conocer de primera mano los secretos que envuelven a la rosa Damascena, el preciado ingrediente con el que se elabora. Un cumpleaños que también celebra el nacimiento de L'Élixir, la nueva fragancia que viene a engrosar esta exitosa saga.  

Amanece en el Valle de la Rosa (al sur de los Balcanes) y en los campos de la destilería Enio Bonchev ya hay mucho trasiego a pie de rosal. La recogida comienza entre las 5 y 6 de la mañana –que es cuando más aceite tienen las rosas– y decenas de personas se afanan en recoger una a una las preciadas flores para rellenar las sacas que más tarde serán pesadas al miligramo. "Es un espectáculo maravilloso", me comenta Alberto Morillas, nariz de narices, más conocido como el Maestro en el universo de la perfumería. Un orgullo nacional (no en vano ha sido elegido para abanderar la marca España en la campaña 'Hechos de Talento') y un lujo de persona al que le sobran la exquisitez y la elegancia que requieren este particular oficio de confeccionar trajes aromáticos a medida.

La recogida de la rosa es una de las citas más esperadas del país (Bulgaria y Turquía producen el 90% de la esencia de rosas mundial) y tiene lugar cada año entre mayo y junio. "Al igual que ocurre en la vendimia, es un momento del año muy concreto que puede variar. El tiempo influye mucho: si llueve, la rosa no es la misma y no huele igual. Y si hace mucho sol, cambia también su aroma", sigue Morillas (con su marcado acento entre francés y sevillano), mientras me enseña la diferencia entre la rosa Damascena, más dulce y amarga, y la rosa Alba, más escasa y cotizada, pero con una fragancia más de té. Siempre a la búsqueda de nuevos ingredientes y nuevos aromas, a lo largo de su carrera Alberto Morillas ha creado 450 perfumes (entre ellos muchos best sellers como CK One o Acqua di Gió) y suele trabajar en varios a la vez. ¿Su mantra? "Calidad, calidad y calidad. Si no pones la mejor materia prima es imposible hacer un gran perfume". Por eso, no es de extrañar que se indigne cuando oye hablar del mercado de las copias que tanto daño está haciendo al negocio de la perfumería. "Es una auténtica vergüenza. Además, no sabemos qué ingredientes tóxicos pueden contener. ¡Por no hablar de que diluyen las esencias a límites insospechados!", denuncia.

El recolector de esencias

 

La rosa en cifras
Los números que se manejan en el mercado de la rosa son impresionantes. Por poner un ejemplo, para obtener un kilo de aceite de rosas de la variedad Damascena –que este año se cotiza a 7.000 euros– se necesita la friolera de 3.500 kilos de rosas, y el proceso de destilación se alarga durante un mes. Un detalle que nos ayuda a entender la inversión tan cuantiosa que hay detrás de un perfume.

La jornada está a punto de terminar y mientras los recolectores hacen cola para pesar sus bolsas, hacemos una pausa para hablar de la magia de los perfumes que permanecen en el tiempo sin que por ellos pasen los años. Algo que Flower by Kenzo ha conseguido con creces. Pero las modas se imponen y toca dar respuesta a los deseos de un mercado que pide a gritos aromas más gourmand, (¡la tendencia que arrasa!) como ocurre en L'Élixir. "Lo difícil cuando te hacen este tipo de encargo es que el resultado tiene que tener el mismo ADN, pero ser diferente. Por eso quise hacer algo más girly, simulando ese olor a fiesta donde hay caramelo, azúcar tostada, que te dan ganas de comer. Le añadí frambuesa para que le diera esa parte acidulada, almizcle, una nota amarga de mandarina, vainilla...", sigue. Y entre tantas notas olfativas, ¿qué aromas le hacen perder la cabeza a Alberto Morillas? "El olor a limpio. En España, por ejemplo, la gente huele a limpio. Aquí tenemos esa cultura y ¡me encanta!". Todavía se acuerda de la frase que le dijo una vez una gitana en una plaza de toros al venderle la almohadilla: "¡Hueles a cielo!". Quién sabe si este será su próximo reto, conseguir enfrascar un poquito de cielo. Porque con el Maestro, los milagros pueden hacerse realidad...

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