¿Piel reactiva? Así debes cuidarla

Si eres de las desafortunadas que sufren por una piel sensible, con rojeces y muy delicada, necesitas tener esta información.

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Seguro que has estado ahí. Te acuestas en perfectas condiciones, te levantas, te miras al espejo y ¡boom! Brote. Rojeces por do quier. Piel extremadamente sensible, tirante, incómoda... Pero sobre todo, roja. Presa del pánico no sabes qué hacer. Piensas seriamente en llamar a la oficina, al fin y al cabo, es un problema de primer grado. Te metes en Internet, buscas lo que te pasa... Encuentras resultados que no ayudan para nada a la causa. Y clicas en remedios naturales (mal chicas, esto jamás).

Te pasas un hoja de Aloe Vera natural por la cara con ahínco. Fatal, la reacción aumenta. Gritas, lloras. ¿Qué le pasa a tu cara? Si has vivido esta situación alguna vez en tu vida (o algo similar, todo se acepta) tenemos algo que decirte. Tienes una piel reactiva, atópica y sensible. Y aunque parezca imposible, hay maneras de mantener las reacciones a raya. Pero no sin esfuerzo. Aunque no te lo creas, los brotes no duran para siempre. Lo primero está en aceptar que tiene solución (al igual que hiciste cuando ese primer ligue te hizo una bomba de humo, pasó, sí: pero sobreviviste). Tendrás períodos en los que tu piel estará mucho mejor, y épocas por las que no pase por su momento más exitoso (al igual que tu vida tinderiana, estos dos factores suelen ir juntos).

Pero la respuesta está en acudir a un profesional, determinar qué es lo que le ocurre a tu piel exactamente y con esa información, establecer una rutina de cuidados que funcionen. Y creednos, lo de la hoja de aloe vera no es uno de ellos. Nunca.

¿Cuáles son las características de una piel reactiva?

Según el Doctor José Maria Ricart, director médico del Instituto Médico Ricart, una piel reactiva es fácil de identificarSi notas tu piel tensa, se enrojece con facilidad, y no tolera gran parte de cosméticos, probablemente sea reactiva.Tal y como su nombre indica produce reacción y rechazo tanto a agentes externos como el sol, la polución o determinados fármacos, y a factores internos como el estrés o desequilibrios hormonales. 

Además de los agentes externos, el estrés y las causas hormonales son dos de los factores que más afectan a la tez. Las pieles reactivas son las primeras que sufren cuando tu cuerpo está acelerado. Son las primeras que muestran que algo va mal y por eso hablan; de ahí los posibles brotes. Sabemos (por experiencia propia) que controlar el estrés es una tarea muy ardua, pero con este problema, es un pez que se muerde la cola: cuánto más estresada estés, peor tendrás la piel, lo que te generará más estrés y por ende, el problema se convertirá en un bucle infinito. La solución es fácil (y también -casi- imposible) no te estreses.

Pero como decirlo es más fácil que hacerlo, hay otras maneras de controlar los brotes (puedes probar el mindfulness, el yoga, la meditación... o darte un respiro. Tú decides). Con los problemas hormonales es más difícil luchar: la ovulación, la menstruación... en estos momentos del mes también puedes notar tu piel mucho más sensible, y por eso, tienes que estar preparada para controlar los posibles cambios en tu piel. Y sobre todo, no obsesionarte con ellos. 

 

 

La dieta influye

La dieta es un factor muy importante cuando tienes una piel de estas características. No estamos diciendo que no te puedas dar un capricho de vez en cuando, pero una dieta equilibrada y sobre todo sana, es crucial para que la afección no vaya a más. Los especialistas en dermatología y medicina metabólica del Instituto Médico Ricart recomiendan un plan nutricional rico en omegas 3, 6 y 9, ya que mejoran el estado de cohesión de la barrera epidérmica, lo que ayudará a que tu piel luche contra los agentes externos, como la contaminación. Los alimentos que reduzcan el cortisol y la adrenalina son esenciales, así como el magnesio y las frutas y verduras ricas en Vitamina C que protegen del estrés oxidativo.

La nutricosmética también es un gran aliado que puede ayudar a reforzar la dermis y mantener a raya los brotes más agresivos. Probióticos y prebióticos que ayuden a reforzar la piel son necesarios, así como el mantenimiento y equilibrio de una flora intestinal a la que no le falten ningún tipo de bacterias y vitaminas. La solución comienza por cuidarte por dentro, para verte bien por fuera. 

Una rutina de cuidado efectiva

Para estas pieles, el dicho de menos es más se cumple con creces. Lo más importante es encontrar productos con principios activos que tu piel tolere para así mantener a raya las reacciones. El doctor Ricart recomienda realizar una rigurosa rutina de higiene para deshacernos de todos los agentes externos que puedan afectar a nuestra piel. La hidratación es fundamental, ya que este tipo de pieles pierden agua y se vuelven más frágiles. La clave está en utilizar cosméticos para aliviar esta irritación, y que sobre todo contengan activos fortalecedores de la barra de humectación.

Además, la protección solar es vital, aunque sea invierno. Se recomienda, un factor 50 para que los rayos del sol no hagan mella en la reacción del cutis, pero eso sí, sin parabenos y siempre, hipoalergénica. 

Los panes dermatológicos son una opción mucho más recomendable que los jabones ya que no tienen perfumes y respetan mucho más la piel. Una crema hidratante calmante y ampollas concentradas para las épocas en las que la piel se encuentra más propensa a tener brotes sería más que suficiente en el cuidado diario.

A la hora de maquillarte, la elección de las fórmulas y los productos es primordial. Sobre todo con la base de maquillaje. Con este tipo de pieles, desgraciadamente, lo único que se puede hacer es probar: probar distintos productos hasta encontrar el que mejor te sienta y el que se adapta mejor a tus necesidades sin perder de vista las tres máximas: hipoalergénico, sin perfumes y para pieles sensibles. 

¿Lo más importante? Cuida tu alimentación y tu nivel de estrés. Cuando llegas a este combo, y lo decimos por experiencia, tu piel mejorará. Porque muchas veces, es el cuerpo quién nos habla e igual es hora de cambiar ciertos hábitos.

Porque como con las citas de Tinder, muchas veces es mejor dejar el pasado atrás. Pasado pisado. Rutinas nuevas, piel nueva. Y siempre de la mano de un profesional. 

 

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