Dime cuántos años tienes y te diré cómo adelgazar

No es lo mismo perder unos kilos de más a los 20, que a los 30, que a los 40… a lo mejor estás siguiendo unas directrices que no valen para tu metabolismo. ¡Descúbrelo!

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Aunque la génetica juega un importante papel, lo cierto es que la alimentación y el ejercicio son factores que siempre debemos tener muy en cuenta a la hora de vernos más saludables. A pesar que no es igual de fácil perder peso a los 20 que a los 50, ser constante te ayudará siempre a conseguir tu objetivo. Lo que sí debes saber tengas la edad que tengas, es que las dietas milagro nunca son la solución. 

A los 20 años...

De pronto te das cuenta que ya no eres adolescente. Tienes curvas y además, la sociedad te presiona con cánones de belleza imposibles. Para empezar ten claro si en verdad tienes sobrepeso: no es lo mismo sentirse gorda que estar gorda.

¿A qué te enfrentas? Tienes más compromisos sociales, cenas copiosas y comidas sin ningún control horario. Sin embargo, a tu favor, cuentas con la mejor edad para perder peso de forma más rápida, sana y duradera.

Es la época que debemos abandonar la alimentación más adolescente y pasar a unos hábitos más ordenados. Aguantarás mejor las dietas, pero ojo a cómo las haces porque a tu edad hay más riesgo de tener déficits nutricionales: no es muy recomendable suprimir el consumo de carne y pescado, ya que son fuentes importantes de hierro.

Empieza por evitar los picoteos calóricos y establece una alimentación equilibrada a diario con un desayuno completo. No recurras a los bocadillos a medio día más de 2 veces por semana. No te saltes la merienda y para cenar, procura comer verduras y proteínas. A lo mejor te acabas de independizar y tienes que tener cuidado con los platos preparados: aprende a leer las etiquetas de lo que compras y opta por aquellos productos cuya cantidad de materia grasa no sea superior al 5% y que la relación entre proteínas y lípidos sea superior a 1.

No te limites solo a hacer ejercicios específicos en el gimnasio. Es decir, nada de entrenar solamente partes como los glúteos y olvidarte del resto del cuerpo. Lo mejor es que practiques un deporte que te guste, aprovecha la energía que tienes y tómate el ejercicio como algo con lo que pasar un buen rato y no como una obligación. Sé constante, pero no te sobrecargues.

A los 30 años…

Seguramente ya has realizado varias dietas en tu vida y si estás leyendo este artículo, es que has sufrido algún efecto yo-yo. Eso sí, has vivido o estás por vivir cambios muy importantes: nuevos trabajos, mudanzas, noviazgos y rupturas, por no hablar de la maternidad.

Tienes que organizar los menús con antelación y no improvisar. Ya sabemos que ahora vas corriendo a todas partes, pero procura desayunar con tiempo. Si quieres perder esos kilitos de más, no elimines los carbohidratos. Eso sí, aprende a prepararlos: nada de salsas ni añadidos. Inclúyelos en todas las comidas, pero en pequeñas cantidades.

Por si fuera poco cada vez tienes menos tiempo de hacer deporte. Aprende a entrenar en casa, pásate a los métodos HITT con rutinas de ejercicios de apenas 4 minutos al día o búscate un gimnasio con guardería… querer es poder. No debes abandonar nunca la práctica de un deporte, aunque sea andar: mira cómo puedes aprovechar tus paseos para perder peso.

Es importante que duermas bien: un déficit de sueño modifica tus secreciones hormonales y favorece la reserva de grasas y el aumento de peso.

A partir de los 40…

Tu metabolismo se ralentiza porque vas perdiendo masa muscular. Por eso, debes añadir más proteínas a tu dieta, sobre todo antes de la cena. Debes vigilar tu peso y actuar antes de que los kilos de más se conviertan en una mochila difícil de quitar. Recuerda que la grasa a nivel abdominal puede perjudicar tu salud y aumentar el riesgo cardiovascular. Eso sí, sería absurdo pretender meterte en los mismos pantalones que llevabas cuando tenías 18 años.

Come equilibradamente y de forma variada y no caigas en las trampas de suprimir los lácteos, ya que te ayudan a conservar unos huesos sólidos. 

A la hora de hacer ejercicio, practicar yoga o pilates, conseguirá aumentar tu flexibilidad, así como tu capacidad respiratoria, a la vez que fortalecerá tus músculos. La natación, también es uno de los deportes más recomendables, debido a su capacidad para hacer trabajar todo nuestro cuerpo. Si además sufres dolor de espalda practicarla te aliviará en gran medida. Por el contrario, evita deportes más lesivos como correr o el padel.



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