En contra de las dietas detox

La gente en general quiere hacer dieta porque quieren estar ultrasanos. Y sí, esta es una de las quimeras contemporáneas.

En contra de las dietas detox

Mientras se come, no es nada conveniente hablar de dietas. Y además es ridículo. No puedes hablar de no comer mientras te comes un chuletón. Por lo tanto: si estás comiendo en un restarante, entre amigos, en familia, con clientes, etc, no hables de dietas.

Actualmente, la gente en general, en las comidas públicas, hablan de tres únicos temas: de si Podemos-Comú-Mareas-Izquierda y Unidos son o no son bolcheviques y de si de capitanear el país se comerían o no a nuestros retoños; de series de televisión (de las 500 que tienes que ver para estar a la page) y de dietas. Y miren ustedes, vuelvo a insistir, de lo uno y de lo otro, allá ustedes, hablen de ello si no hay más remedio, pero de dietas, en público, comiendo, no.

Una de las dietas más extendidas es la -alucinantemente llamada- detox. Ahora todas las mujeres hacen dietas detox. Y también muchos hombres.

Una dieta detox clásica consiste básicamente en dejar de beber alcohol, en no beber doscientos cafés al día, en dejar de fumar y en dejar de bajar a la máquina del vending a por azúcar (que luego pasa lo que pasa, que la gente va saltando por la calle como si fueran canguros, por exceso de azúcar en sangre).

Pero no, las mujeres actuales, en lugar de rehabilitarse de forma clásica, pagan a una dietista californiana que les cobra 500 pavos y te hace un seguimiento vía Skype o, en el peor de los casos, recortan la dieta detox de la revista SuperPop.

El caso es que la dieta detox consite en lo anteriormente citado (información que ya sabíamos) y en estar un dia comiendo sólo un tipo de fruta (siempre está el imbécil que elige piña y se queda con la boca llagada) y, ahora viene lo bueno: la dieta detox consite también y sobre todas las cosas, todas, en hartarse de beber zumos verdes.

El zumo verde es la mayor patraña jamás inventada y la mujer contemporánea su más fiel seguidora. Un zumo verde no es nada más que una ensalada mediterránea pasada por la licuadora (las empresas de licuadoras se están forrando, dicho sea de paso, y yo que me alegro).

El caso es que esto del detox viene de EEUU (como no). Allí hay gente inmensamente gorda y, en general, a la gente le priva mucho el fast food. Por eso se inventaron lo de los zumos detox, porque ellos, los americanos, no comen fruta, ni verdura (a no ser que esté caramelizada o tal, de hecho a un americano le pones una col delante y te dice que es un marciano, no la reconocen) y por eso los fruteros han tenido que inventarse, gracias a las técnicas de márketing, una forma de sacar sus productos adelante, y he aquí el detox. Les venden ensaladas verdes como si fuera el elixir de la juventud. Qué panolis los americanos, y qué panolis nosostras, de paso te lo digo.

Admás para hacer un zumo de esos verdes necesitas comprar, pelar y trocear del orden de cincuenta verduras diferentes. Para hacerte 33 cl de zumo verde te gastas 25 euros y tienes que levantarte a las cinco de la mañana. Ha habido casos de mujeres que se han desmayado antes de acabar el proceso porque este es tan largo que mueren de inanición.

Y una advertencia final: de tanto zumo y de tan poco masticar, al final, se te caerán los dientes por no utilizarlos. 

Etiquetas: dieta detox

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