La dieta flexitariana: así es la dieta mixta que te ayuda adelgazar y mejora tu salud

¿Sabes en qué consiste el “flexitarianismo”? Te hablamos de sus bases, de sus ingredientes clave y de sus ventajas.

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La virtud está en el término medio en muchos aspectos de la vida… y en la alimentación también. Ni sólo verduras ni un exceso de carne: este equilibrio es la máxima en la que se basa la dieta flexitariana o también conocida como demitariana, una dieta mixta que puede ayudarte a adelgazar y llevar una vida más sana, entre otras cosas. ¿En qué consiste?

La dieta flexitariana propone una alimentación basada en un alto porcentaje de alimentos vegetales (verduras, frutas, pasta, legumbres…) en la que se permite el consumo muy puntual de alimentos de origen animal. El nombre de flexitarianismo hace referencia precisamente a su carácter flexible, ya que no es una dieta vegetariana estricta en la que se excluyan la carne o el pescado, sino que éstos pueden tomarse de manera ocasional.

En los últimos años cada vez son más las noticias y estudios que vinculan el abuso del consumo de carne con enfermedades como el cáncer o la diabetes, además de con unos mayores índices de colesterol y grasa corporal. De ahí que el flexitarianismo haya ganado muchos adeptos recientemente, ya que es una buena forma de comer más sano, reduciendo el consumo de productos y derivados de origen animal pero sin tener que renunciar por completo a ellos, algo que puede llegar ser difícil para muchas personas.

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La alimentación flexivegetariana comparte todos los beneficios de la dieta vegetariana (menos riesgo de sufrir un accidente cardiovascular, un descenso de la presión arterial, reducción del colesterol, mayor longevidad) y mantiene las ventajas de consumir ocasionalmente ciertos alimentos de origen animal, por los aportes puntuales de ácidos grasos omega 3 procedentes del pescado azul, o por la vitamina B12 que proviene de las carnes y de la que numerosos vegetarianos estrictos suelen sufrir carencias.

Los defensores del flexitarianismo también se apoyan en otras cuestiones más allá de la salud. El maltrato animal, junto con el cuidado y la sostenibilidad medioambiental, son dos cuestiones que pueden hacer pensar en dejar de consumir alimentos de origen animal o al menos, reducir su ingesta. Y es que según las Naciones Unidas, ¡la producción de ganado emite más gases de efecto invernadero que todos los coches del mundo juntos!

El término “flexitarianismo” surgió en el año 1992, cuando la periodista gastronómica Linda Antony lo utilizó para referirse a un restaurante de cocina creativa fundamentada en vegetales, cereales y legumbres, pero con pequeñas concesiones a los productos de origen animal. En 2003, The American Dialect Society, la institución dedicada al estudio del inglés en Norteamérica, la votó como la palabra más útil del año.

 

Muy aparecida a la dieta mediterránea original

En realidad, si analizamos la dieta flexivegetariana, llegamos a la conclusión de que es muy parecida, si no similar, a nuestra dieta mediterránea. Eso sí, la original, aquella de la que disfrutaba la generación de nuestros abuelos. Esta alimentación estaba basada en el consumo abundante de cereales, legumbres, frutas, verduras y hortalizas, además de un consumo muy moderado de pescados y carnes blancas, como el pollo el pavo. Y por supuesto, el aceite de oliva.

 

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