Los trastornos alimenticios y su menor influencia en los deportes de equipo

Cuidarse y hacer ejercicio para estar en forma tiene numerosos efectos positivos para la salud y es muy recomendable para conseguir una sensación de bienestar.

Trastornos alimenticios

Cuidarse y hacer ejercicio para estar en forma tiene numerosos efectos positivos para la salud y es muy recomendable para conseguir sensación de bienestar, sin embargo, el culto al cuerpo, en muchas ocasiones, es llevado al extremo y se convierte en una verdadera pesadilla para sus “víctimas” que pasan a vivir sometidas a la presión de las calorías.

 

Enfermedades como la anorexia y la  bulimia pueden afectar a hombres y mujeres, aunque numerosos estudios avalan que la mujer es más susceptible a padecer este tipo de trastornos porque suelen tener una mayor inestabilidad de la autoimagen. Este tipo de patologías aparece frecuentemente entre la población sedentaria, sin embargo, se ha comprobado que las mujeres deportistas, sobre todo de algunas disciplinas, constituyen una población de riesgo para este tipo de problemas de salud.

 

En España la incidencia de trastornos alimenticios en deportistas se sitúa en torno a un 23%, sin haber grandes diferencias en los factores de riesgo respecto a la población general, salvo en la exposición pública del cuerpo y la presión de los entrenadores a la que, muchas veces, son sometidas las deportistas, según datos recogidos en la obra `Eating disorders in athletes: a review of the literature’ publicada en  

J Sci Med Sport,

 

Los deportes en los que la exhibición del cuerpo y el aspecto estético es mayor, como el ballet, la danza, la gimnasia rítmica o la natación sincronizada, conllevan más presión para las deportistas, ya que la búsqueda de la perfección del cuerpo es mucho mayor que en otras disciplinas. También se ha comprobado que los deportes en los que se establecen categorías por peso, como pueden ser el boxeo o el taekwondo, entre otros, obligan a sus deportistas a un control estricto sobre sus kilos y, muchas veces, llevan a cabo auténticas “salvajadas” para tratar de reducir peso y poder competir en categorías inferiores.

 

La ansiedad que presentan las practicantes de este tipo de deportes, que saben que jueces y público observan su cuerpo al milímetro, no se ha detectado en las mujeres que practican deportes en equipo como el fútbol, el baloncesto, el hockey o el voleibol, en los que la buena forma física es un papel importante pero la habilidad y la calidad relegan la estética a un segundo plano.

 

Hay que tener en cuenta, además, que en disciplinas como la danza o la gimnasia rítmica, la edad de iniciación es muy temprana, y las chicas que los practican pasan gran parte de su pubertad y adolescencia sometidas a esa presión y esas “exigencias” físicas.

 

Por otro lado, la sensación de rivalidad y competencia es mayor en las disciplinas individuales frente a la sensación de compañerismo y trabajo conjunto que se suele dar entre las compañeras de un deporte en equipo.

 

La concienciación y el seguimiento de las deportistas es vital para identificar conductas que pueden ser la señal de alarma para detectar y tratar los trastornos del comportamiento alimentario.

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