Samia Yusuf Omar, de símbolo de espíritu Olímpico a víctima de la patera

La tragedia que viven miles de personas que tratan de buscar un futuro mejor arriesgando su vida en una patera es, o debería ser, ya conocida por todos

Samia Yusuf Omar

La tragedia que viven miles de personas que tratan de buscar un futuro mejor arriesgando su vida en una patera es, o debería ser, ya conocida por todos. Sin embargo, hasta que la noticia no es lo suficientemente espeluznante no parecemos darnos cuenta de la dimensión del problema.

 

Samia Yusuf Omar, o la atleta somalí que perdió la vida en una patera, se ha convertido en la cara más dramática del deporte olímpico. Samia protagonizó los titulares de periódicos de todo el mundo tras llegar la última en la prueba de 200 metros en los JJOO de Pekín 2008. Con solo 17 años y sin contar con las mismas posibilidades ni medios para prepararse para una competición así, la somalí hizo gala de un tesón y una voluntad que llegaron al corazón de los espectadores. La grada se puso en pie y Samia se convirtió en símbolo del espíritu olímpico.

 

Tras la hazaña, los vítores y aplausos enmudecieron y la atleta regresó al ostracismo de su Somalia natal para sumirse en el silencio, el miedo ante ataques fundamentalistas, la represión, la pobreza y el hambre.

 

Gracias a su esfuerzo, Samia logró establecerse en Etiopía y conseguir un entrenador que pudiera acercar su sueño a la medalla olímpica, pero su camino volvió a truncarse y decidió marcharse a Libia. De allí, precisamente, partió la patera que debía llevarla a Italia, a una nueva vida, pero su sueño, y sus esperanzas se quedaron en mitad del camino.

 

La historia de Samia es la prueba más trágica y más dura de que el deporte no es igual para todos ni todos los deportistas pueden vivir de él.

 

Te mostramos, en nuestra galería¿Se puede vivir del deporte?, algunos ejemplos, mucho menos trágicos, pero igual de claros, de que ser deportista no implica lo mismo para todos los profesionales.

 

 

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