Peter Philips, el maestro del color

Cuando la creatividad, imaginación y diseño se unen para crear el objeto de deseo de la mujer: el maquillaje. Visto en Marie Claire México

Peter Philips, el maestro del color

Peter Philips es un hombre fuera de serie. Tras graduarse por parte de la Academia de Bellas Artes en Antwerpen, Bélgica, lo más lógico hubiera sido que buscaraejercer una carrera en diseño de modas, y unirseal destacado grupo de La nueva guardia belga, conformado por una generación de diseñadoresjóvenes, innovadores y vanguardistas. Pero Peter eligió un camino menos recorrido, trabajando en los backstage de los desfiles de moda.

Para él, fue obvio y crucial el papel que desempeñaba un maquillista en el universo de la moda, y ahí fue donde decidió poner en práctica su talento. Ha colaborado con los mejores fotógrafos internacionales, desde Irving Penn hasta Patrick Demarchelier. En campañas publicitarias y pasarelas, Peter Philips ha compartido su visión con el mundo, siempre excéntrica y refinada. En marzo del 2014, fue nombrado director creativo y de imagen para Christian Dior Make Up. Con su calidez y pasión característica, nos recibió en su taller bajo el techo de un departamento en el 8º distrito de París, para presentarnos la nueva versión de Dior Addict Lipstick, una proeza tecnológica que había soñado desde hace tiempo.

MC: ¿Cuál es tu definición de maquillaje?

PP: La posibilidad de dar a la mujer una opción para sentirse hermosa, un accesorio. Hay básicos que ayudarán a que resalte sus puntos fuertes y ocultar los que ella considera débiles, y después, abrir un espectro enorme de diferentes tonalidades si quiere ir más allá y probar algo distinto.

MC: ¿En qué tipo de mujer piensas cuando creas un producto?

PP: Me imagino combinaciones de colores y texturas que puedan garantizar un efecto de belleza tanto en una niña de dieciséis años en Tokio, como en una señora de cuarenta y cinco en Estocolmo o en una mujer de negocios en Nueva York. Mi misión es crear maquillaje para las mujeres Dior de todo el mundo, de diferentes contextos, culturas, profesiones y edades.

MC: Trabajas en los shows de tu amigo Raf Simons. ¿Cómo funciona su trabajo en equipo, él te dirige?

PP: Trabajamos en paralelo. Para el desfile de alta costura de otoño-invierno 2015, pude utilizar mi nueva colección en un contexto de pasarela. No había diseñado productos ex profeso para eso antes, pero Raf los amó, así que se creó una armonía perfecta. Ambos tenemos herencia flamenca en nuestro ADN.

MC: ¿Cómo fue tu entrada al mundo del maquillaje?

PP: Siempre he estado obsesionado con la moda. La Academia de Bellas Artes en Antwerpen es una institución en la que ves estudiantes vestidos como si fueran aves del paraíso, con looks extraordinarios, es super intrigante. Yo quería ser diseñador, pero mis padres me dijeron que antes debía graduarme en algo más “serio”, entonces estudié publicidad y luego me incorporé a la Academia. Aprendí mucho, especialmente que crear ropa y colecciones no era lo mío. Estaba más intrigado por todo lo demás. Nos permitían viajar con los jóvenes diseñadores belgas mientras hacían pasarelas en París: Martin Margiela, Dries Van Noten… nosotros estábamos en el backstage y fue ahí donde sentí mi corazón palpitar por la moda: la pasión, el estrés, la música, la decoración, la luz, los estilistas y maquillistas… fue ahí donde observé el poder de la transformación. Cuando me gradué tomé una decisión: ¡iba a introducirme en el mundo del maquillaje! Mis primeras motivaciones como maquillista fueron las sesiones fotográficas y la moda, pero uno tiene que sobrevivir, entonces hice de todo: comerciales para lavadoras, makeovers para revistas juveniles… pero también fue una buena escuela. Es ahí donde aprendes el oficio. Trabajé en NY... y luego me pidieron que empezara a crear productos. Descubrí otro lado de la belleza y me confronté más que a un mundo de fantasía, de demandas reales.

MC: Eres conocido por tu visión avant-garde. ¿Cómo trasladas eso a una casa de moda que se caracteriza por su herencia y legado?

PP: Las primeras colecciones de Mr. Dior, y el ADN de Dior son demasiado vanguardistas... pero no me gusta jugar la misma carta cada temporada, se volvería muy repetitivo. Hacer un show sólo por el hecho de hacerlo, es muy egocéntrico. No hago esto para mí, sino para las mujeres. Hacer que deseen, seducirlas por medio de productos, que quieran probarlos y experimentar con ellos. Eso es lo que sucedió con los delineadores de calcomanía Mirror Eyes para la primera colección de alta costura de Raf en la cual trabajé. No fue un producto destinado para ir de la pasarela a la calle, y aun así, la versión de calle salió al mercado. No soy el dictador del look, pero sí del deseo y la seducción.

MC: Christian Dior mencionó “disfruta el privilegio de estar en la edad del derroche…”. ¿Eso resuena en ti?

PP: Sí, uno debe cultivar a su niño interno y mantener un poco de locura. El día que eso desaparezca, creo firmemente que será el momento de retirarme. Uno debe sorprenderse, tomar riesgos y hacer de todo esto un juego.

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