Belleza -- Maquillaje

12 tintes labiales perfectos para olvidarte de reaplicar el color

Te traiciona debajo de tus propias narices. Sin misericordia ni disimulo. Es un Judas para llevar, pequeñito y discreto, que promete susurrar y acaba derramando sangre. Lo hace cuando no te das cuenta, cuando tus defensas están bajas. Te desbarata y resquebraja en un par de horas. En toda tu cara. La ojeriza de la barra de labios es colosal.

En ocasiones ni siquiera necesita horas. Con veinte minutos de charla o unas gotas de grasa le sobra. Su poder rebasa su tamaño, se expande a través de dos vías, cada una con su destino final: conseguir el efecto CSI y lograr el efecto miopía.

El primero hace que los labios se enreden con la estética de las grandes damas del folclore español. La boca torna bicolor, el centro se aclara y los bordes se saturan delineados, se marujizan. El efecto CSI elimina el color y salva los filos. Los labios quedan delineados como la silueta de un cadáver en el escenario del crimen.

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El segundo desdibuja los labios, los pixela y emborrona como si hubieras intentado quitar una mancha en la ropa. Los bordes se ablandan. El color se muda a la piel. El  pintalabios desaparece, pero un velo turbio cubre los morros.

 

Y nadie fuera de una pasarela quiere eso. La pérdida de color nunca es buscada. Cuando por la mañana una se compromete con un labial, la unión se hace inquebrantable. Volver a él es la única opción posible. La relación, como con los perros y  la celulitis, es indisoluble. Por el efecto CSI y el miopía, una barra de labios aplicada antes de salir de casa obliga a una perseverancia de opositora. La atención ha de ser constante y férrea, asunto inviable en un diario normal.

 

Pero los tintes labiales no requieren compromiso. Aplicados a la largo del labio, se adhieren a la piel como la verdina a unos pantalones blancos. Difuminados a lo ancho, sin llegar a rozar los bordes, todo potencial desvanecimiento con ellos resulta natural. Ni efecto CSI ni miopía estética. Si la comida y las palabras trastocan el color, que parezca que acabas de tomarte un polo de fresa y no hecho el boca a boca a un puercoespín. Hemos rebuscado en el cajón del maquillaje. Estos son nuestros preferidos.