Los 7 pecados capilares

En torno al universo de la cosmética capilar se han construido algunas teorías engañosas que van de boca en boca y de peluquería en peluquería. Hemos decidido desmontar los mitos que te traen por el camino de la amargura.

1. Amoniaco: ¿tan malo como lo pintan?

tinte pelo belleza

El amoniaco es una sustancia química que se ha usado en coloraciones permanentes durante más de 50 años. La razón es que ha demostrado ser la mejor tecnología en cuanto a rendimiento –resultados de la coloración– y protección del cabello. ¿Por qué? El amoniaco es una molécula muy pequeña que cumple su función de ayudar en la coloración y después se evapora. Esa es la razón por la que lo podemos oler. Gracias a esa evaporación, y consecuente olor, el amoniaco no permanece en el cabello, evitando que provoque reacciones con las proteínas del pelo. Simplemente desaparece.

¿Es mejor la coloración bío? No necesariamente. Se cree que son de composición natural y que por ello son menos 'dañinas', pero esto no es así. Sólo la henna, que es de color naranja, es realmente natural, el resto contiene componentes químicos como la PPD, que permite que existan diferentes tonos. En concreto, esta molécula, PPD, es la mayor responsable del desarrollo de alergia al tinte capilar. Estos fueron los resultados publicados por la firma Wella después de llevar a cabo un completo estudio científico. Solo en caso de alergias demostradas conviene prescindir del amoniaco.

2. Sulfatos: ¿por qué no?

A raíz de los alisados de queratina –incompatibles con estos conservantes que hacen espuma–, comenzaron a mirarse con recelo. Pero fuera de ese supuesto, son inofensivos.

3. Momento'styling': ¿con o sin alcohol?

Siempre se ha dicho que el alcohol que contienen los productos de acabado reseca el cabello, pero no es cierto. Se trata de un compuesto orgánico volátil que se evapora muy rápidamente. Por lo tanto, no tiene tiempo para penetrar en el pelo y secarlo cuando se utiliza como solvente. Además, no queda otra. En los productos de styling se usan típicamente dos líquidos para disolver los ingredientes activos: uno es agua y el otro, el alcohol. El motivo por el que se usa uno u otro depende principalmente del tipo de producto.

4. Siliconas: ¿prescindibles?

Absolutamente, a no ser que te guste hacer espuma y aportar al cabello un extra de brillo y suavidad. Es cierto que se trata de un 'adorno' y que los ecologistas prefieren la versión 'sin', pero hay seguridad cosmética. Varios estudios clínicos independientes han confirmado la seguridad de la tecnología de las siliconas para el consumidor, así como sus propiedades de cuidado para el cabello.

5. Parabenos: la era 'sin'

Basta con que un envase incluya la leyenda 'sin parabenos' para que estos se conviertan en el enemigo a desterrar. ¿Son tan peligrosos? El doctor Conde-Salazar, jefe de Dermatología del Hospital Carlos III de Madrid, deja bien claro que no: "Los parabenos son unos sensibilizantes débiles, y solamente pieles sometidas a una aplicación repetida de múltiples alergenos tendrían un umbral lo suficientemente bajo como para sufrir una reacción".

6. Frecuencia de lavado

No hay reglas. Cada uno debe lavarse el cabello según las necesidades específicas de su tipo de pelo y textura: a diario, semanalmente o cada tres días. La clave, como señala la dermatóloga Aurora Guerra, es hacerlo siempre con el champú adecuado.

7. En la zona T: protección

El cabello también tiene zonas con mayor tendencia a la grasa, como el cuero cabelludo y las raíces, mientras que las puntas son más secas. La mayor concentración de sebo es necesaria para proteger al cabello. Tener el pelo graso no es malo.

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