Ana Soria debuta como apoyo de Enrique Ponce en la plaza de toros de Huelva

La joven ha decidido acompañar a su pareja desde el tendido y lo ha hecho visiblemente nerviosa

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Ana Soria

Era casi imposible ver a Paloma Cuevas en una plaza de toros. La propia empresaria lo confesó hace ya casi 15 años, “no tengo el valor de ir a la plaza”, y mucho menos cuando el amor de su vida y padre de sus dos hijas se jugaba la vida frente al toro. Pero las cosas han cambiado mucho en los últimos meses y desde el pasado lunes Enrique Ponce ya puede presumir de contar con un apoyo de lo más íntimo desde el tendido. El de su nueva pareja, Ana Soria.

Han hecho falta tres tardes desde que comenzase la temporada taurina para que la joven almeriense se decida a acompañar a su pareja, que ya dejó claro en la primera de ellas pintando una A en el albero de la plaza que su historia de amor iba viento en popa. Fue la arena de Huelva la elegida por Ana para ver torear a Ponce. Acompañada de un reducido grupo de amigos íntimos y con un sencillo pero elegante vestido lencero en gris perla, Soria vio a su chico enfrentarse al toro sin soltar el teléfono, desde el que inmortalizó muchos de los momentos. Tan pronto como Enrique terminó con su último toro de la tarde, la andaluza abandonó el tendido y puso rumbo al hotel en el que, poco más tarde, se reunió con el diestro.

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Enrique Ponce

En la terraza del mismo y haciendo caso omiso a la presencia del grupo que le acompañaba, Ana y Enrique dieron rienda suelta a su pasión con besos y carantoñas que comenzaron en el hotel y continuaron durante la cena romántica de la que la pareja disfrutó en el centro de Huelva como dos enamorados más.

La historia de amor entre Ana y Enrique está dando mucho más que hablar de lo que los propios protagonistas podían esperar. Y lo cierto es que, aunque durante los primeros compases de la polémica quisieron pasar desapercibidos, su actitud ha cambiado y han optado por presumir de historia y gritar a los cuatro vientos que su amor es tan fuerte como puro y que su relación va viento en popa, le pese a quien le pese. 

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