¿Por qué es tan importante que Tamara Falcó sea marquesa?

La nueva marquesa de Griñón acercará la aristocracia a las nuevas generaciones que podrán dejar de percibirla como algo añejo y caduco

Toda sociedad necesita referentes y la nuestra no es una excepción. Actualmente, vivimos en un mundo muy cambiante donde nacen y “mueren” estrellas con una velocidad vertiginosa y por ese motivo la persona sobre la que va este articulo es de suma importancia. Mucho más de lo que se puede llegar a creer en un primer momento. Tamara Isabel Falcó Preysler es famosa desde que nació. Ella no eligió su fama, sino que le llegó por ser hija de la reina de corazones, Isabel Preysler, y un aristócrata con grandeza de España, Carlos Falcó. Otra cosa es lo que haya decidido hacer ella misma con esa fama “heredada”. Sorprendentemente, y contra lo que muchos pensaron, pues la joven ha sido durante años un meme nacional, con Tamara, la fama le pasa lo mismo que con la energía: que nunca se pierde, solo se transforma. Y aunque a otros tantos le sorprenda que haya sido obsequiada con un marquesado por su difunto padre, la noticia tiene mucho más alcance de lo que pueda parecer.

Isabel Preysler, Tamara y Carlos Falcó
Gtres

Sí, ya está confirmado: Tamara Falcó será, cuando así lo promulgue el rey, la nueva marquesa de Griñón. Con el cambio en los estamentos de clase tras el fin del franquismo, llevar un título nobiliario se convirtió en casi lo mismo que no llevarlo. España es una monarquía constitucional y los títulos están reconocidos legalmente, pero en nuestro día a día, poco influyen, salvo para impresionar a personalidades anodinas. Desde entonces, las generaciones venideras empezaron a restarle importancia a las dignidades, y las antiguas casas de abolengo españolas fueron perdiendo notoriedad y popularidad, salvo contadas excepciones.

Cayetana de Alba: la duquesa pop

Si la figura de Lola Flores era transversal, la de Cayetana de Alba no se le queda atrás. En un mundo donde lo importante no es tanto el ser barriobajero pero ante todo parecerlo, figuras como las de la aristócrata con más títulos del mundo fueron durante décadas un espejo encantado que nos permitía mirar al pasado, a una sociedad que ya no existe. Cayetana ejerció durante años de duquesa universal, ícono pop, que tanto alternaba con los reyes de España como se arrancaba a bailar por sevillanas en algún tablao de dudosa reputación. Con Tamara va a pasar un poco lo mismo. Su condición de ídolo transversal y símbolo de muchos de los valores abrazados por los milennials, tales como la candidez, la naturalidad, el desparpajo y el glamour, hacen de ella la persona idónea para enseñar a una nueva generación de españoles que puede que sea cierto que ser marquesa no tiene mayor importancia, pero que puede ser algo excitante y divertido poder representar con dignidad algo tan ancestral como la vinculación que tiene cada uno con su familia, con su pasado, venga de donde venga. Nos pasamos la vida escuchando que las niñas ya no quieren ser princesas, o en este caso marquesas, pero quizá eso pase porque lo asociamos a algo añejo y caduco. Pero cuando de repente, una de las chicas más famosas del país, una influencer mayúscula, paseé su título con orgullo, las cosas pueden cambiar. Al fin y al cabo, ser marquesa es tan importante como ser activista. Ninguna de ambas opciones es en sí una profesión. ¿Por qué entonces le restamos tanta importancia? Es muy probable que Tamara no lo pretenda ni sea consciente de ello, pero su papel tiene un peso en la sociedad que trasciende las cuatro paredes de su casa. Tamara le va a mostrar a los más jóvenes que ser marquesa es tan guay como no serlo y eso es una gran lección en una sociedad donde los prejuicios están a la orden del día.

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