Adam Driver, el rostro anguloso al que adora la pantalla

Con la ovación en Cannes a 'Paterson', donde interpreta a un conductor de autobús que es poeta en sus ratos libres, el actor se consagra como uno de los grandes talentos de su generación.

Adam Driver y Golshifteh Farahani

La jornada de ayer en el Festival de Cannes tuvo su película-estrella, una de las que parece que tienen más papeletas para colarse en el palmarés final del festival: Paterson, de Jim Jarmusch. Paterson es una ciudad mediana de Nueva Jersey famosa por las cataratas del río Paissac y porque en ella vivieron, o sobre ella escribieron, autores importantes como William Carlos Williams, Allen Ginsberg, Jack Kerouak o John Updike. Y Paterson es también el nombre del protagonista de la película, un conductor de autobús al que da vida Adam Driver. La película refleja la sencilla cotidianidad de este hombre a lo largo de los siete días de la semana: el desayuno, la marcha al trabajo con la fiambrera, las horas de conducción que se convierten en un observatorio de la vida, el paseo del perro, la visita al bar o los cariños con su novia, una artista que hace todo en blanco y negro (Golshifteh Farahani, en la foto de arriba con Driver). En diferentes momentos del día, Paterson saca su cuaderno y escribe poemas. La lírica, la literatura, se cuela en la realidad, prosaica pero feliz, de este hombre corriente. Parece que Jarmush hubiera querido hacer a la vez una oda a la rutina y a la vida sencilla, pero también a la poesía, una pasión que él mismo quiso cultivar en algún momento de su vida.

Adam Driver

El caso es que para dar vida a Paterson, Jarmusch escogió a un actor que está en la cabeza de todos como el novio rarito de Lena Dunham en Girls y el villano hijo de Han Solo y Leia, Kylo Ren, en la última de Star Wars. Solo con esas dos películas y la que presentó ayer en Cannes, Adam driver ha completado ya el triángulo perfecto de la estrella de la pantalla contemporánea: un papel en una serie de éxito, un blockbuster entre los más vistos del año (parte además es una saga cinematográfica legendaria) y, ahora, una película de autor con ovación en Cannes incluida. Poco más puede pedir este ex-marine de 32 años, que se rompió el externón en un accidente justo antes de ser desplegado en Iraq y que ha fundado la ONG Arts in the Armed Forces, que se ocupa de llevar el teatro a los cuarteles. Nacido en un pueblo de Indiana, hijo de un pastor baptista y criado por otro con el que su madre se casó en segundas nupcias, Driver encontró desde muy joven en el cine la forma de abrir una ventana al mundo. Fue aquella afición la que le llevó a probar suerte estudiando arte dramático, primero sin éxito y, después del 11-S y de sus casi tres años de patriotismo militante en el jército, con mejor fortuna. En la prestigiosa escuela Julliard, de Nueva York, conoció a su mujer, la también actriz Joanne Tucker, con la que se casó hace tres años. Su físico especial, el estrafalario personaje al que da vida en Girls y su intervención en cintas como A propósito de Llewyn Davis, Frances Ha o Mientras seamos jóvenes le ha convertido en uno de los totems del cine indie. Pero, después de Star Wars, su carrera ha tomado también el camino de los grandes nombres y los grandes presupuestos. Ya ha terminado Silence, que ha rodado con Martin Scorsese, y en cartera tiene proyectos con Steven Soderbergh y Terry Gilliam (el de este es su eternamente pospuesta adaptación cinematográfica de El Quijote). Pero seguro que este humilde conductor de autobuses que escribe poesía será un papel del que nunca se olvidará en una carrera ante la que se empiezan a abrir grandes horizontes.

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