Apunta bien su nombre: Gugu Mbatha-Raw, dará que hablar

¿Qué encierra un nombre? Todo, si ese nombre es el de Gugu, abreviatura de Gugulethu, que significa “nuestro orgullo” en zulú.

Apunta bien su nombre, Gugu Mbatha-Raw, dará que hablar

Desde que en 2014 interpretase a la hija ilegítima de un capitán de navío y de una esclava africana en Belle, la actriz, nacida en Inglaterra, cuenta con una base muy devota de admiradoras, entre la que destaca su 'hada madrina' Oprah.

A sus 33 años, Mbatha-Raw puede que todavía no sea demasiado conocida, pero hay que hacerse a la idea de que se hablará mucho de ella en los próximos meses. Ha terminado de rodar La Bella y la Bestia, que se estrenará en 2017, y se ha comprometido para ser la coprotagonista, junto a Jessica Chastain, en Miss Sloane, un thriller político sobre el lobby de las armas de fuego, así como en la adaptación cinematográfica de Estado salvaje, la novela de Roxane Gay.  Y por último, la más próxima en el tiempo: en Los hombres libres de Jones, que se estrenará en septiembre, interpreta a una esclava de una plantación en Misisipí que se enamora de un granjero sureño (Matthew McConaughey), que lidera una rebelión armada contra la Confederación.

Mbatha-Raw es hija de un médico sudafricano y de una enfermera británica que se separaron cuando ella tenía 3 años. Fue su madre quien la sacó adelante en Witney, un pequeño pueblo a las afueras de Oxford donde, a eso de los 11 años, obtuvo su primer papel como Dorothy en El Mago de Oz, en el mercado local de maíz. Después de haberse enamorado desde jovencita de los escenarios, Gugu estudió teatro en la Real Academia de Arte Dramático. Y aunque le encanta una buena obra de época, no se pone límites ni se ha encasillado en papeles encorsetados. No hay más que ver cómo se desenvuelve –enfundada en un traje de cuero negro– interpretando a la atormentada estrella pop Noni Jean en Más allá de las luces y merece la pena destacar la conmovedora escena en la que canta a capella una versión del Blackbird, de Nina Simone. La actriz, que sueña con interpretar algún día, entre otros iconos, a la cantante Billie Holiday, afirma que “me encanta cantar, pero creo que tiene que ser por una causa interesante. Igualmente, Cleopatra siempre ha estado en mi lista. Me encantaría interpretar a Rosa Parks [la mujer que se negó a ceder su asiento a un blanco y moverse a la parte de atrás de un autobús, en 1955], porque creo que su historia merece ser contada”.

Alaba a Will y Jada Pinkett Smith por tomar “una postura muy valiente” en contra de la falta de diversidad racial entre los nominados a los Oscar de este año, pero también señala: “Este es el final del trayecto. El quid de la cuestión reside en que se cuenten muchas historias y en que la gente que maneja el dinero quiera que se cuenten esas historias integradoras. Hay que volver al origen de todo y replantearse por qué un proyecto recibe la luz verde en primer lugar y otros no”.
Nadie pone en tela de juicio que, sea cual sea el próximo proyecto en el que se embarque, será igual de reflexivo de lo que es ella. Afirma que “el arte tiene que reflejar el mundo en el que vivimos. De lo contrario, ¿qué sentido tendría? Lo que me resulta más estimulante es trabajar en algo que es capaz de provocar una discusión o contribuir a una conversación. Siempre queda hueco para el entretenimiento puro y duro, pero lo que más me satisface son las interpretaciones que generan debate, porque en el fondo para eso es para lo que sirve el arte”.

Mbatha-Raw intenta mantener un perfil relativamente bajo, aunque cada vez es más famosa. Es de las pocas actrices jóvenes de Hollywood que no usan ni Twitter ni Instagram (pensaba que esta última era una aplicación de fotografía). Y dice con cierta guasa: “Llámenme anticuada, pero si alguna vez volviese a haber una gigantesca erupción volcánica como la de Pompeya y, cientos de años más tarde, nuestros descendientes nos viesen con esos palos para selfies, pensarían Dios mío, debían de ser la cultura más narcisista de todos lo tiempos”.

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