Carlota Casiraghi, una mujer cosmopolita

La nieta de los Grimaldi utiliza su fama y toda su energía para algo más que para bailar de fiesta en fiesta. Su abrumador poder de convocatoria se pone al servicio de las buenas ideas.

Carlota Casiraghi, una mujer cosmopolita

Hija, nieta y sobrina de príncipes; madre y preceptora de estilo (de casta le viene al galgo), amazona tenaz y valiente a partes iguales, filósofa y salonnière contemporánea, embajadora de firmas de lujo... Carlota Casiraghi se muestra como una mujer cosmopolita, que busca su propio camino pese a sus privilegios y nobles orígenes. Hoy nos habla como embajadora de Montblanc.

Usted viene de una familia con una larga tradición y elegancia. ¿Siente la presión de mantener esta herencia? Una cosa que mi madre me enseñó fue a ser yo misma. El estilo no me define, aunque me encanta divertirme con mi propio estilo personal. Lo más importante es sentirme segura de mí misma.

¿Cómo describirías tu estilo personal? Me gusta sentirme libre de limitaciones cuando se trata de elegir mis preferencias. En pocas palabras, probablemente, diría sin temor: despreocupada, traviesa e independiente.

A la hora de vestir, ¿cómo elige las piezas de joyería y accesorios? La elección de una mujer de las piezas de joyería cuenta una historia única sobre quién es. Cada pieza que poseo tiene su propio significado y un valor especial para mí, porque evoca recuerdos y momentos inolvidables de mi vida.

¿Qué pieza debería tener toda mujer en su joyero? Las elecciones en joyería son muy personales, pero si tuviera que hacer una recomendación, yo diría que tener un reloj de calidad es muy importante. Una pieza de confianza que pueda acompañarla tanto de día como de noche.

¿Ha pensado alguna vez en diseñar sus propias joyas? No es algo en lo que haya pensado. Creo que sería muy divertido e interesante para explorar, siempre que pudiera trabajar con un maestro joyero que me ayudara a tomar las decisiones correctas. Joyería y relojería son artes únicas que requieren la más fina artesanía.

Carlota Casiraghi, una mujer cosmopolita

¿Cuál es la única pasión a la que nunca renunciaría? Además de mi pasión de madre, no podría renunciar a la equitación ni a mis caballos. Ha sido mi pasión absoluta desde que era una niña, así que no puedo pensar en separarme de compañeros tan hermosos y elegantes durante demasiado tiempo. Nada es comparable a la sensación de estar con mi caballo.

¿Qué habilidades son necesarias para los deportes ecuestres? El público ve el lado glamuroso de montar en la pista un caballo perfectamente cepillado, pero detrás hay mucha preparación y entrenamiento. La disciplina y la perseverancia son importantes.

Si tuviera de nuevo 18 años, ¿qué cambiaría de su vida? No me arrepiento de ninguna de las elecciones que he hecho, porque todas ellas me definen y han dado forma a mi vida. En muchos sentidos, estoy contenta de no pensar demasiado en las cosas de entonces, de lo contrario no hubiera tomado las atrevidas decisiones de las que ahora estoy orgullosa, como ser empresaria, escritora e incluso filántropa. Tengo la suerte de haber tenido una familia cariñosa en la que apoyarme y que siempre me alentó al ‘no importa qué’.

Muchas niñas sueñan con ser princesas, ¿qué piensa sobre ello? Aunque mi madre, la princesa Carolina de Mónaco, es una princesa, yo no lo soy. Ser princesa tiene ciertamente un atractivo romántico para muchos, pero el ser un personaje de interés público tiene sus presiones. Las obligaciones son muchas, además de ser un modelo a seguir y de ser un jefe de Estado. Es un compromiso de por vida. Como parte de la familia del Principado de Mónaco, me he comprometido a ciertas responsabilidades y asuntos oficiales, y presto mi voz al apoyo de causas benéficas.

¿Qué quería ser cuando era niña? Solo quería montar a caballo y tener uno precioso.

Carlota Casiraghi, una mujer cosmopolita

Su familia siempre ha estado muy comprometida con obras de caridad, algo que parece haber heredado. ¿Qué causas le importan? Siempre asisto al Baile de la Rosa en Mónaco, a beneficio de la labor de la Fundación Princesa Grace. Hay muchas causas pendientes que merecen atención y necesitan apoyo, y hago el mayor esfuerzo para arrojar algo de luz sobre ello cuando puedo. Uno de los aspectos que me decidió a convertirme en embajadora de Montblanc fue el hecho de que la marca está comprometida con las artes y la cultura y haya recaudado millones a lo largo de los años para Unicef y sus programas de alfabetización.

¿Cómo surgió esta colaboración? Montblanc siempre ha estado presente en mi vida y me emocioné cuando me preguntaron si podría considerar formar parte de su familia, ya que siempre he admirado lo que la marca representa: su fascinante historia y la singularidad de los productos que crea, así como su compromiso de apoyo a las artes y la cultura. Además, y no menos importante, me encanta la refinada elegancia atemporal de cada pieza de Montblanc. Valoro la importancia de preservar las tradiciones, por eso admiro su promesa de defender los valores de la artesanía europea. Montblanc representa la pasión, un valor que comparto, creando piezas duraderas y emocionantes, combinando magistralmente los valores tradicionales con la innovación constante. La colección Bohème refleja los valores de cada mujer contemporánea, independiente y segura de sí misma, una verdadera expresión de su estilo personal.

Usted viaja mucho por competiciones ecuestres y otras por compromisos de trabajo, ¿cuál considera su hogar? Yo entreno con mis caballos en Francia y viajamos por todo el mundo, tanto para las competiciones como por trabajo. Crecí en un par de lugares diferentes, pero el único sitio en el que me siento en casa es en Mónaco. Es el corazón de nuestra familia y un lugar como ningún otro en el mundo.

¿Cuál es su filosofía de vida? Haciendo una comparación con el tema ecuestre, tendría que decir que ante cualquier cosa que nos suceda en la vida, el éxito es volver a montar en el caballo cada vez que nos caemos.

¿Y su máxima ambición? Continuar con mi pasión y convertirme en la mejor amazona posible. ¿Por qué no incluso competir en unos Juegos Olímpicos?

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