¡El príncipe Harry y Meghan Markle ya tienen mansión!

La reina Isabel II ha obsequiado a la pareja que contrajo matrimonio el pasado 19 de mayo con un nuevo regalo de ensueño: Adelaide Cottage, un dominio en medio del castillo de Windsor.

La pareja real más deseada del año se dio el “Sí quiero” hace apenas dos meses, bajo las miradas maravilladas de todo el globo. El príncipe Harry y la duquesa de Sussex recibieron desde entonces numerosos regalos, como celebración de su nueva vida de familia. Entre las personas que les obsequiaron personalmente no faltó evidentemente la reina Isabel II, que puso a su disposición el terreno de Sandringham, un espacio heredado tras el fallecimiento de su padre en 1952. La vivienda, ubicada en el condado de Norfolk, fue la del rey Jorge V y de su esposa tras su boda en 1893.

Pero es con un nuevo hogar que la máxima representante ha vuelto a sorprender a la pareja: Adelaide Cottage, un dominio en el corazón del corazón de Windsor. Construido en 1831, era la vivienda del amante de la princesa Margaret, Peter Townsend. La vivienda cuenta con un dormitorio principal, con delfines dorados en el techo abovedado y adornos de cuerda de un yate del rey Jorge, fechada en el siglo XIX, junto a una chimenea greco-egipcia. El dominio fue renovado en el 2015 y descrito como pintoresco por la organización Heritage England. Es por lo tanto uno de los patrimonios arquitectónicos más importantes del país.

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El príncipe Harry y la duquesa de Sussex fueron vistos alrededor de la propiedad que cuenta con nada menos que siete entradas y salidas para que los novios puedan “ir y venir sin preocuparse de ser fotografiada”, tal y como lo confirma una fuente al Daily Mail. La vivienda se ubica a una hora aproximativamente en coche de Londres.

Sophie Fernández

Sophie Fernández

Ser periodista y un buen café son dos de las razones que me hacen saltar de la cama cada mañana. No imagino un mundo sin igualdad, moda, belleza, viajes, tortilla poco cuajada ni rock de los 50. Con el corazón en constante vuelo directo París-Madrid. Y los pies enfundados en bailarinas de punta.

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