Dylan Penn, la mejor juventud

Modelo, actriz y cineasta incipiente, solo por ahora: ojo, que viene Dylan Penn.

Dylan Penn, la mejor juventud

Cuando a uno le toca el ADN de Dylan Penn, alimentado por los caudales genéticos de unos padres como Sean Penn y Robin Wright, parece difícil que algo pueda salir mal. En primer lugar, la base material: hay mucho de la belleza serena de Wright en su hija de 25 años, aunque lo contundente de su cuerpo pueda evocar a ese padre en el que ni un solo rasgo es sutil. Luego está el resto. El carácter, la posibilidad del talento, la carrera por delante. 

Cuando era una adolescente en el condado de Marina, un rincón de California lejos de Hollywood elegido a propósito por sus padres, la cosa apuntaba hacia la abogacía. Hasta que en el instituto se cruzaron unas clases de escritura creativa. Desde entonces solo quiere hacer eso, escribir, sobre todo cine, y de paso dirigir sus películas. Tras pasar algún tiempo en Nueva York, se mudó a Los Ángeles para estudiar cine, pero un buen día lo dejó porque lo que quería era vivir la experiencia real.

Consecuencia: los ilustres papás le retiraron la financiación, y a la pobre niña rica no le quedó otra que ponerse a ayudar a su abuela, la guionista Erin Dignam, mientras iba ejerciendo como modelo ocasional. Y esta se ha acabado convirtiendo –por ahora, porque no deja de repetir que no le interesa– en su ocupación principal, trabajando para firmas como Gap, Fay o Ermanno Scervino.

Últimamente parece que escucha más a sus padres: estos le recomendaron que, si quería dirigir, actuar sería un buen primer paso. Dicho y hecho: el año pasado protagonizó Condemned, una esperpéntica cinta gore, y estos días podemos verla fugazmente en Elvis & Nixon, la película sobre el momento surrealista en que El Rey Presley se propuso al presidente de EE. UU. como agente secreto anticomunista. Seguro que no será la última vez que la veamos en una pantalla.      

Etiquetas: hollywood

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