El factor Prince

En su búsqueda de la propia imagen, Prince, genio de la música, sembró un camino de hitos, rupturas de límites y hallazgos visuales.

El factor Prince

Era un tipo raro, menudo, negro, con un talento que le salía por los ojos y los poros de la piel, capaz de tocar todos los instrumentos y de cambiar su timbre de voz, lo que le daba un factor sexy endiablado. No tenía el físico de Bowie, ni su capacidad de seducción en las distancias cortas. Era tímido, desconfiado, obsesionado con su intimidad. Y todo lo quiso hacer a su manera, incluida la búsqueda de su look, asunto que siempre le ocupó porque era extremadamente presumido.

Escondió siempre su edad y su estatura, y desde muy pronto decidió pintarse los ojos con naturalidad pasmosa. Usaba tacones aún cuando no llevara más que un slip, medias altas de corista y su guitarra, porque, decía, “las mujeres lo encuentran sexy”. Ya fueran de brocado, purpurina oro o cortados al láser, sus tacones cubanos eran una prolongación de su ser dentro y fuera del escenario, una expresión de poder y autoprivilegio.

Supo jugar a su antojo con toda la parafernalia de la indumentaria femenina, sin parecer nunca disfrazado. No sabemos qué sería para él vestirse cómodo en casa, porque en la fortaleza de Paisley Park todo era secreto. Pero en sus apariciones públicas, Prince siempre iba de Prince, aunque vistiera de etiqueta.

El factor Prince

Y no perdió oportunidad de hacer vibrar, noquear o excitar al público con su prolífico armario.

En su primer disco, Prince ofreció su imagen más 'macho': plano corto con pelo alisado, como quien lo lleva al aire, torso desnudo con vello abundante y bigote a lo latino. ¿Demasiado joven? Quizá aún se conocía poco a sí mismo y sentía la necesidad de presentarse como en una foto de carnet, sin artificios. Pero la vocación de mestizaje que logró con sus mezclas de músicas se puso en marcha también para la ropa. Desde 1981 tocó todos los palos eróticos: desde las boas de plumas rosas y los guantes y pantalones de encaje transparente, para exhibir un cuerpo diminuto perfectamente musculado, hasta las tocas de mujer árabe. Coqueteó con todas las tribus de la moda: fue psicodélico a la manera de Jimi Hendrix, neorromántico barroco, eduardiano, funky, gipsy más allá de lo habitual en un afroamericano, es decir, con un toque gitano que le permitía juguetear con los lunares, las chorreras, los pantalones de talle alto y el chaleco corto de torero sobre la piel desnuda. Sin adherirse jamás a ninguna moda, recuperaba estilos, los vapuleaba, les daba actualidad, los subvertía, y todo lo que 'el príncipe' exudaba quedaba flotando en el aire como un signo de los tiempos.

Sus primeros trajes tenían un aire zootie, a lo Cab Calloway, hombreras-percha y chaqueta larga, aunque él prefería el pantalón definitivamente estrecho. Con el tiempo, esta inspiración –que él derivó hacia la casaca suelta–, fue una constante, una actitud en su vestuario, aparte del color púrpura y lo que pudiera acompañarlo.

El factor Prince

En realidad, Prince siempre vistió como un negro, dominando esas mezclas de colores que solo quedan bien sobre una piel oscura, y se divirtió con su indómito pelo rizado para esculpir las identidades que se le fueron antojando: indio salvaje, chico bueno, mente sucia, ejecutivo, superstar…

Hacia los 90, ya había aprendido a sacar buen partido a su físico. Su ropa estaba mejor cortada y confeccionada, aunque solo en contadas ocasiones supimos por quién, ya que todo se guardaba bajo llave en Minneapolis. En su momento de estrella planetaria, los creadores –Karl Lagerfeld, Giorgio Armani, Jean-Paul Gaultier– se rifaban vestirlo, pero nadie logró nunca tener una confirmación exacta de su estatura. Gianni Versace logró que posara para Richard Avedon en dos fotos: con traje rojo entallado y con camiseta de malla metálica, para el libro Rock & Royalty. Pero era un pájaro demasiado libre para caer en la jaula del fashion system.

En los últimos 20 años, sus looks en conciertos y apariciones públicas fueron audaces y perfectos, como dardos, como una declaración de principios: soy músico, soy una estrella, soy indomable, soy negro. En su último recital, en Atlanta, Piano & a Microphone, pocos días antes de morir, se vistió de solista discreto con camisolas sueltas de manga acampanada en sus colores favoritos, enorme cadena dorada, chalecos y pelo afro. Definitivamente, Prince Got The Look.

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