En privado con...Rafael Amargo

Cuando el torbellino entra, el tiempo se para, y si habla, no hay más a quien escuchar. Con nuevo espectáculo en Madrid y un festival en Roma a la vista, la vida vuelve a sonreír al bailarín granadino.

En privado con...Rafael Amargo

"Yo fui bastante moderno desde el principio y no he tenido nunca problemas para que me aceptaran. Soy bisexual, tengo hijos y no he dependido nunca de nadie. Mis sponsors han sido siempre privados, y he llegado hasta donde mi sudor me ha dejado. Para mí, los puristas son los que fuman puros”.

"El tiempo que ha durado Top dance me lo he pasado muy bien, y he aprendido a decir no. A mí Antonio Gades me dijo que no. Yo lloraba por las esquinas. '¿Tan malo soy?', le pregunté. Y él me contestó que buscaba cuerpo de baile, que si un día necesitaba solistas ya me llamaría. Aprender a decir no es de sabios”.

"Ahora creo flamenco no contaminado. Y es la primera vez que lo hago limpio, tras un pasado de excesos y adicciones. Construir un espectáculo desde la claridad no tiene color. Fueron tres meses de rehabilitación y ahora vivo libre de carga. Ya no creo desde el dolor o la ansiedad, sino desde la armonía y la risa”.

"El 6 de julio estreno Mutante, en el Teatro La Latina de Madrid. Ha sido terapéutico, porque dicen que el hombre a los 42 años sufre un cambio vital para bien, como que algo en tu interior se asienta. Ha sido una catarsis. Yo tengo 41, pero bueno… siempre he sido un poco adelantado para todo”.

"Desde que a los 16 años me eligió Lola Flores a dedo para su programa en Antena 3, no he parado. Quizá no estaba preparado para algo así. Ella me enseñó a ser anfitrión, generoso y espléndido. Nunca la vi sentarse a comer mientras no estuviera ya todo el mundo servido".

"Bailar y hacerlo bien no lo es todo. Para que el artista sea grande hay que dejarle un hueco a la figura, ser personaje. Hay cosas que se llevan en la sangre, pero además hay que saber estar, tener picardía, saber jugar con los tiempos… La mayoría de cosas no se aprenden: tienen que ser”.

"Todo lo que soy se lo debo a Lorca. Mi Poeta en Nueva York llenó 33 noches el Generalife de Granada. Eso son 42.000 espectadores, y sigue siendo la joya de mi repertorio. Voy cumpliendo años y ahora bailo desde otro lado. Te digo más: si antes era el novio de Bodas de sangre, ahora soy el padre".

 

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