Jennifer Lawrence, divino tesoro

Con 25 años, la actriz es oro para la taquilla, un imán para los premios y tiene a la moda rendida a sus pies. Una chica de provincias decidida a conquistar el mundo.

Lawrence en Joy

De la carrera de Jennifer Lawrence lo más acertado que se puede decir es que parece una veloz contrarreloj hacia el éxito. Antes de 2010 pocos se habían fijado en esta joven de Kentucky de 20 años, que, ya desde el instituto, tenía muy claro que quería ser actriz. Pero aquel año, una cinta independiente que empezó generando mucho ruido en el festival de Sundance y acabó consiguiendo cuatro nominaciones en los Oscars, una para ella incluida, descubrió al mundo el talento y la belleza de esta mujer cincelada en formas redondeadas y con materiales tan deslumbrantes –cabello dorado, ojos de un azul insondable– como su sonrisa. La lúgubre historia de Winter’s Bone abrió las puertas del estrellato a esta actriz conocida por su espontaneidad, bromista y torpe –son ya legendarias sus caídas en photocalls y alfombras rojas–, que solo tres años después, con 23, conseguía por fin la preciada estatuilla. Ahora, Lawrence pasa por ser la número uno entre los intérpretes más “valiosos” de Hollywood, los que según la revista Vulture mejor combinan ingresos en taquilla, nominaciones al Oscar, menciones en Twitter o valoraciones de la crítica.

Juvenil y adulta

Lawrence recogiendo su Globo de Oro

De su talento da fe su habilidad para meterse con éxito en la piel de los más diferentes personajes y adoptar todo tipo de tonos en sus películas. Un buen ejemplo son los dos estrenos que casi han acabado coincidiendo las últimas semanas en la cartelera. Parecen dos Lawrence muy diferentes las de Los juegos del hambre (Sinsajo 2), la saga épica sobre un futuro distópico que ha convertido a la joven actriz en una popular heroína, y la de Joy, una comedia dramática en la que repite con David O. Russell, el director que le regaló su primer Oscar con El lado bueno de las cosas, y que con esta, y a espera de lo que suceda en los premios de la Academia, ya le ha dado el Globo de Oro a la mejor interpretación de Comedia. Un título de aventuras destinado a un público juvenil y una cinta agridulce y adulta que, sin embargo, muestran un rasgo en común. Sus protagonistas son mujeres valientes que compiten por el éxito mientras protegen a los suyos.

Joy es la historia de una familia a través de cuatro generaciones, centrada en una mujer que crea una dinastía empresarial y se convierte en la matriarca”, nos cuenta la actriz sobre su última película. La mujer es un personaje real, Joy Mangano, una madre soltera que, a principios de los 90, se hace millonaria al inventar dos objetos muy cotidianos: un nuevo tipo de fregona y la percha recubierta de terciopelo que todos tenemos en casa. Mangano es todavía hoy una estrella de la teletienda americana. Pero en la película el personaje no es 100% fiel a la realidad. “Su personaje está inspirado por las historias reales de muchas mujeres emprendedoras que han demostrado una fuerza increíble –explica–. Aunque la película se titula Joy, más o menos el 50% es ficción en lo que se refiere a la historia y el pasado del personaje. Muchas partes del pasado de David [O. Russell, el director], incluso su madre y sus tías, así como Lillian Vernon, otra mujer emprendedora, conforman el personaje”. La película somete a disección las relaciones familiares, en una tensión casi permanente entre la risa y la lágrima. Pero contiene un mensaje edificante, el de “encontrar lo extraordinario en lo ordinario”, como resume la actriz. “Joy crea un invento muy simple que puede ayudar a cambiar la vida cotidiana de muchas mujeres. También es una historia inspiradora sobre la posibilidad de encontrar el éxito a cualquier edad”.

Poder femenino

Los Juegos del Hambre

El mensaje feminista –para los estándares hollywoodianos– de la película está en consonancia con las actitudes recientes de Lawrence, que a pesar de su juventud y de un físico espectacular, se ha convertido en una de las voces contra la discriminación femenina o la dictadura de la belleza más escuchadas en Hollywood. “Yo tengo una lista interminable de cosas que son muchísimo mejores que estar delgada”, respondía a unas declaraciones de Kate Moss hace unas semanas durante una parada promocional en El hormiguero.

Jennifer Lawrence ha tenido las cosas claras desde joven. Alguna vez ha contado cómo mientras sus amigas del instituto fantaseaban con Justin Bieber, ella se esforzaba en arrastrar a su madre hasta Nueva York para que la llevara a los castings de series y películas. En su primer viaje, la chica de provincias cuyos padres regentaban un campamento de verano en Louisville, Kentucky, supo que lo suyo era la gran ciudad (ahora vive en Beverly Hills). No consiguió un papel, pero sí un agente, y a los pocos meses se enrolaba en una serie de televisión, The Bill Engvall Show, que le reportó cierto éxito, dinero y varios premios. Tras sus trabajos iniciales en cine, Guillermo Arriaga la eligió para Lejos de la tierra quemada, una historia de adulterios fronterizos con aroma tex-mex donde compartía reparto con Charlize Theron y Kim Basinger. Con aquella cinta sonó la primera señal de alarma: en el festival de Venecia de 2008, Lawrence se hizo con el premio a la mejor actriz revelación.

Cuando supo del proyecto de Winter’s Bone, la historia de una joven que, en lo más profundo de Estados Unidos, debe encontrar a un padre perdido en el submundo de las drogas para evitar que desahucien a la familia que abandonó, no dudó que tenía que estar en él. “Habría caminado sobre carbón ardiendo para conseguir el papel”, dijo a The Guardian. Su interpretación, una mezcla de contención y fortaleza emocional en una adolescente que se convierte en cabeza de familia en un entorno hostil, hizo correr ríos de tinta. El salto del cine indie al estrellato comercial lo dio cuando se enroló en la saga X-Men. Le apetecía hacer algo más ligero y la oportunidad se la dió Mystique, una mutante capaz de cambiar de forma. Pero fue otra saga fantástica, Los juegos del hambre, recién clausurada con su cuarta entrega, la que la convirtió en un icono generacional y una máquina de hacer dinero como la joven rebelde Katniss Everdeen

Mejores amigos

Schumer y Lawrence en los Globos de Oro

Pocos meses después, una comedia romántica, El lado bueno de las cosas, la historia de dos seres muy peculiares a los que la vida acaba uniendo, le dio el empujón definitivo hacia la A-List hollywoodiana. Aquel fue su primer encuentro con David O. Russell, un director con el que volvería a trabajar en La gran estafa americana, una cinta de ambiente mafioso y setentero en la que brillaba con un punto pin-up y con la que llegó su tercera nominación. Ahora reinciden en Joy. “Haría cualquier cosa con David por un millón de razones diferentes, pero cuando me lanzó esta propuesta, sabía que iba a tratarse de algo especial”. Otro de los factores que hacían inevitable que aceptara el papel era volver a compartir reparto con Bradley Cooper y Robert De Niro, compañeros de armas en El lado bueno de las cosas. “Siempre es maravilloso trabajar con ellos. En esta película, Robert interpreta a mi padre. Fue un sueño trabajar con él, y ya es la tercera vez. Es tan generoso y amable conmigo, además de uno de los mejores actores de la historia...”. Si con De Niro ya forma un tándem habitual, lo de Cooper roza el matrimonio. Joy es la cuarta película que hacen juntos.

Convertida en un icono global, Jennifer Lawrence es una de las actrices más buscadas en la alfombra roja. Desde 2013 es imagen de Dior, una firma de la que es “una fan absoluta”. El flechazo se produjo durante el desfile de alta costura con el que debutó Raf Simons, el efímero diseñador de la casa hasta el pasado mes de octubre. “Fue una experiencia mágica, increíble, me dejó alucinada. Poco después me ofrecieron ser parte de la campaña, y dije que sí inmediatamente, claro”. Ahora es habitual verla enfundada en los mejores diseños de la casa, como la colección crucero 2016. “Es divertida y accesible. Las prendas tienen capas inesperadas, y hay piezas individuales muy cool”, comenta encantada.

Últimamente, además de por sus estrenos, de JLaw se está hablando mucho por sus amistades, en este caso femeninas. Con Emma Stone y la cantante Adele se le ha visto en algún restaurante mexicano de moda en Nueva York, en lo que podría ser la versión más cotizada de una Celebrities’ Night Out. Y muy comentada es su estrechísima amistad con la cómica Amy Schumer, con la que está coescribiendo una película en la que interpretarán a dos hermanas. También ha hablado de un proyecto con el que podría debutar como directora, un sueño que la persigue desde sus comienzos. No tardaremos mucho en saber más. Porque tanto en la ficción como en la realidad, la torrencial actriz se ha convertido, con todos los méritos, en una de las figuras más omnipresentes de nuestra época.

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