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Jill Biden, una primera dama diferente y la antítesis de Melania Trump

La mujer del presidente de Estados Unidos quiere que prevalezca el mensaje frente a la imagen. Cercanía, compromiso y trabajo son los lemas de su apretada agenda.

La Casa Blanca tiene nueva primera dama y ha empezado su 'mandato' con paso firme. Jill Biden poco o nada tiene que ver con la mediática Melania Trump... Una de sus primeras decisiones marca diferencias con su antecesora, aunque ha resultado bastante sorprendente para muchos: ha roto con la tradición de informar sobre los diseños que viste en sus apariciones públicas. La razón es sencila: desea que prime el mensaje sobre la imagen especialmente en estos tiempos duros de pandemia y crisis económica mundial. Su antecesora, en cambio, ocupaba titulares por sus looks de alta costura, como el abrigo de Dolce&Gabbana de 50.000 euros que lució en una visita a Italia... Jill no desea estar en el ojo público por ese motivo.

De todos es sabido que la moda tiene mucho que ver en la comunicación política y que la forma de vestir en un determinado acto es objeto de diversas interpretaciones que, muchas veces, pueden condicionar el fondo de la cuestión. Por ejemplo, cuando en 1993 Hillary Clinton hizo su primera comparecencia pública los medios comentaron que había elegido el color rosa de su ropa para dulcificar su imagen. Por otra parte, dar visibilidad a los diseñadores de los looks de la primera dama también supone un empujón para la industria textil, pues ellas, igual que las celebrities o las royal, despiertan la pasión de las compradoras y en muchas ocasiones agotan las prendas que lucen. Aún así, la esposa de Joe Bidden quiere desmarcarse de esta práctica.

Pero no sólo eso, Jill es una persona cercana y pegada a la realidad. Tan pronto la vemos en un mitin como comprando dulces en un supermercado, como una cuidadana más. Sucedió en la víspera del día de los enamorados y ella misma subió la foto a sus redes sociales con un comentario divertido: "No se lo digáis a Joe". También sorprendió a los miembros de la Guardia Nacional obsequiándoles con unas galletas que había mandado preparar en las cocinas de la Casa Blanca para agredecerles su labor en la investidura del Presidente:  "Solo quería venir hoy y daros las gracias por protegernos a mí y a mi familia". ¿Imagináis a la señora Trump haciendo lo mismo? Ni hablar... Ella siempre mantuvo una actitud de cierta distancia y altivez.

 

Además, esta profesora de 69 años quiere mantener su independencia y por eso seguirá dando clases en un centro de formación profesional en Virginia y tendrá su propio sueldo, faceta que compaginará con sus nuevas obligaciones. De hecho, es la primera dama con un empleo remunerado durante el mandato de su marido. Le interesa especialmente la educación, la sanidad y el papel de la mujer. Como curiosidad y pese a que Jill no quiere que se hable de sus prendas, hay que destacar que el vestido que eligió para su discurso del 8M era una versión del que llevó Meghan Markle tras anunciar su embarazo. Firmado por Oscar de la Renta y con estampado de limones, algunos han querido ver en él un gesto de apoyo a la duquesa de Sussex. Gesto que podría corroborar lo que la señora Biden dijo en ese discurso: "Algunas mujeres están comenzando un camino que les ha sido impuesto mientras luchan por sus propias vidas y por las de sus hijos. Quieren arreglar los errores del pasado para dar forma a un futuro más brillante y prometedor para todos".

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