Leonor Watling en su punto

Dicen las malas lenguas que ha vuelto, pero en realidad nunca se ha ido. Dos películas y un disco la consagran como la chica de moda. En esta entrevista descubrimos el lado menos conocido de la adorable Watling.

Leonor Watling en el Festival de Málaga

"Defíneme macarra", dice Leonor Watling (Madrid, 1975) cuando le digo que veo un lado de ella que no es esa actriz y cantante tan educada, más bien callada, aparentemente retraída y que a lo largo de sus veinte años de carrera se ha trabajado el pasar casi inadvertida a pesar de haber sido chica Almodóvar, vivir con un músico ganador de un Oscar, el uruguayo Jorge Drexler, y estar a punto de lanzar su sexto disco de estudio con Marlango.

Muy pronto aparece una Leonor fumadora, fan de la cerveza, más bien carnívora (todo lo contrario al personaje de su última película) y con una sortija dorada de calavera en uno de sus dedos. "Tengo códigos anglosajones para muchas cosas, heredados de mi madre inglesa, pero eso no quiere decir que beba té con el meñique levantado". La veo durante la sesión de fotos, realizada en el Kitchen Club de Madrid. La gamberra existe, pero la chica buena también.

Para la sesión de fotos se ha traído su propia comida en un par de tupers dentro de una de esas neveras infantiles que usa su hija para el colegio. "¿A que es mona?", dice encogiendo los hombros y sonriendo como una niña.

Para protagonizar Amor en su punto, sus directores, Dominic Harari y Teresa Pelegri, tuvieron que esperar a que Leonor pasara sus dos embarazos, el de Luca, en 2009, y el de Lea, en 2011. Ella aceptó, la película se retrasó; cuando se pudo estaba embarazada, la esperaron, se volvió a retrasar… Así que este estreno, más el de Mi otro yo, de Isabel Coixet, en junio, y el lanzamiento de lo nuevo de Marlango, en septiembre, la vuelven a colocar en el mapa tras su última maternidad. ¿El principio de una nueva etapa? ¿El renacer de Leonor? "Bueno, para un renacer tendría que haber caído bajo, y yo me he mantenido ahí. Haber caído bajo es destruir una habitación de hotel", dice con una ceja arqueada y gran carcajada. Y vuelve a soltar durante la sesión: "cuando un actor llega por la mañana con resaca, las ojeras y el cigarro, mola, y es la hostia, pero si le pasa a una actriz, es definitivo: estás acabada. Es así de injusto…".

Estreno de Amor en su punto

Triplete de estrenos

Unos días después hablamos en el Festival de Cine de Málaga, durante la presentación de Amor en su punto, una comedia romántica española aunque rodada en Dublín y en inglés, que se estrena el 16 de mayo: una historia de amor entre dos personas muy diferentes "donde las recetas de cocina y el amor se entrecruzan", comenta Leonor unas horas antes de subirse al escenario a presentar la gala.

La carrera de Leonor Watling ha vivido varias etapas: un debut que casi pasó inadvertido, en 1993; su primera nominación al Goya, gracias a Antonio Mercero y La hora de los valientes, en 1998; su primera serie de televisión; la llegada a su vida de Bigas Luna y, sobre todo, Pedro Almodóvar. "Ser chica Almodóvar es maravilloso", dice la protagonista de Hable con ella, ganadora del Oscar al mejor guión en 2003. "Llegaron algunas ofertas americanas, pero nunca se concretaron. Siempre eran superproducciones de Hollywood y, en ese momento de mi vida, no lo veía ni sensacional ni divertido. Luego, cuando llegaba el día que se estrenaban, reconozco que me ha dado rabia no haber sido más atrevida. Pero, bueno, cada una es como es", reconoce. Hablamos casi de la misma época en que sí se animó a lanzar su primer disco al frente de Marlango, a pesar de los miedos iniciales. "Lo viví como un riesgo: primero el normal, sobre si gustaría o no. Pero luego yo estaba en un momento muy bonito en el cine gracias a la película de Pedro y no tenía claro si perdería parte de lo que tenía o pagaría un peaje. Me gustaba tanto la idea que decidí hacerlo, y que fuera lo que tuviera que ser". 

Leonor Watling y Jorge Drexler

Eso sí, ante un estreno de cine o música tiene claro dónde pesa la responsabilidad: "sacar un disco es inmediato, y muy propio. Además, haces conciertos, y te desfogas. Pero ante el estreno de cine noto menos responsabilidad. Me pongo lo más guapa que puedo para la alfombra y me tomo luego un gin-tonic para relajar". Leonor afronta todos los lanzamientos de este año con la felicidad que tiene como base la familia que ha creado en apenas cinco años. "Todo lo que te pasa lo llevas en tu maletín, todas tus movidas, virtudes y defectos lo llevas al trabajo. Ahora con dos hijos siento que tengo menos miedo, porque al saber dónde volver me puedo ir más lejos en lo que hago. A partir de ser madre tienes más claro quién eres. Sigo absorbiendo cosas y de vez en cuando voy a terapia, igual que alguien que trabaja con las manos se tiene que poner crema. Pero, sí, la maternidad me ha dado un ancla. Como ya sé dónde volver, tira y vámonos".

En su vida está, además de sus dos hijos, su pareja, el músico Jorge Drexler. Como todas las madres, lleva a los niños en el móvil, imágenes que comparte en privado con su habitual discreción. Son guapos, muy guapos. "Está claro que hiciste un buen casting para padre", le digo medio en broma. Y lo tiene claro: "yo diría que más bien me tocó la lotería con Jorge, que son dos maneras muy diferentes de encontrarse a un hombre. Tenemos neurosis compatibles y mucho sentido del humor". El suficiente como para hablar del Oscar, la Biznaga de Málaga o el Goya que él ya tiene en casa, y ella aún espera. "En casa, todos los premios que hay son suyos", dice con mucha guasa. Le digo que seguramente el amor ha provocado que le haya hecho más ilusión que él ganara esos premios en vez de tenerlos ella. Y con su sonrisa macarra, lo tiene claro: "¡Tampoco te pases!".

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