Lillian Bassman, la estrella tras el objetivo

La Fundación Loewe rinde homenaje a la mujer que revolucionó la fotografía con la exposición ‘Lillian Bassman. Pinceladas”.

Blowing Kiss, Barbara Mullen, New York, c. 1958. Reinterpreted 1994

Dicen de ella que hacía de la fotografía un lienzo, que su mirada pictórica captaba lo invisible para el fotógrafo de costumbres y que la elegancia que desprendía cada gesto, cada pose y cada enfoque de sus instantáneas resultaba inimitable. Hoy la Fundación Loewe, en el marco de la XVII edición de Photoespaña y de la mano de la comisaria María Millán, rinde homenaje a Lillian Bassman con la exposición de una amplia selección de instantáneas que recorren los periodos artísticos de la artista. La muestra se podrá visitar hasta el 31 de agosto en la madrileña Calle Serrano 26 y, posteriormente, en la Galeria Loewe de Barcelona entre el 8 de septiembre y el 9 de noviembre.

En los clásicos años 40, Lillian Bassman se irguió como revolucionaria del objetivo. Su visión innovadora de la fotografía, su gusto por la sofisticación y su sensibilidad pictórica formada desde su infancia, hizo de sus instantáneas uno de los legados más importantes de la historia de la fotografía de moda. “Mi contribución ha sido la de fotografiar el mundo de la moda femenina plasmando los sentimientos de una mujer vistos por los ojos de otra mujer”. Fue precisamente esta idea la que le llevó a promover acciones tan revolucionarias como eliminar el canon de instantáneas par alas campañas de ropa interior. En ellas las mujeres aparecían con la cabeza cortada y fajas imposibles, ella las cambió por modelos estilizadas bajo el único precepto de mantener su anonimato velando sus rostros, lo que le confería incluso más misterio y atracción a la instantánea. Este es solo un ejemplo de las muchas aportaciones de Lillien al mundo de la moda, reconocidas en 2004 con el premio Lucie.

It’s a Cinch, Carmen, lingerie by Warner’s, 1951 (alternate version published in Harper's Bazzar, September 1951)

A pesar de su éxito, en 1971 se cansó del rumbo que habían tomado las campañas y la publicidad y decidió retirarse. Hasta que con 80 años de edad se redescubrió y volvió al laboratorio para reinterpretar sus viejos negativos, guardados hasta entonces en bolsas de plástico en su abandonado estudio. Volvió entonces al cuarto oscuro para hacer de esos negativos su lienzo, inspirándose en aquellos pintores, como El Greco, que marcaron tanto su infancia. “Yo estaba interesada en crear una visión que fuera más allá de lo que la cámara veía. Esta forma de tratar la fotografía venía de mi experiencia con el dibujo y la pintura”

Y es que, aunque nada en sus orígenes hacía preveer esta meteórica carrera, Lillian llegó a lo más alto. Criada en el Bronx en una época en la que la vida bohemia no estaba bien considerada, acabó por formarse en diseño de tejidos en Manhattan y dibujo de moda en Brooklyn. Todo gracias a la mente abierta de sus padres y el temprano interés de Lillian por la pintura, la danza y las artes en general. Unas inquitudes que se mantuvieron vivas hasta dos meses antes de su muerte a sus 94 años, cuando afirmaba “aquí estoy, no es el laboratorio pero experimentar con el ordenador también es divertido”.

Loewe rinde peitesía con esta muestra a un mujer que se abrió paso entre un mundo hombres para ver la vida a través de un objetivo.

 

Fotografías:

Blowing Kiss, Barbara Mullen, New York, c. 1958. Reinterpreted 1994Blowing Kiss, Barbara Mullen, New York, c. 1958. Reinterpreted 1994

It’s a Cinch, Carmen, lingerie by Warner’s, 1951 (alternate version published in Harper's Bazzar, September 1951)

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