Maribel Verdú: misión cumplida

La actriz estrenó en el pasado festival de málaga 'La punta del iceberg', un retrato terrorífico de las condiciones laborales de este mundo en crisis que nos ha tocado vivir.

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Maribel Verdú retratada por Andoni + Arantza

Si usted trabaja en una empresa multinacional y sufre en carne propia las heridas abiertas que la crisis está dejando en el mundo laboral, debería ir a ver, obligatoriamente, La punta del iceberg, una película en la que escuchará frases, expresiones y giros, como los que siguen, que le resultarán profundamente familiares: «Que no me cuentes tu vida, que lo hagas de una puta vez», «hay que seguir el protocolo»; «soy experta en balances, no se me dan bien las relaciones personales»; «tenemos la mitad del personal y el doble de trabajo», «el capitalismo a mí me pone»; «alguien de arriba va a tener que ponerse a negociar»; «si me echan, ¿qué hago en la calle con 52 años? Tengo una hipoteca y dos hijos»; «hay una cosa que se llama ERE que pende sobre nuestras cabezas»; «yo también tengo problemas, pero al final la empresa me pregunta por la cuenta de resultados, no por la salud de mi hija»; «no tengo ni puta idea de por qué la gente se suicida aquí en lugar de en su casa, nadie les obliga a trabajar en esta empresa. Se podrían haber marchado en cualquier momento».

Me ha encantado la película, Maribel.

¿De verdad? ¿Doy el pego?

Cómo no vas a dar el pego...

De algún modo estaba predestinada a interpretar a Sofía Cuevas, esta ejecutiva agresiva que viste falda tubo, tacón de aguja y coleta tirante y que no tiene escrúpulos. David Cánovas me mandó el guión, es su primer largo, y me enganchó completamente, ten en cuenta que llevo muchos guiones leídos, sé reconocer las posibilidades que tienen. Entonces recordé que hace años Sergi Belbel me ofreció el mismo papel para teatro, porque la peli está basada en un texto de Antonio Tabares. No pude hacerla por agenda y no la vi porque andaría por ahí de gira o vete tú a saber... Te digo una cosa, primero me asusté porque pensé que no sería capaz de hacer ese papel, si te fijas no he hecho nunca a ese tipo de mujer, he hecho muchas mujeres fuertes, pero así, en plan ejecutiva despiadada, es la primera. Gerardo Herrero, el productor, me convenció.

¿La Verdú con miedo?

Claro que sí, el set de rodaje es mi hábitat natural, a eso no le tengo miedo y no me considero una persona miedosa, pero cuando leo un guión por primera vez siempre pienso 'no lo voy a poder hacer, de ninguna de las maneras', siempre creo que no voy a poder con eso. La primera lectura de guión es aterradora porque va a salir de tu voz el personaje. Creo que a la segunda frase me van a decir, 'mira, déjalo, gracias de verdad, pero déjalo, nos hemos equivocado contigo...'. Ayer mismo estuve con Pablo Berger, hago de choni en su próxima película, y estaba nerviosísima antes de empezar, luego llegas y te sale, lo haces, y lo haces bien.

Después de la madrastra que hiciste en la Blancanieves de Berger, esta es tu segunda supermala.

Una mujer que despide a su propia cuñada sin que le tiemble el pulso, pero que, al igual que el jefe de la empresa que tiene que investigar, es una víctima más del sistema.

En un momento de la película, cuando Sofía Cuevas ya tiene todos los datos, escandalosos, para hacer su informe, el jefe de la empresa le dice «usted habla de un mundo que no existe» y ella contesta: «Pues debería existir».

Debería existir un mundo en el que la diferencia entre los que vivimos estupendamente y los que no tienen oportunidades no fuera tan brutal, un mundo más ético, donde no existiera el abuso de poder.
La película es casi un thriller, es muy emocionante y entretenida, pero a la vez invita a la reflexión. El suicidio y la desesperación son el eje alrededor del que giran muchos de sus personajes. Por desgracia he tenido gente muy cercana, muy cercana de verdad, que ha intentado suicidarse varias veces y realmente es espantoso. Al contrario que muchos, pienso que el suicida es muy valiente, habría que estar dentro de las cabezas de estas personas para llegar a entender por qué no pueden con la vida y que la vida les puede. No tener una razón para vivir debe ser lo peor, no hay que juzgar.

En la película también hay una escena en Cancún.

Un Cancún muy particular, sí.

Y en ese Cancún tan particular hay una máquina de vending en la que se queda atrapada una chocolatina...

Sí, esa chocolatina lo es todo en la película.

¿Qué eliges tú en esas máquinas expendedoras?

A mí no me gusta ese tipo de guarradas para comer, y aunque no soy de tomar infusiones –porque soy de café de toda la vida–, ahora, sin embargo, me encanta el té con limón, sobre todo el que sale azucarado de esas máquinas. En la película, el personaje bebe té con limón todo el rato.

En la mesa superordenada de tu personaje aparece una libreta negra con unas letras en las que se puede leer: «Escondidos entre tu pelo y bajo los pliegues de tu vestido», parece un mensaje cifrado.

Esa libreta es mía, le dije al director si podía aparecer en ese plano y me dijo que sí. Siempre aporto cosas personales a mis personajes. Esa me la regaló mi amiga de Barcelona, Teresa Estapé, a la que conocí gracias a Helena Rohner. Me encanta la papelería, los lápices, los bolis, las libretas... El sábado quiero ir a una de esas papelerías de toda la vida, esas que huelen a papelería de verdad, porque me he quedado sin lápices de colores, los he gastado todos en mi último rodaje, porque hace ya muchos años que coloreo mandalas, es una manera de transportarme. Me relaja muchísimo. El otro día me compré en La Casa del Libro unos cuadernos para colorear que son bosques, ¡bosques! El bosque encantando, el bosque de no sé qué... Me los descubrió en una comida Almudena Grandes, que resulta que también pinta para concentrarse y quitarse todo de la cabeza.

O sea que a veces necesitas abstraerte, aunque parece que estás siempre hiperconectada y atenta a todo.

Conectada siempre he estado, hasta que he ido a la Patagonia a rodar el Faro de las orcas, una producción de Disney. Ahí, sin Internet, sin cobertura, con ese paisaje brutal, el horizonte, el cielo: naturaleza en estado puro. Solo mandalas. Me he desconectado por completo de todo, fíjate cómo será que me dice el director, Gerardo Olivares, que el Chivo [apodo del director de fotografía Emmanuel Lubezki, tres oscars en su currículum] había ganado un Oscar la noche anterior ¡y yo no sabía ni que eran los Oscars! Desconectada total, a ese nivel... Península Valdés me ha cambiado, pero muy bestia.

También haces yoga.

Había hecho años atrás y lo dejé, por falta de tiempo o vete tú a saber por qué, pero, de repente, haciendo Los hijos de Kennedy, la obra de teatro, en la que, por cierto, compartía cartel con Fernando Cayo y Álex García, que también salen en esta película, les dije a Emma (Suárez) y a Ari (Ariadna Gil), 'tengo que volver a hacer yoga, lo necesito' y resultó que una amiga suya argentina daba clases y decidimos juntarnos, y ahora cada  semana quedamos para hacer yoga juntas.

Sois muy amigas...

Muy amigas, Ariadna, Emma y Aitana (Sánchez-Gijón), que es como mi hermana, las cuatro, muy amigas, sí.

Carmelo Gómez creo que también es tu amigo y actúa contigo en La punta del iceberg.

Hemos hecho muchas películas juntos, muchas. Él es muy intenso a la hora de actuar, y yo nada, pero no puede conmigo, porque yo voy y le meto mano, le hago cosquillas y le desarmo. Ensayamos las escenas que tenemos juntos en su casa. Nuestros personajes tuvieron una relación y queríamos que eso quedara muy bien armado a la hora de llegar a rodar. Carmelo es un genio, un genio. Aquí hace de sindicalista, disfrutón e inteligente. Te epata.

El personaje que interpreta le recrimina al tuyo que ha cambiado, que ya no es la misma persona de antes, ¿alguien alguna vez, le ha dicho eso a Maribel Verdú?

Nunca, y me siento orgullosa por ello.


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