Natalie Portman: "Me convertí en una Kennedy"

Su hipnótica actuación en el 'biopic' político 'Jackie' la ha catapultado a la carrera al Oscar, pero a Natalie Portman le preocupan más cosas que gozar de éxito en Hollywood.

Primera dama

Natalie Portman

Dos días después de que Donald Trump haya sido elegido Presidente de los Estados Unidos, a principios de noviembre, el ambiente en Los Ángeles resulta… extraño. Hay poco tráfico. La gente habla en susurros. No me sorprende cuando me cuenta que intentó anular la entrevista. Le cuesta describir el ambiente reinante en la ciudad. "Alguien me dijo que parecía como si hubiera caído una buena nevada aquí, en Los Ángeles".

Viene muy al caso que hayamos quedado para hablar de Jackie, una película conmovedora y emocionante sobre Jackie Kennedy, ambientada en la semana posterior al asesinato de JFK, puesto que, en el fondo, cuenta la historia de una nación de luto por un sueño.

La película, dirigida por el chileno Pablo Larraín, se estrenó en el Festival de Cine de Venecia en septiembre del año pasado y cosechó grandes aplausos, catapultando a su estrella a la carrera por el Oscar. Y aunque Natalie Portman se parece mucho y habla de forma semejante al personaje que encarna, lo que más destaca de su interpretación es su humanidad.

Jackie gira en torno a una entrevista que la Primera Dama concedió a un periodista de la revista Life una semana después de la muerte de su marido. En un momento de la película, 'Jackie' narra, paso a paso, todo lo concerniente al asesinato, destacando detalles como por ejemplo lo maravillosos que parecían los ojos y la boca de Jack en el momento en que se derrumbó sobre su regazo.

En un momento de la película, se ve cómo Portman, ejerciendo de Jackie, se toma un respiro para encender un cigarrillo y recuperar la compostura, mientras observa con toda la calma del mundo al periodista, para acto seguido exigirle imperativamente: "No creas ni por un segundo que te voy a dejar que publiques eso".

Jackie era un icono de la moda, pero también era una mujer que decidió cómo iba a ser el fastuoso funeral de su marido en el cementerio de Abraham Lincoln. Una mujer que, sumida en la vorágine de una pena indescriptible, supo tener la visión de ayudar a una nación a superar una herida, al tiempo que aseguraba el legado de su marido.

Tengo a Portman sentada frente a mí, no lejos de donde vive con su marido, el bailarín y coreógrafo Benjamin Millepied y su hijo Aleph, de cinco años. Portman está espléndida –algo que no es extraño–, pero sin resultar pretenciosa en absoluto. No lleva maquillaje y sus facciones tan marcadas se aprecian aún más. Luce un embarazo prominente y va con zapatillas. Resulta todo menos distante.

Jackie nunca buscó la fama. "Me convertí en una Kennedy", llegó a decir. Lo mismo se puede decir de Portman, que empezó a actuar con doce años y a quien la fama llegó a modo de imposición. Nació en Israel, pero creció en Long Island, Nueva York, con su padre –un especialista en temas de fertilidad–, y con su madre –un ama de casa que ejerció como su agente–. Debutó en una película de Luc Besson, El Profesional, obtuvo algunos galones en las precuelas de La Guerra de las Galaxias, y estudió en Harvard, antes de que llegaran los móviles con cámara y las redes sociales.

Desde que ganase el Oscar por Cisne Negro en 2011, Portman se ha prodigado muy poco en la gran pantalla. Aunque debutó como directora con A Tale of Love and Darkness en 2015. Después de haber vivido dos años en París, donde Millepied dirigió la famosa Ópera de París, este decidió dejar su trabajo (según cuentan, porque la Ópera se oponía a sus cambios creativos) y la pareja se mudó de vuelta a Los Ángeles, el lugar donde se conocieron.

Ella misma nos comenta que cuando tenga a su segundo hijo, volverá a trabajar "lo antes posible". Lo hará para encarnar a otra mujer icónica, la célebre RBG, la Jueza de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg.

En la piel de Jackie

En la piel de Jackie

Reconoce que interpretar a Jackie Kennedy le supuso un reto enorme, no exento de riesgos. "En manos de alguien que no fuese la persona adecuada, podría incluso haber sido una muy mala decisión". Pero después de reunirse con Larraín, a Portman le pareció que estaba en buenas manos y empezó a prepararse en serio para el papel, practicando cuatro horas al día con un profesor de dialectos y empapándose por las noches de todas las biografías de la ex primera dama.

Tanto Larraín como ella se enviaban mutuamente enlaces de YouTube con entrevistas de Jackie. Luego, comentaban su tono de voz, sus gestos y sus manierismos.

Portman también encontró las cartas que Jackie y su hermana escribieron a sus padres el verano de 1951 que viajaron por Europa. Se publicaron en formato de libro con fotografías, titulado One special summer (Un verano muy especial).

"Jackie era tremendamente divertida y muy gamberra. Siempre elegante, era la típica jovencita coqueta que en el colegio fumaba en el cuarto de baño, que no paraba de meterse en líos con sus amigas ni de salir con chicos. Eso me resultaba muy interesante. Tener esa imagen pública… esa dicotomía del gran público; que si Jackie era el tipo de mujer con la que uno se casaba, pero Marilyn con la que uno se acostaba, ese tipo de cosas. Esa diferencia entre cómo eres y la imagen que tiene de ti el gran público, esa fricción entre estas realidades, me parecían enormemente interesantes".

Portman reconoce que también sufre una desconexión entre su lado público y su vida privada. Ha dirigido y protagonizado una película sobre el nacimiento del estado de Israel; pero, por otro lado, hace poco votó a favor de la legalización de la marihuana en California. Portman señala que "si ves lo que ha pasado en los Estados que la han legalizado, verás que, de hecho, la gente fuma menos. También hay menos penas de prisión para los que cometen delitos sin violencia. La verdad es que no perjudica a nadie". La imagen del perfume Miss Dior hace gala de un delicioso sentido del humor.

Su militancia en el feminismo

Natalie Portman

El siguiente paso en su carrera lo dará de la mano de directores muy interesantes (Xavier Dolan, Terrence Malick) e implica utilizar su tirón para ayudar a las mujeres. De la película sobre la vida de RBG, cuenta que "a pesar de ser la mejor de su clase de Derecho en Harvard y en Columbia, Ginsburg no consiguió que la contratasen. En algunos despachos, porque no cogían a judíos, y en otros, a mujeres. Fue profesora de Derecho porque no consiguió trabajo en ningún despacho. Luego, defendió casos en la Corte Suprema que sentaron las bases de los derechos de las mujeres y de las leyes de igualdad de género en EE. UU.".

Mimi Leder, que dirigió la película Deep Impact y algunos episodios de series tan conocidas como The Leftovers, de HBO, dirigirá este proyecto. Portman insistió en que tenía que ser una mujer. Cuando se trata de directores, ella defiende: "No creo que ni los hombres ni las mujeres estén más o menos capacitados para dirigir una película o viceversa. Simplemente creo que existe un serio problema: que las mujeres no tenemos oportunidades. Tenemos que ser parte de la solución, no ayudar a que se perpetúe este problema. Y como esta historia gira en torno a la discriminación de género, entendí que no podríamos no contratar a una mujer para dirigirla".

El problema es sistémico. Jennifer Lawrence, Charlize Theron y Gwyneth Paltrow han hablado sobre la diferencia salarial existente en Hollywood y ahora, probablemente por primera vez, lo ha hecho Portman. "A Ashton Kutcher le pagaron tres veces más que a mí en Sin Compromiso. Era consciente de ello y lo acepté, porque en Hollywood existe eso que llaman 'las cuotas'. Tu cuota es lo máximo que te han pagado nunca. Y la suya era tres veces más alta que la mía, por lo que dijeron que tenía que cobrar tres veces más que yo". ¿Le fastidió mucho? "No tanto como debió hacerlo. Entendámonos, nos pagan muchísimo, por lo que es difícil quejarse, pero la disparidad es enorme. Recuerdo comentarlo con Ruth Bader Ginsburg. Las mujeres, en comparación con los hombres y en casi todas las profesiones, ganan 80 centavos por cada dólar que ganan los hombres, pero en Hollywood ganamos 30 centavos por cada dólar que ganan ellos".

Portman expresa hoy sus ideas en un tono más serio que de costumbre; tal vez porque vaya a ser madre por segunda vez, o tal vez porque Hillary Clinton está en su casa de Chappaqua, Nueva York, mientras que el Presidente electo se reúne en el Despacho Oval en su primer cara a cara con el Presidente Obama. No hemos tocado el tema de las elecciones, pero comenta esto al respecto: "Me revitaliza ser una activista; nuestro arte es hoy por hoy más necesario que nunca. Ahora es más importante ser la mejor persona posible en tu comunidad, y ayudar de verdad a la gente que necesita más ayuda que nunca".

El contacto con lo esotérico y con el más allá

Natalie Portman

Quién sabe lo que puede deparar el día de mañana. Si pudiéramos predecir el futuro… Pienso esto mientras me viene a la cabeza la segunda película que Portman presentó en el Festival de Cine de Venecia este año, Planetarium, en la que interpreta a una vidente, y actúa casi todo el tiempo en francés. Le pregunto si ha experimentado en alguna ocasión algo que no haya podido explicar de manera racional. Entre risas, me cuenta una historia que le pasó cuando viajaba el año pasado por Rajastán, en India, con la directora de Planetarium, Rebecca Zlotowski.

"Nuestro conductor de rickshaw nos dijo: 'Hay un vidente al que todos los lugareños acuden; no lo conoce ningún turista'. Nos llevó a una habitación en la trastienda de una joyería para verle, y empezó a contarme una serie de cosas que me llegaron al alma. Pensé: 'este hombre me ha leído la mente'. Me enseñó unas piedras, y me dijo: 'Lleva siempre encima esta labradorita, te abrirá el chakra de tu garganta y te proporcionará tu voz'. Le compré la piedra en un mar lágrimas. Al día siguiente, le conté la historia a varias personas y les enseñé la piedra".

Os podéis imaginar el resto… Por lo visto, la piedra no era una labradorita ni nada que se le pareciera. Era un piedra del montón. "El personaje era un farsante de primera". C’est la vie. Cosas que pasan. Pero fuese una labradorita o no, lo cierto es que su voz se escucha, alto y claro.

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