Resurrection y Les Revenants: la cara B de The Walking Dead

Dos nuevas series le dan una vuelta de tuerca a la temática sobrenatural. Olvídate de la sangre: estos muertos son listos y están llenos de amor.

La serie Resurection

En los últimos años hemos visto cómo los zombies se convertían en protagonistas absolutos del entretenimiento. Incluso los vampiros han pasado a un segundo plano frente a la tropa de "retornados" que se ha colado en nuestros cines y televisores vía The Walking Dead y otras películas y series similares. Ahora tanta sangre, tanto disparo, tanta carne putrefacta y tanto muerto mareado de hambre parecen haber saturado el mercado, hasta el punto de generar una refrescante cara B, una especie de negativo –más original– de esas ficciones. Dos series recientes, la francesa Les Revenants y la americana Resurrection lidian también con quienes regresan de la muerte, pero en este caso los "zombies" (si es que lo son) tienen el cutis intacto, son tan espabilados como tú y como yo y están llenos de amor.

En el primer capítulo de Resurrection, serie de la productora de Brad Pitt estrenada hace unas semanas en EEUU, un niño fallecido treinta años atrás regresa a casa de sus padres sin haber envejecido ni un solo minuto. El soponcio de sus progenitores, evidentemente, es mayúsculo. A partir del shock se irán desentrañando las extrañas circunstancias que rodearon la muerte del niño, pero la historia pone más el acento en cómo las personas lidiamos con la pérdida y el dolor que conlleva, preguntándose qué pasaría si aquellos que quisimos y ya no están, un día vuelven a sentarse en el sofá con nosotros. Es lo mismo que planteaba Les Revenants, la excelente serie francesa que rueda ahora su segunda temporada. De la noche a la mañana, un pueblo de los Alpes se veía invadido por una serie de personajes retornados de la tumba, desde una angelical niña a un psicópata asesino, trastornando la vida de los familiares que tanto habían anhelado su regreso y poniendo patas arriba a la comunidad. A la carga filosófica de la ficción se añadía un misterio, con conexiones sobrenaturales (¿o simplemente químicas?) que hacía que lo que empezaba provocando alguna lágrima acabara en el escalofrío. Y nosotros, con ganas de una nueva temporada.

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