Stephanie Danler: la nueva inquilina de la literatura

El estilo de la joven escritora se gana a la crítica.

Atracción de letras

escritora

La voz le vibra cuando algo le gusta. Al mencionar el último libro que está leyendo, se le desata un terremoto en la garganta. "Lo acabo de empezar y ¡Dios! Qué bueno es, joder. Es una locura". Habla de Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo. Antes vino Habla, memoria, de Nabokov. Ese casi activa un tsunami. Danler engulle libros desde que era niña, y una ingesta así suele llevar a metabolizar las letras. Por eso escribe cuentos desde los nueve años. Su primera novela, Dulceagrio, que aquí publica Malpaso, escaló en 2016 la lista de los libros más vendidos de The New York Times.

El título no es un capricho. Es el término en el que la poeta Anne Carson convirtió el 'agridulce' con que Safo describió a Eros, dios del amor. La fugacidad espesa del deseo. Danler no confía en el amor romántico: "Termina por desvanecerse, pero creo en la nobleza de intentarlo incluso cuando parece destinado a fracasar".

Tampoco le convence la felicidad de las tazas con mensajes de autoayuda: "La felicidad son los momentos de paz. Deshacerte de la idea de la felicidad exaltada te libera". Como su protagonista, Danler sufrió una adolescencia revuelta. Su padre era drogadicto.

Con páginas de su vida ha hecho papel maché y moldeado Dulceagrio. También ella, como su protagonista Tess, trabajó de camarera desde los 15 años y se mudó a Nueva York con 22. En uno de sus restaurantes de moda nace la novela. La espolvorea con cocaína y la marida con affaires mientras Tess crece a fuego lento. Danler tuvo la obra de Henry James como línea de salida y la carrera de Joan Didion como meta. También tiene ya emails de Hollywood sobre la mesa. Memoriza su nombre. Será tu sombrilla de playa.

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