Emma Stone sube al trono

Emma Stone pasa de heroína juvenil a formar parte de la aristocracia de Hollywood:protagoniza las dos película de Woody Allen.

Magia a la luz de la Luna

Sexo: bajo. Complejidad: moderada. Violencia: baja. Así define la crítica americana la película de Woody Allen, que sigue con su casi sagrada tradición de estrenar película por año. Magia a la luz de la Luna es su trabajo número 46: una divertida y tierna visión de la comedia romántica made in Allen. Va a cumplir los 80 años, pero sus obsesiones no cambian: el enamoramiento, la vejez, la familia, la ansiedad...

La elegida para dar vida a su nueva heroína es Emma Stone (Scottsdale, 1988), una actriz-hormiguita, un valor refugio en Hollywood y recién llegada al universo Allen. Su compañero, Colin Firth, también es un novato en lidiar con el director vivo más lunático del planeta. "Mi madre era una fanática de Diane Keaton. Vimos juntas Annie Hall y le pusimos a nuestro perro Alvyn, en honor al personaje de Woody", ha contado la actriz.

Cuesta poco imaginar la ilusión con la que Stone recibió este proyecto, ambientado en la Francia de los años veinte, durante la época dorada del jazz. En este escenario, el mago Colin tiene que desenmascarar a la medium Emma. El director ha debido quedar contento con el resultado porque ha vuelto a llamar a la actriz para su siguiente proyecto, en el que vuelve a su ciudad-musa, Nueva York. Emma formará pareja con Joaquin Phoenix.

Testaruda y pizpireta, la pequeña Stone se pasaba los sábados estudiándose los sketches de Saturday Night Live. Con 15 años logró convencer a su madre para que se mudaran de Arizona a Los Ángeles, donde podía dedicarse serieamente a la interpretación. Allí empezó a actuar en comedias adolescentes (Zombieland y Crazy, stupid, love). Luego llegaron Criadas y señoras y la superproducción The Amazing Spiderman. Las cosas le iban realmente bien. "Al principio de mi carrera me puse Riley como nombre artístico. Estaba en el set de la serie Malcom in the Middle y todo el mundo gritaba ¡Riley! No me reconocía con ese nombre. Así que decidí ponerme Emma, que es como me ha llamado siempre mi madre.

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