En privado con... Asier Etxeandia

Polifacético y de personalidad arrolladora, es el reconocido diseñador Raúl de la Riva en la serie "Velvet" y está detrás de la producción y música de la nueva obra "Siempre me resistí a que terminase el verano". Esto es lo que nos cuenta.

Visto en Marie Claire. Asier Etxeandia

"Creo que deberíamos revisar más a Lorca, así como los ingleses los hacen con Shakespeare. El dramatismo del guión no me supuso un reto, al contrario, fue todo un honor. La obra de Lorca no envejece, se lee sola. Las imágenes que nos transmite traspasan el tiempo y explican emociones. Creo que deberíamos leer más en casa, aprovechar el legado que nos dejaron los grandes autores".

"Hoy en día, hay un resurgimiento del cine y el teatro. Tras años de crisis noto 'rabia' en el sector. Los actores nos hemos superado a nosotros mismos. El ser humano necesita entender el arte, que es como el agua, no se puede tapar por mucho que lo intentes".

"Para mí el amor es lealtad, compromiso y nobleza. Es necesario que me demuestren los sentimientos con hechos. Hay una gran diferencia entre el sexo y la pasión y el amor real. Sin embargo, el desamor tiene la gran ventaja de hacerte más fuerte. Aunque te hagan añicos, siempre acabas aprendiendo y creciendo".

"No sigo los cánones de belleza ni las tendencias. Creo en las personas auténticas, en la elegancia y en mostrar la personalidad pura. Me considero un esteta al margen de la moda. Como diseñador me quedo con Alexander McQueen, con sus extravagancias y ese carisma llevado al extremo".

"Las redes sociales son un arma de doble filo. Desde luego que el el mundo del espectáculo te ayudan a promocionarte a ti y a tu obra, pero si pudiese, me quitaría varias horas de móvil al día. Para mí es uan agenda más que un retrato de mi vida. A veces se nos va de las manos. La verdad es que mis amigos publican más en mi Instagram que yo...".

"Me encanta ser vasco, voy mucho para allá. La cultura en general, las cuadrillas, la comida. Existe una cierta 'punky nobleza' en Bilbao: no hay postureo y al final se reduce todo a los orígenes. Eso es lo que más valoro: la tranquilidad y estar con  mi gente".

"Mi pasión por la interpretación viene desde la cuna, podría decir que nací cantando. Es más, canté antes que hablé. Ser artista es una vocación y nunca me planteé dedicarme a otra cosa. Es importante saber hacer de todo. En mi opinión, el teatro es un ritual, es algo mágico. Esa adrenalina antes de subir al escenario es un regalo. Para mí y para el público".

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