Marie Claire

Casa Camuzzi: Testigo de la historia

Construida en el siglo XIX, la Casa Camuzzi es un prodigio arquitectónico que atesora el halo creativo que dejaron los personajes célebres que, como Hermann Hesse, allí vivieron.

Giulio Antonello, un empresario suizo que vive hace años en Casa Camuzzi –en Montagnola, al norte del lago Lugano, en el cantón suizo de Tesino–, con su esposa, la diseñadora de interiores Francesca Neri, y sus hijos Claudia y Filippo, recuerda cómo sucedió el milagro. “Francesca y yo nos conocimos en el instituto, en los años 80. Entonces Casa Camuzzi estaba medio abandonada, y a veces saltábamos la valla para disfrutar de su fascinante jardín. Después de años viajando por motivos de estudio y de trabajo entre Italia, Suiza y Estados Unidos, la vida nos reunió otra vez aquí, en Collina d'Oro. Buscábamos casa para la familia, pero nos decepcionaba la rigidez de la oferta. Hasta que visitamos un lugar peculiar con una distribución complicada de espacios, una pequeña joya que sobrepasaba los límites arquitectónicos. Era Casa Camuzzi, y tan pronto la vimos, nos enamoramos de ella”.

Literatura y magia
Casa Camuzzi fue construida en la primera mitad del siglo XIX por el arquitecto Agostino Camuzzi, que se inspiró en un pabellón de caza del zar Nicolás I, que le había encargado crear los estucos del Hermitage, en San Petersburgo. A principios de 1900, la Casa Camuzzi fue dividida en espacios que desde entonces alquilaron intelectuales y artistas, entre ellos Hermann Hesse, que escribió aquí algunas de sus piezas maestras. En la novela corta El último verano de Klingsor, el escritor es el protagonista que pinta paisajes a la acuarela y vive en Casa Camuzzi, tal como hizo Hesse en la vida real, entre 1919 y 1931, y más tarde, ya con Ninon, su tercera esposa, en la Casa Rossa también en Montagnola, donde murió en 1962. El escritor alemán fue enterrado en el cementerio de San Abbondio, cerca de su amigo Hugo Ball, que lo describió como “el último de la estirpe esplendorosa del Romanticismo”.
“Para un arquitecto, el mayor reto es la construcción de su propia casa”, recuerda Francesca. “No fue fácil renovar esta, con tanta historia, encanto y belleza. Intenté respetar su esencia y estructura, y luego, dentro de este universo formado por hendiduras, escaleras, nichos y habitaciones una dentro de otra, crear rincones personales, pequeños mundos para cada miembro de la familia. La atmósfera de la casa está hecha de contrastes, dentro de una tensión generada por la mezcla de suelos originales a juego con los accesorios y colores. El concepto principal es la sinergia, el contraste y la funcionalidad”.
Hoy, Giulio y Francesca coinciden: “La energía de este lugar es ya parte de nuestras vidas. No está claro si esta influencia viene de las antiguas murallas, o del halo que dejaron los personajes célebres que aquí vivieron, pero a menudo sentimos como si pudiésemos trasladarnos al tiempo en que saltábamos la valla y entrábamos en el jardín secreto, o cuando Hesse pintaba el lago, desde la ventana de su taller. Ese mundo realmente no ha cambiado, al menos desde nuestro punto de vista".
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