Marie Claire

La caja mágica: la casa de Beatrice Peruzzi

Esta villa milanesa, de estilo racionalista en el exterior y aire parisino en el interior, es el escenario de una solución arquitectónica sorprendente: una galería acristalada recorre una de sus fachadas. Esta ingeniosa reforma, ideada para respetar la estructura, es el corazón de la casa.

La reforma de esta casa milanesa con espíritu parisino fue un sueño hecho realidad para el interiorista Paolo Badesco, que siempre había querido reformar los interiores de este edificio de finales de siglo XIX, bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido después en estilo racionalista. La casa de 300 metros cuadrados pertenece a Beatrice Peruzzi, que la comparte con su marido y sus tres hijas. De la estrecha relación entre Badesco y Peruzzi nacieron unos interiores repletos de detalles vintage y una reforma que es todo un logro de inventiva arquitectónica.
La fachada, encarada a la siempre evocadora Vía XX Settembre, reclamaba una intervención respetuosa que afectase lo mínimo posible a la estructura del edificio. La solución fue convertir la baranda original de los años 50 en una galería acristalada que conectase la zona de dormitorios y el baño principal. Este elemento es a la vez un espacio habitable no solo de tránsito, recubierto de los mismos suelos artesanales de roble que el resto de la casa y que aporta luz natural a todo un lateral. Y todo sin alterar la armonía arquitectónica del edificio.
Interiores con alma
En los interiores el toque de Raw, el estudio milanés de Paolo Badesco, es omnipresente. También lo es un cierto estilo parisino. Maderas nobles, mármol de Carrara, acabados artesanales en suelos y boisseries sirven de marco a los objetos antiguos recopilados a lo largo de dos años de investigación y viajes que han servido para fortalecer la amistad entre la dueña de la casa y su interiorista. La galería fue el reto principal de la reforma, una vez resuelto, Badesco tuvo que reorganizar el interior para acomodar los dormitorios de las tres hijas. Y también en su fachada, los ventanales aportan esa luz natural tan codiciada en el plomizo pero romántico Milán.
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