Joan Manuel Serrat: "No temo a la independencia. Cataluña será lo que la historia la lleve a ser"

Un día, en una rueda de prensa cualquiera, a Serrat se le ocurrió cuestionar el referéndum del 1 de octubre y una gran tormenta mediática le devolvió a las portadas. Él, que cantó en catalán cuando no se podía, nos habla aquí de política, de amor, de enfermedad y de música. Una demostración de 'seny' con la voz de 'mediterráneo'.

Serrat

 

"Pareces un cura", le ha dicho esta mañana su mujer. Porque como casi siempre, él aparece vestido de negro. Llega sonriente, irónico, socarrón, seductor. A punto de cumplir unos magníficos 74 años, Joan Manuel Serrat nos cita en el mirador del restaurante La Venta, allí arriba, en el Tibidabo, con Barcelona a nuestros pies en un luminoso día de noviembre. Es un mito, una leyenda, pero tan cercana, tan de todos, que acabamos tuteándole. Habrá tiempo para hablar de política, del procés y de música pero Gemma Nierga, que le conoce bien desde hace muchos años, quiere empezar hablando de amor.

Joan Manuel Serrat: En 40 años no he hecho nunca una entrevista con mi mujer; solo a las que ella me somete al llegar a casa, cuando me dice: "Ahora tú y yo vamos a hablar…".

Gemma Nierga: ¿Por qué no haces entrevistas públicas con tu mujer?

J.M.S.: Porque hay una parte del mundo que uno tiene que preservar, y es muy difícil preservarlo parcialmente. A mis amigos que se dedican al periodismo jamás se les ocurre pedírmelo.

G.N.: Tienes 3 hijos. ¿Qué relación tienes con ellos?

J.M.S.: Muy buena, con los hijos y con los nietos. He tenido mucha suerte en la vida con la gente que me ha tocado: un padre y una madre envidiables, y también unos hijos estupendos que además gozan de buena salud, lo que ayuda a que la vida sea más plácida. Porque si hay algo en alguno de ellos que no funciona bien, tu vida tampoco funciona.

G.N.: Y no te olvides de tu mujer… Una de las mujeres más guapas y elegantes que conozco.

J.M.S.: Ella va por delante, es como Eddy Merckx [ciclista belga], siempre por delante. Es alguien imprescindible para mi vida y la del resto de mi familia, de su familia, que también es la mía, y que es sumamente importante porque incluso tiene tiempo para sus amigos.

G.N.: ¿Hace cuánto tiempo que la conociste?

J.M.S.: Eso me da vergüenza, porque tal y como están las cosas podríamos recibir hasta una denuncia. 

G.N.: ¿Era menor?

J.M.S.: Era muy joven, yo le llevaba caramelos de Mauri a la puerta del colegio. 

G.N.: ¿Aún iba al colegio?

J.M.S.: Terminaba el colegio.

G.N.: ¿Cómo la conociste?

J.M.S.: A partir de ahí es otro precio… [sonríe]. Lo que sí puedo decirte es que conocí enseguida a mi suegro, uno de los tipos más fantásticos que he conocido jamás, y con el que llegué a un acuerdo rapidísimo y de caballeros.

Rodolfo Irago: Al suegro no le gustaría mucho lo de los caramelos, ¿no?

J.M.S.: Eso no se lo conté, pero sin duda le habría gustado, le habría parecido una idea genial.

R.I.: ¿Cómo has conseguido preservar la relación con la familia estando durante tantos años de giras por España y el resto del mundo? 

J.M.S.: No sabría decirte si el hecho de tener que estar tanto tiempo fuera de casa ha sido un inconveniente o una ventaja. Creo que ocurren las dos cosas: mis hijos se han criado en el asiento de al lado del coche, o han dormido en una taberna de Segovia, en un capazo entre dos sillas. Ellos me han visto crecer así, y no ha sido nada extraño para ellos; venían conmigo si podían y si no, se quedaban; su madre venía o también se quedaba, nuestra relación ha pasado por este oficio y de alguna manera también esto da unos espacios de aire que creo que hacen una labor de higiene dentro de la pareja.

G.N.: Tú, que le has cantado tanto al amor, ¿qué canción le has dedicado a tu mujer?

J.M.S.: Desde que la conozco tendría que pensar más bien en qué canción, de una forma u otra, no está ella presente, ya sea de amor o desamor o de nada que tenga que ver con esta cosa maravillosa que existe entre el hombre y la mujer, y gracias a la cual crecemos y nos multiplicamos.

G.N.: Me gustaría hablar de Cataluña. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

J.M.S.: Yo en automóvil… [se ríe socarrón]. Mira, nada es casual; todo es resultado de un proceso que puede entenderse mejor o peor, depende de la implicación que históricamente hayas podido tener con él y con las cosas que han ocurrido, pero nada se da de un día para otro. Sin duda el resultado es un tremendo fracaso de la relación de Cataluña con eso que se llama el gobierno central, y a esto se llega a base de incompetencias, de egoísmos…

G.N.: ¿Y de falta de diálogo?

J.M.S.: Casi ni entraría en lo del diálogo, porque para que eso exista hacen falta dos personas que se pongan a hablar, y aquí creo que cada quién ha ido a lo suyo. Y esta falta de generosidad con la otra parte ha provocado situaciones que rozan lo incomprensible.

G.N.: Cuando las lectoras de Marie Claire lean esta entrevista, ya casi habrán pasado las elecciones. ¿Qué intuyes que puede ocurrir?

J.M.S.: De momento el resultado es imposible de prever. Aquí pasamos de una república que dura ocho minutos a una república que nunca se proclamó, a unos políticos que van a la cárcel, un presidente exiliado en Bruselas... Todo esto ha pasado en muy poco tiempo, y pasarán muchas cosas que esperemos que sean más juiciosas que las que han ocurrido hasta ahora.

R.I.: Pero, ¿qué te gustaría que pasara?

J.M.S.: Me gustaría que la gente decidiera el futuro común. Que fuera la gente la que, motu proprio, con las menos presiones, injerencias, mentiras o trapicheos posibles, pudiera ir descifrando qué ha ocurrido hasta ahora y qué nos puede ocurrir en adelante. A mí me basta con el hecho de que se produzcan unas elecciones, es un paso con el que de momento estoy más conforme. La gente hablará y dirá lo que piensa.

G.N.: Para mí, uno de los momentos más tristes de todo este proceso fue cuando a unos descerebrados se les ocurrió insultarte y llamarte traidor por manifestarte en contra del referéndum.

J.M.S.: Esto hay que ponerlo en su lugar. Son momentos muy tensos en los cuales la razón pasa a un segundo término y la sinrazón se apodera de la gente. Desconocen el significado de las palabras y están en desacuerdo con lo que otros hacen.

G.N.: ¿Pero no te dolió?

J.M.S.: No, le doy la importancia que tiene, es un exabrupto que te sueltan en la cara. Peor es lo que le ha pasado a otras personas como Isabel Coixet, que fue increpada en la calle, o a la señora Oltra en Valencia. Lo mío fueron solo insultos de descerebrados que podemos encontrar en cualquier twitter, de los cientos y cientos que podemos leer. Twitter está lleno de insultos, y se ha creado una especie de exabrupteros que se dedican a trabajar por libre o a sueldo en este tipo de cosas.

R.I.: Y en la calle, ¿has tenido algún problema o has sentido el cariño de la gente? 

J.M.S.: Yo no he tenido jamás problemas en la calle. Y no quiero animar a nadie, pero no, no he tenido problema: voy a la farmacia, a comprar el pan… La gente me quiere y noto ese cariño, es probablemente una de las razones por las que me dedico a este oficio, porque me siento muy querido y me gusta.

G.N.: A veces me pregunto si eres tan buena persona y tan honesto como aparentas [risas]. 

J.M.S.: Esto sin duda es un punto de vista tuyo, que yo agradezco y que no deja de ser algo que me halaga. Yo tenía un mánager hace tiempo que siempre decía que uno de los mejores negocios –si no el mejor– que existía en la vida era ser honesto. Lo único que ocurría es que él no lo ponía mucho en práctica.

G.N.: ¿Y tú sí? No me has respondido. ¿Quizá hay una parte oscura que no conocemos?

J.M.S.: Mis partes oscuras no las voy ni a contar ni a mostrar [más risas]. 

G.N.: Y a estas alturas de la película, de la vida, ¿cómo estás? ¿Cómo te encuentras de salud? 

J.M.S.: ¡Qué manía! Como he pasado tres cánceres, la gente cree que estoy enfermo, y no lo estoy. Tengo muchas más posibilidades de estar en perfecto estado de salud que la mayoría de los que estén leyendo esto, porque, cuando esto se publique, yo ya habré pasado una revisión en el médico, y me habrá dicho: "¿A qué viene usted aquí? Haga el favor de no volver más". Y yo le diré que me gusta venir de vez en cuando porque tiene unos ojos muy bonitos, señorita. E iré a hacerme una revisión que me deje con la tranquilidad con la que nos deja a todos los que podemos disfrutar de un buen sistema sanitario.

G.N.: Cuando te detectaron el cáncer, dijiste: "La vida no es lo que nos ocurre, sino cómo reaccionamos a lo que nos ocurre". Una frase que yo siempre tengo presente.

J.M.S.: Cuando salí del médico y me dijo lo que me ocurría, que afortunadamente fue rápido, directo, y afectuoso, lo primero que pensé fue "¿por qué me pasa a mí?". Yo no salí a la calle haciéndome planteamientos filosóficos, pensé lo mismo que debe pensar cualquiera: "¿por qué a mí?". Luego,  uno va caminando hacia casa y descubre que a otro le estará pasando algo que él ni siquiera sabe. Seguramente el de la barra de pan puede tener un problema con un hijo drogadicto, o el del taxi tenía una urgencia… Yo qué sé. Cuando llegué a casa lo hablé con mi mujer y vimos que solo podíamos ganar enfrentándolo con normalidad y sin darle más dramatismo que el que no puedes esconder. Iba a decir "darle más dramatismo que el que tiene", pero es que tiene mucho. Y me gustaría mucho, como hago siempre que puedo, mandarle toda mi solidaridad y mi apoyo a todos los que están pasando por una circunstancia de este tipo o peor.

R.I.: Hay otra frase tuya muy sencilla, "la vida es irrepetible". En alguna entrevista dijiste que comerse un melocotón recién cortado del árbol es algo único, que hay que disfrutarlo todo en la vida.

J.M.S.: Fíjese que dije un melocotón. No dije una berenjena. O sea que yo ahí ya estaba escogiendo una fruta que amo especialmente. Y sí, la verdad es que creo que agarrar un melocotón de un árbol a final de septiembre o primeros de octubre es una bendición de la vida. Y que la vida esta llena de estas bendiciones. Lo que hace falta es tener la posibilidad de poder disfrutarlas, porque si te falta esta posibilidad, la jodiste, ahí se estropea todo. 

R.I.: Componer una canción también es un momento irrepetible, ¿no?

J.M.S.: Yo me quedo con el melocotón, ¿eh? [risas], aunque luego me da más réditos escribir una canción. A veces la gente tiene una imagen de que escribir, componer, pintar son momentos de una extraordinaria felicidad. No, no. Son momentos de un curro durísimo. No conozco un solo buen artista que no sepa lo que hay que pelear para que aparezca algo con lo que estar satisfecho. 

R.I.: ¿Sigues componiendo?

J.M.S.: Espero que de vez en cuando pueda escribir alguna canción como las que he escrito y he compartido con la gente. Mientras exista la posibilidad, y la gente me aguante, lo seguiré haciendo. Y mientras me guste montarme en un vehículo e ir a dar la vuelta al mundo haciendo música, recorriendo lugares que amo o desconozco, pues lo seguiré haciendo. 

G.N.: Ahora, en Cataluña, la música se utiliza como símbolo. ¿Te gustó que Mediterráneo sonara como bandera de los no independentistas?

J.M.S.: Mediterráneo ha sido un símbolo siempre. Es una de las canciones que tienen esa suerte, como la tienen Palabras de amor o La Saeta. Es una canción tan fuerte que es inmarcable. Esto ocurrió un día, solo en una manifestación. Cuando decimos que las canciones son de todos, son de todos para bien y para mal. Yo pedí si por favor podían dejar de usar esta canción, y nadie protestó ni dijo nada. 

G.N.: Serrat, ¿tú comprendes el sentimiento independentista?

J.M.S.: El independentismo es un sentimiento muy amplio, no único. La cuestión de ser o no ser independista es como decir "yo soy blanco" o "yo soy negro". Mire, no. Del blanco al negro hay una gran cantidad de tonalidades. Del porcentaje de independentistas que había hace seis años a los que hay ahora, la diferencia es abismal. Cambian las cosas, las cifras y cambia todo. Es un sentimiento que pasa por esta cosa tan manejable y que da tan buenos réditos, que es la de los valores nacionales. Esto, a lo largo de la historia, lo he visto muchas veces, así que imagínate lo que lo habrán visto los olmos de los viejos campos. El independentismo es una voluntad de ser. ¿Esto es fijo y perdurable? No. Hemos visto curas que han dejado de serlo, comunistas que han dejado de serlo, y viceversa. 

R.I.: ¿Crees que Cataluña será independiente algún día? ¿Lo temes…?

J.M.S.: Yo temer no lo temo. Hay otras cosas que pueden provocarme temores. Cataluña será lo que la historia le lleve a ser. No va a dejar sus aspiraciones porque se aplique el 155, ni tampoco al revés. Ojalá la historia nos lleve por un camino de tolerancia, de comprensión, de conocimiento… Un camino de verdad. Un camino donde la clase política tuviera prohibido por ley y castigado severamente utilizar la mentira como medio para obtener beneficios privados o partidarios. 

R.I.: ¿Crees en algún político?

J.M.S.:  He conocido políticos honrados. Los conozco todavía. Muy honrados. Políticos que escriben cada año un libro donde dejan plasmado su pensamiento.

G.N.: ¿Nos das algún nombre?

J.M.S.: No. [Se lo piensa]. Pero si es necesario y Marie Claire me abona lo suficiente, me atrevo [risas].

 

Al final no nos da ese nombre, pero la charla continúa. Serrat invita a todo el equipo a buen vino y arroz con caracoles. A la comida se suma su mujer, Candela. Al terminar, Serrat se despide de nosotros muy cariñoso, pensando en su próximo reto: una nueva versión revisitada de su obra maestra. Su disco, nuestro disco. Mediterráneo