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Ficción

'Síntomas', un relato (de cuarentena) de Alba Carballal

“Era primavera”, escribió Janne Teller en ‘Bada’, “pero ese año no se nos metió en el cuerpo”. Con las puertas cerradas y las ventanas abiertas, Alba Carballal invocan al polen a través de la ficción.

Renée Zellweger, en una escena de 'El diario de Bridget Jones'
Renée Zellweger, en una escena de 'El diario de Bridget Jones'

Fue durante la cuarentena cuando Miguel y yo dormimos juntos por última vez. Vivir solo tiene algo de naufragio, pero el matrimonio a veces es una ruleta rusa que gira, y la nuestra decidió detenerse con el mundo patas arriba. Estábamos en la habitación, y nos gustase o no, también en la sala, y en la cocina, y en el comedor, del piso diminuto que alquilábamos al principio de la calle Palma. El único balcón de la vivienda enmarcaba con exactitud el cartel del chino de la esquina, cerrado más por racismo que por precaución y cuando nos asomábamos a aplaudir apenas veíamos las manos de la familia que vivía en el primero del edificio de enfrente. Recuerdo que en la calle sonaba aquella canción horrible de principios de siglo, y que Miguel me dijo, antes de darme la espalda, que si la cosa no mejoraba él ya le tenía el ojo echado a un potencial ligue en el gimnasio. El toque de atención no me pasó inadvertido. A lo largo de los últimos meses, el deseo se había ido apagando de un modo paulatino, pero certero; y el problema estaba en mi tejado.

'Lady comb', de Shannon Keller
'Lady Comb', de Shannon Keller

Luego estaba el otro tema, la noticia que abría los telediarios y también el motivo por el cual la primavera, cuya revolución hormonal constituía la única esperanza de salvar mi relación, no había llegado a entrar en casa. En semejante tesitura, decidí coger el toro por los cuernos: si la reclusión forzosa no permitía al entretiempo penetrar en nuestra rutina, tendría que ser yo quien convenciese a mi cuerpo de un cambio estacional invisible. Confieso que lo de ponerme julianas de cebolla sobre los ojos y dentro de las fosas nasales nunca me convenció en lo conceptual, pero el picor, como cada abril, regresó puntual a su cita con mi sistema respiratorio. Los baños de hielo, combinados con la temperatura más alta de mi secador de pelo, consiguieron despertar el catarro asociado a la brusquedad meteorológica. Los antihistamínicos y los alivios sintomáticos, por su parte, no calmaron estos males autoimpuestos, pero me provocaron una somnolencia incompatible con el teletrabajo. De la libido, eso sí, ni rastro: por mucho que tratase de imitar los síntomas, es difícil emular la primavera, y la única alergia que pervivió en aquel apartamento fue la que Miguel sintió por mí cada noche del estado de alarma. Edu, el hombre polen, había vuelto a fracasar. Hay poco que hacer cuando en tu vida se ha instalado el invierno.

 

Alba Carballal (Lugo, 1992) se formó como arquitecta, ejerció de traductora y se dedica a escribir. La heredera espiritual de Eduardo Mendoza se ha estrenado con Tres maneras de inducir un coma.
Shannon Keller (Kansas City, 1971) hace arte y lo enseña. En las aulas de un colegio de La Cañada Flintridge, Los Ángeles, Estados Unidos, y en su cuenta de Instagram (@Shannon_Keller_Art). Con lápiz y papel, la kanseña se agarra a Giuseppe Arcimboldo y convierte el cuerpo humano en el nido de la naturaleza.

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