Así fueron los Goya 2017

La 31 edición de los premios del cine español volvió a ser una cita aburrida y austera que duró tres horas. ¿Lo mejor? Que Dani Rovira se calzara unos tacones para reivindicar el papel de la mujer en la sociedad y el cine. ¿Lo peor? Que seguimos sin saber hacer una gala que divierta.

GOYA ANA BELÉN

La gran fiesta del cine español, los Goya, cada vez es menos grande y menos fiesta. La edición número 31 de estos galardones comenzó con polémica a propósito de la condena del Tribunal Supremo al grupo Saphir por competencia desleal (publicaron una lista equivalencias de fragancias originales). Asunto que sirvió para que ni L’Oreal estuviese presente como patrocinador, ni Mediaset se hiciera eco de nada a lo relativo a esa noche. 

A esta polémica se le sumó otra novedad: el cambio de sede de la gala del Palacio de Congresos al Madrid Marriot Auditorium Hotel. Que viene a escenificar lo mismo de casi todos los años: dos de los grandes eventos de cultura en España (véase los Goya y la MBFWM, celebrada en IFEMA) parecen no ser del todo importantes para celebrarse en un edificio público de renombre en el centro de la ciudad.

El 'photocall', ese espectáculo de variedades

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El paseíllo de los nominados y de los invitados al photocall fue, como siempre, un espectáculo de variedades en el que se cumplió lo dicho por Natacha Fernández, jefa de vestuario de los Goya. Y es que, la mañana de los premios durante una entrevista en la SER, Fernández aseguró que los looks de las invitadas serían un adelanto de las tendencias primaverales en las que reinarían el amarillo y el rosa. 

Cumplieron a rajatabla con estas previsiones Toni Acosta (de Alicia Rueda) y Maria Botto. Se decantaron por el dorado Mar Saura (de Michael Kors) y Macarena Gómez, que esta vez abandonó a Teresa Helbig por Alberta Ferretti; firma italiana por la que también se decantó Leonor Watling. Además de Watling, el rojo triunfó en los outfits de Ingrid García-Jonsson, Paula Echevarría o Cristina Castaño

Fue una noche en la que la tendencia nupcial estuvo presente en vestidos como el de María León (de Juanjo Oliva), Michelle Jenner (de Dior), Belén Cuesta (de Pedro del Hierro), Elena Ballesteros (de Monique Lhuiller), Marta Nieto (de Antonio García) o Antonia San Juan, que con su Juanjo Oliva couture nos recordó, inevitablemente, al Tom Ford que Gwyneth Paltrow lució en los Oscars de 2012.

Por supuesto, hubo negro. Se decantaron por él Aura Garrido, Nieves Álvarez, Penélope Cruz, Paz Vega o Silvia Abascal. Apenas hubo espacio para los estampados; si para los bordados y la pedrería como demostraron Santos Costura (artífice de los looks de Natalia Sánchez o Alexandra Jiménez) o Alicia Rueda (que firmó el look, entre otras, de Leticia Dolera).

Fue reconfortante ver el Gucci de Barbara Lennie y el Del Pozo de Ana Belén, que volvía a la firma fundada por su amigo del alma, Jesús del Pozo. A la artista esa noche se le entregaba el Goya honorífico a toda su carrera. Su trayectoria, en cifras, es digna de alabar: comenzó en el cine a los 13 años, ha rodado 40 películas, actuado en 31 obras de teatro y 17 series de televisión además de haber grabado 21 discos en solitario. Mención especial a su faceta como directora con la que se estrenó en 1991 en la película Cómo ser mujer y no morir en el intento; cinta que se convirtió en la más taquillera de ese año y que le valió una nominación a Mejor Dirección Novel. 

Con los invitados masculinos, lo de siempre: smoking. Algunos como Eduardo Casanova se arriesgaron con una chaqueta en rosa palo; Paco León, lo lució en versión veraniega (por aquello de la blazer en blanco) y los Javieres (Ambrossi y Calvo) se arriesgaron con dos diseños de Avellaneda.

La gala: un pan sin sal

Este ya era el tercer año de Dani Rovira y quizá, porque ya es un maestro de ceremonias experimentado, se esperaba de él que condujera una gala en la que la creatividad y el ingenio se palparan tanto en el guión como en la realización. Por desgracia, este año tampoco fue el de la gran gala creativa, reivindicativa y artística que todos esperábamos. 

Rovira tuvo algunos golpes de humor; como cuando se llamó a sí mismo “viuda negra” por haber presentado las tres galas con tres presidentes distintos de la Academia. Pero, poco más a resaltar. Porque los chistes que espetó el actor durante toda la ceremonia tenían más cáliz de comentario de bar arreglamundo que de pullita ingeniosa y con el ímpetu de hacer justicia.

Más si cabe después de que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, declarase: "No he podido ver las películas de los Goya. Para mi desgraia no voy al cine, leo novelas". Por suerte, Daniel Arévalo se apresuró a arreglar este problema llevándo a Rajoy un pack de DVD con Tarde para la ira, Un monstruo viene a verme y El hombre de las mil caras.

También se agradeció su gesto calzarse unos zapatos de tacón rojos para reivindicar la desigualdad salarial y la diferencia de nominaciones de las mujeres con respecto a los hombres: “Ando con tacones para ponerme en vuestros zapatos. Hay que seguir reivindicando que las mujeres ocupen puestos de tomas de decisiones”. Aportó datos: en 2016 hubo 303 actores y 230 actrices trabajando en cine; 78 directores frente a 18 directoras. Siguiendo con las cifras, aquí va otra: solo uno de cada cinco premiados es mujer. 

Yvonne Blake, nueva presidenta de la Academia y toda una institución en el mundo del vestuario de cine, se estrenaba oficialmente en el cargo y durante su discurso (con un adorable acento británico) que dijo sentir “un enorme orgullo por perecer a este colectivo maravilloso que es el cine español” además de señalar el optimismo que sentía por el avance de la industria cinematográfica española. Porque sí, reconforta comprobar que cada vez hacemos mejor las películas. Ahora solo nos falta mejorar en la producción y realización de las galas.

El arte de dar las gracias

Si hubo alguien que pronunció su discurso de forma majestuosa y emocionante esa fue Silvia Pérez Cruz. La catalana, que ganó el Goya a la Mejor canción original por Ai, Ai, Ai incluída en la banda sonora de la película Cerca de tu casa prefirió cantar a hablar. Cerca de tu casa es un musical sobre desahucios en el que Cruz también ejerce su faceta de actriz y que le valió la nominación a Mejor actriz revelación.

Fue divertido escuchar a Anna Castillo, ganandora del Goya a Mejor actriz revelación por El Olivo, de Icíar Bollaín. Subió al escenario atómica y verborreica: "Me quiero matar ahora mismo por no haberme preparado esto bien". Y entrañable el discurso de Ana Belén quien demostró que su ilusión por la prfesión sigue intacta cuando pronunció frases como "nada me produce más felicidad que estar en un rodaje". A la madrileña de 65 años, que se le vio visiblemente emociona, dejó clara una cosa: a las artistas de antes que cantaban y actuaban no se les preguntaba en qué faceta se sentían más cómodas sino que se daba por hecho que era la abundancia o escasez del trabajo la que marcaba elegir u otra disciplina.

Histórico fue lo que vivimos con Emma Suárez: sus dos premios Goya a Mejor Actriz, por Julieta y mejor actriz de reparto por La próxima piel. Algo que no sucedía desde hacía 29 años cuando Verónica Forqué ganó también el Goya a mejor actriz de reparto por Moros y Cristianos y el de mejor actriz protagonista por La vida alegre.

Emocionó ver emocionarse a J.A. Bayona, director de Un monstruo viene a verme, con cada premio recibido por su equipo. De los 12 cabezones a los que estaba nominada la película se llevó nueve. Y nueve veces el realizador de RTVE decidió pinchar el rostro emocionado de Bayona para corroborar que le sigue haciendo ilusión dedicarse a lo que se dedica. 

Y alegró ver cómo Raúl Arévalo y su Tarde para la ira se convertían en la segunda favorita de la noche al alzarse con cuatro de los 11 premios a los que estaba nominada la película; entre ellos, mejor película y mejor dirección novel.

Lo que ojalá no vuelva a pasar

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Mención especial para dos momentos de los Goya 2017. El primero, fue el momento en el que se paso al bloque In memoriam después de un gag gritón y besucón, en el patio de butacas, protagonizado por Rovira, Karra Elejalde (ambos se besaron con pasión y sobre actuación) y Antonio de la Torre.

El segundo, fue el prescindible número musical protagonizado por Adrián Lastra y Manuela Vellés en el tramo final de la gala. ¿En serio era necesario hacerlo? ¿En serio? 

El tamaño del escenario fue otro de esos detalles que, ojalá, se solventen en los próximos años. Con tanta gente en escena aquello se acercaba más al camarote de los hermanos Marx que a un lugar solemne y amplio en el que gente agradecida por haber ganado un premio habla emocionada mientras sujeta una escultura de bronce con sus manos.

Y llegamos a la parte de autoridades... Ojalá, algún día, un Ministro de Cultura que no parezca que está ahí a)porque no tiene nada que hacer o b) porque le han obligado a ir (como cuando, de adolescente, tus padres te "sugerían" que les acompañases a comer a casa de esos amigos suyos en la que te aburrías soberanamente.

En fin, que fue la gala de este año volvió a poner la moral por los suelos. Porque, otro año más, no nos acercamos ni glamour, ni al savoir faire de Hollywood. Tenemos pendiente dar el estirón, ponernos creativos y hacer una gala de la que queramos presumir y no olvidarla lo antes posible.

Las anécdotas de la noche

El percance estilístico lo protagonizó Paula Echevarría cuando se le rompió la cremallera de su vestido de Jorge Vázquez y tuvo que abrochárselo con imperdibles. O el vestido de la estilista Cristina Rodríguez (de Cámbiame) que era un totum revolutum a base de asimetrías, raso, escote en uve... Y cuentan que Iñigo Errejón se paseó por todas las fiestas de la noche. 

La lista de mujeres premiadas

Beatriz Bodegas. Mejor película por Tarde para la ira.

Emma Suárez. Mejor actriz, Mejor actriz por Julieta y mejor actriz de reparto por La próxima piel.

Anna Castillo. Mejor actriz revelación por El olivo.

Silvia Pérez Cruz. Mejor canción original por Ai, ai, ai de la película Cerca de tu casa.

Sandra Hermida Muñiz. Mejor dirección de producción por Un monstruo viene a verme.

Paola Torres. Mejor diseño de vestuario por 1898. Los últimos de Filipinas. 

Marese Langan. Mejor maquillaje y peluquería por Un monstruo viene a verme.

La lista de premiados

Mejor Película: Tarde para la ira.

Mejor Dirección: Juan Antonio Bayona, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Dirección Novel: Raúl Arévalo, por Tarde para la Ira.

Mejor Guion Original: David Pulido y Raúl Arévalo, por Tarde para la ira.

Mejor Guion Adaptado: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, por El hombre de las mil caras.

Mejor Actor Protagonista: Roberto Álamo, por Que Dios nos perdone.

Mejor Actriz Protagonista: Emma Suárez, por Julieta.

Mejor Actor de Reparto: Manolo Solo, por Tarde para la ira

Mejor Actriz de Reparto: Emma Suárez, por La próxima piel.

Mejor Actor Revelación: Carlos Santos por El hombre de las mil caras

Mejor Actriz Revelación: Ánna Castillo por El olivo.

Mejor Música Original: Fernando Velázquez por Un monstruo viene a verme.

Mejor Canción Original: Ai, ai, ai de Silvia Pérez Cruz por Cerca de tu casa.

Mejor Dirección De Producción: Sandra Hermida Muñiz por Un monstruo viene a verme.

Mejor Dirección de Fotografía: Óscar Faura por Un Monstruo viene a verme.

Mejor Montaje: Bernat Vilaplana y Jaume Martí por Un monstruo viene a verme.

Mejor Dirección Artística: Eugenio Caballero, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Diseño de Vestuario: Paola Torres por 1898. Los últimos de Filipinas.

Mejor Maquillaje y Peluquería: David Martí y Marese Langan por Un monstruo viene a verme.

Mejor Sonido: Oriol Tarrago y Peter Glossop por Un monstruo viene a verme.

Mejores Efectos Especiales: Pau Costa y Félix Bergés por Un monstruo viene a verme.

Mejor Película De Animación: Psiconautas, los niños olvidados.

Mejor Película Documental: Frágil equilibrio - Guillermo García López.

Mejor Película Iberoamericana: El ciudadano ilustre - Gastón Duprat y Mariano Cohn.

Mejor Película Europea: Elle por Paul Verhoeven.

Mejor Cortometraje De Ficción Español: Timecode, de Juanjo Giménez Peña.

Mejor Cortometraje De Animación Español: Decorado, de Alberto Vázquez.

Mejor Cortometraje Documental Español: Cabezas Habladoras, de Juan Vicente Córdoba

Goya de Honor: Ana Belén.

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